¿Qué tantos votos puede sumar Iván Cepeda con el fin de la Constituyente?

Por Keila Vilchez

La Constituyente se había convertido en uno de los principales factores de preocupación para amplios sectores del centro político y del liberalismo democrático.

¿Qué tantos votos puede sumar Iván Cepeda con el fin de la Constituyente?

La suspensión de la recolección de firmas para convocar una Asamblea Nacional Constituyente se convirtió en el primer gran viraje estratégico de la campaña de Iván Cepeda tras la derrota en primera vuelta frente a Abelardo de la Espriella. La pregunta que surge es inevitable: ¿cuántos votos puede sumar el candidato del Pacto Histórico con esta decisión?


21 de junio es la fecha de la segunda vuelta de las elecciones.

La respuesta parece estar menos en la cantidad de nuevos electores que podría conquistar y más en el número de resistencias que busca desmontar.

La Constituyente se había convertido en uno de los principales factores de preocupación para amplios sectores del centro político y del liberalismo democrático. Aunque Cepeda nunca asumió plenamente la iniciativa como propia, tampoco tomó distancia de ella. El mecanismo aparecía en su plan de gobierno y, en distintos escenarios públicos, había reivindicado la idea del ‘poder constituyente’ como instrumento de transformación política.

Sin embargo, el panorama cambió abruptamente tras la primera vuelta. Los más de 670.000 votos de ventaja obtenidos por De la Espriella obligaron al petrismo a revisar su estrategia. En ese diagnóstico interno, la Constituyente pasó de ser una bandera política a convertirse en un obstáculo electoral.

El anuncio de suspender la iniciativa fue presentado oficialmente por el Comité Promotor de la Asamblea Nacional Constituyente, encabezado por Armando Wouriyú. Posteriormente, Cepeda agradeció la decisión y la calificó como un “acto de grandeza política”, insistiendo en la necesidad de avanzar hacia un ‘Gran Acuerdo Nacional’.

El mensaje parecía dirigido directamente a los votantes de centro, cuyos apoyos serán decisivos en la segunda vuelta.

No obstante, el alcance de esa jugada está siendo objeto de fuertes cuestionamientos.

Uno de los críticos más severos ha sido el abogado constitucionalista Mauricio Gaona, quien considera que el cambio de discurso carece de credibilidad. Para el jurista, no existe una renuncia real a la Constituyente, sino una pausa táctica motivada por razones estrictamente electorales.

Gaona ha definido esta estrategia como una especie de “dislexia constitucional”, en la que se reemplaza el lenguaje confrontacional por uno más conciliador sin alterar el objetivo de fondo.

“Retirar la propuesta de constituyente dos semanas (una semana) antes de las elecciones es un movimiento táctico, no una concesión jurídica”, afirmó Gaona. “El récord público de sus actuaciones, sus discursos, las miles de firmas recolectadas y la defensa a ultranza de un proyecto que siempre fue indefendible son su mayor delator. No están cambiando de rumbo, están cambiando de disfraz”.

La tesis del constitucionalista apunta a que el llamado ‘Gran Acuerdo Nacional’ sería, en realidad, una estrategia para disminuir la preocupación de sectores moderados mientras pasa la coyuntura electoral.

Desde esta perspectiva, el retiro de la propuesta podría no ser suficiente para convencer a quienes consideran que una eventual Constituyente representa un riesgo para el equilibrio institucional.

Y es precisamente ahí donde radica el principal desafío para Cepeda.

Si el objetivo era enviar una señal de tranquilidad, el mensaje quedó incompleto. Ni el candidato ni el presidente Gustavo Petro han anunciado una renuncia expresa y definitiva a la posibilidad de impulsar ese mecanismo en el futuro. Lo que existe, hasta ahora, es la suspensión de una recolección de firmas promovida por un comité ciudadano.

En política, las formas importan tanto como el fondo.

Para algunos electores de centro, el gesto podría interpretarse como una muestra de pragmatismo y apertura al consenso. Para otros, especialmente aquellos más preocupados por la estabilidad institucional, persistirá la duda sobre si se trata simplemente de una estrategia temporal.

Paradójicamente, el movimiento también implica riesgos hacia adentro del petrismo. Algunos sectores más radicales podrían percibir el repliegue como una renuncia a una de las promesas de transformación más profundas del proyecto político que respaldan.

En consecuencia, el beneficio electoral podría ser limitado. La decisión probablemente no generará una avalancha de nuevos apoyos, pero sí podría ayudar a disminuir temores entre votantes indecisos y facilitar adhesiones de dirigentes que habían condicionado su respaldo al abandono de la Constituyente.

La gran incógnita es si ese giro llegó a tiempo.

En una elección tan polarizada, donde la confianza se ha convertido en un activo escaso, el electorado no solo evaluará las decisiones adoptadas en las últimas semanas, sino también la coherencia entre los discursos del pasado y las promesas del presente.

“No están cambiando de rumbo, están cambiando de disfraz”.

Mauricio Gaona, abogado constitucionalista.

Y allí es donde la advertencia de Mauricio Gaona cobra relevancia: para una parte importante del país, la discusión ya no es si se suspendieron unas firmas, sino si realmente cambió el rumbo del proyecto político que aspira a continuar en el poder.