Abelardo de la Espriella, el abogado que llegó a la Presidencia

Por Redacción Acento

Su discurso encontró eco entre votantes inconformes con la inseguridad, el crecimiento de las economías ilegales y el desgaste de la clase política.

Abelardo de la Espriella, el abogado que llegó a la Presidencia

Durante más de dos décadas, Abelardo de la Espriella construyó una reputación como uno de los abogados penalistas más mediáticos y mejor pagados de Colombia. Defendió a empresarios, políticos, celebridades y procesados por algunos de los escándalos más sonados del país. Ahora, sin haber ocupado antes un cargo de elección popular ni haber administrado una entidad pública, ese litigante de verbo confrontacional llegó a la Casa de Nariño con la promesa de restaurar el orden, reducir el Estado y combatir la corrupción.

A sus 47 años, De la Espriella representa una de las irrupciones más atípicas de la política reciente. Se presentó como un outsider, aunque durante buena parte de su carrera estuvo cerca de las élites políticas, empresariales y judiciales. Su movimiento, Defensores de la Patria, logró capitalizar el descontento ciudadano con los partidos tradicionales y convertir al abogado en un fenómeno electoral que mezcló nacionalismo, conservadurismo, espectáculo y una narrativa de mano dura.

A sus 47 años, De la Espriella representa una de las irrupciones más atípicas de la política reciente.

Nacido en Bogotá el 31 de julio de 1978, pero criado en Montería, heredó de su padre, el jurista Abelardo de la Espriella Juris, la cercanía con el mundo del derecho. Se formó como abogado en la Universidad Sergio Arboleda, realizó estudios de posgrado en las universidades Externado y del Rosario y posteriormente recibió un doctorado honoris causa. En 2002 fundó su propia firma, De la Espriella Lawyers Enterprise, que con los años abrió oficinas en varias ciudades de Colombia y en Miami.

Su ascenso profesional coincidió con la representación de clientes de alto perfil. Muy temprano se vinculó al proceso de Santa Fe de Ralito mediante la Fundación Iniciativas por la Paz (Fipaz), creada en 2004 para acompañar los diálogos entre el Gobierno y los grupos paramilitares. Aquella experiencia marcó el inicio de una carrera jurídica que lo llevó a defender tanto a víctimas como a personajes envueltos en graves investigaciones.

Entre sus casos más reconocidos figura la representación de Natalia Ponce de León, víctima de un ataque con ácido, cuyo proceso impulsó una reforma legal que endureció las penas para ese delito. También litigó en favor de comunidades indígenas y afrodescendientes Zenú contra Cerro Matoso y representó a familiares de las víctimas de la explosión del oleoducto de Dosquebradas.

Pero si esos procesos fortalecieron su imagen como abogado litigante, otros terminaron convirtiéndose en la principal carga política de su carrera.

Su propuesta de gobierno, bautizada ‘El Milagro de los Nunca’, gira alrededor de cinco pilares: familia, propiedad, trabajo, fe y seguridad.

Durante la época de la parapolítica defendió a excongresistas posteriormente condenados por sus vínculos con las Autodefensas Unidas de Colombia. Más adelante asumió la defensa del empresario colombo-venezolano Alex Saab, hoy procesado por lavado de activos. Aunque sostiene que rompió su relación profesional cuando conoció los nexos de Saab con el gobierno de Nicolás Maduro, investigaciones periodísticas revivieron durante la campaña cuestionamientos sobre pagos recibidos desde empresas relacionadas con el empresario venezolano. De la Espriella rechazó cualquier irregularidad y atribuyó las denuncias a una estrategia para impedir su llegada al poder.

Fuera de los tribunales construyó una imagen cuidadosamente diseñada alrededor del lujo. Empresario, cantante, escritor y aficionado a los autos deportivos, desarrolló un conglomerado de negocios que incluye licores, moda y entretenimiento. Bajo la marca Dominio De la Espriella comercializa el ron Defensor y el vino Fratellone, producido en Italia, mientras que su línea de ropa masculina y sus inversiones en Miami reforzaron una narrativa de éxito económico que él mismo convirtió en argumento político: aseguró que su fortuna le permitía gobernar sin depender de financiadores.


Sin embargo, ese entramado empresarial también despertó interrogantes. Investigaciones periodísticas encontraron sociedades compartidas con empresarios y dirigentes que han enfrentado cuestionamientos judiciales o disciplinarios. Aunque ninguno de esos vínculos ha derivado en condenas contra el hoy mandatario, sí alimentaron el debate sobre las compañías con las que construyó su patrimonio.

En campaña dejó atrás la imagen exclusiva del abogado para transformarse en "El Tigre". Sus concentraciones políticas parecían espectáculos musicales: pantallas gigantes, efectos especiales, discursos cargados de símbolos patrióticos y un lenguaje que mezclaba religión, militarismo y confrontación. "Firme por la patria" se convirtió en uno de sus lemas más repetidos, mientras un atril blindado y un fuerte esquema de seguridad reforzaban la imagen de un candidato que aseguraba estar amenazado.

Su discurso encontró eco entre votantes inconformes con la inseguridad, el crecimiento de las economías ilegales y el desgaste de la clase política. Aunque insistió en presentarse como independiente, recibió el respaldo de sectores conservadores, cristianos, dirigentes regionales y figuras de partidos tradicionales.

Su propuesta de gobierno, bautizada ‘El Milagro de los Nunca’, gira alrededor de cinco pilares: familia, propiedad, trabajo, fe y seguridad. Promete reducir el tamaño del Estado hasta en un 40%, disminuir impuestos, impulsar la inversión privada y acelerar el crecimiento económico. En materia de seguridad propone eliminar la Jurisdicción Especial para la Paz, construir megacárceles, reactivar la fumigación aérea de cultivos ilícitos, endurecer las penas para ciertos delitos y estrechar la cooperación con Estados Unidos e Israel en la lucha contra el narcotráfico.

Su llegada al poder abre una nueva etapa para Colombia. Para sus seguidores, representa la posibilidad de recuperar la autoridad y romper con la política tradicional. Para sus críticos, en cambio, despierta inquietudes el peso de sus antiguos clientes, sus alianzas empresariales, su confrontación con sectores de la prensa y un estilo político que privilegia la polarización. Con esa mezcla de éxito profesional, controversias judiciales, discurso de mano dura y una cuidada construcción mediática, Abelardo de la Espriella inicia su mayor desafío: demostrar que gobernar un país es muy distinto a ganar un juicio o conquistar una plaza pública.