Gobernar sin mayorías: el mayor desafío de De La Espriella en la Casa de Nariño

Por Redacción Acento

El panorama legislativo anticipa que la gobernabilidad será una de las principales pruebas de su administración.

Gobernar sin mayorías: el mayor desafío de De La Espriella en la Casa de Nariño

La victoria de Abelardo De La Espriella en la segunda vuelta presidencial le entrega el poder Ejecutivo, pero no el control del Congreso. El presidente electo llegará a la Casa de Nariño con un mandato popular amplio, pero con un Legislativo fragmentado, una oposición numerosa y el desafío de sacar adelante un programa de gobierno sin recurrir, al menos según lo prometido en campaña, a la distribución de cuotas burocráticas para construir mayorías.

El panorama legislativo anticipa que la gobernabilidad será una de las principales pruebas de su administración.

Aunque la derecha emerge como el bloque ideológico más fuerte del nuevo Congreso, De La Espriella no cuenta con una bancada propia robusta. La principal fuerza que respalda su proyecto, Salvación Nacional, apenas obtuvo cuatro curules en el Senado, mientras que los respaldos del Partido Conservador, sectores del Partido Liberal y del Partido de la U no implican automáticamente una coalición disciplinada.

Del otro lado está una oposición sólida. El Pacto Histórico concentrará cerca del 25% del Senado y, junto con sectores de la Alianza Verde y el partido de Juan Fernando Cristo, podría acercarse a una tercera parte de la corporación. En otras palabras, el nuevo mandatario tendrá desde el primer día un bloque capaz de dificultar la aprobación de reformas estructurales.

La situación obliga a una conclusión evidente: ni el triunfo electoral garantiza la gobernabilidad ni la afinidad ideológica asegura los votos suficientes para transformar el Estado.

El reto será aún mayor porque varias de las principales propuestas de De La Espriella requieren reformas constitucionales, como la eliminación de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), la cadena perpetua para violadores y asesinos de menores o la revisión de compromisos internacionales. Ninguna de ellas podrá salir adelante sin amplios consensos parlamentarios.

Durante la campaña, el hoy presidente insistió en que no gobernará mediante el tradicional intercambio de cargos por apoyos políticos. Su fórmula vicepresidencial, José Manuel Restrepo, aseguró que la nueva administración busca construir acuerdos alrededor de las necesidades del país y no mediante cuotas burocráticas.

“Los colombianos nos eligieron para cambiar la política para siempre”, sostuvo Restrepo al defender un modelo de concertación basado en la transparencia y la integridad.

Sin embargo, la experiencia reciente demuestra que en Colombia construir mayorías estables sin incentivos políticos resulta especialmente complejo. La fragmentación partidista ha convertido al Congreso en un escenario donde los acuerdos suelen depender tanto del contenido de los proyectos como de la capacidad del Gobierno para conformar coaliciones.

Allí aparece una de las mayores incógnitas del nuevo mandato: ¿cómo convertir el respaldo ciudadano en respaldo legislativo?

“Los colombianos nos eligieron para cambiar la política para siempre”.

José Manuel Restrepo.

Hasta ahora, De La Espriella ha dado pistas de cuál podría ser su estrategia. Durante la campaña anunció que declararía una emergencia económica y una conmoción interior apenas asumiera el cargo, además de expedir cerca de 90 decretos desde el primer día de gobierno.

Ese planteamiento sugiere una administración que buscaría avanzar por la vía del Ejecutivo cuando encuentre resistencia en el Congreso.

La Constitución permite el uso de estados de excepción bajo circunstancias específicas, y todos los presidentes recientes han recurrido a ellos en determinados momentos. Sin embargo, varios analistas advierten que convertir esas herramientas en un mecanismo permanente de gobierno podría abrir tensiones institucionales con el Congreso y con la Corte Constitucional, encargada de revisar la legalidad de esos decretos.

También existe preocupación por el estilo político que ha caracterizado a De La Espriella. Como abogado y candidato utilizó con frecuencia la confrontación pública, las denuncias y la presión política contra sus adversarios. Durante la campaña incluso acudió al Departamento de Estado de Estados Unidos para solicitar sanciones migratorias contra dirigentes del Pacto Histórico.

Ya como presidente, esa capacidad de presión sería considerablemente mayor por el acceso que tendrá al aparato estatal, los organismos de inteligencia y la relación privilegiada que podría mantener con la administración de Donald Trump.

Para Jorge Yarce Tamayo, analista político y coordinador del Observatorio de Política y Conflicto de la Universidad Central, la gobernabilidad dependerá menos de los números y más de la forma como el nuevo Gobierno construya sus relaciones políticas.

Según explica, aunque De La Espriella llega sin una mayoría consolidada, sí cuenta con un entramado de apoyos provenientes de sectores conservadores, empresariales y tradicionales que podrían facilitar la construcción de acuerdos legislativos, incluso si esos respaldos no han sido formalizados públicamente.

No obstante, advierte que la composición del gabinete será determinante. Los ministros serán quienes lideren la interlocución cotidiana con el Congreso y definan si el Gobierno privilegia la negociación política o la confrontación permanente.

En ese escenario, los partidos de centro y los sectores independientes volverán a convertirse en el fiel de la balanza. 

La elección le otorgó a Abelardo De La Espriella la legitimidad de las urnas, pero no una mayoría automática para gobernar. El verdadero examen comenzará ahora, cuando deba demostrar que es posible sacar adelante una agenda ambiciosa en un Congreso fragmentado.