El crimen de Cristian Herrera revive las alarmas por la seguridad de los periodistas

Por Keila Vilchez

Este asesinato recuerda que la libertad de prensa no depende de condenar a los sicarios, sino de garantizar que ningún periodista sea asesinado por cumplir con

El crimen de Cristian Herrera revive las alarmas por la seguridad de los periodistas

La decisión de un juez de control de garantías de enviar a prisión a tres de los presuntos responsables del asesinato del periodista Cristian Hernando Herrera Nariño representa uno de los avances más importantes en la investigación del crimen que conmocionó a Norte de Santander. Sin embargo, el caso también deja al descubierto una realidad más profunda: las persistentes amenazas contra quienes ejercen el periodismo en una de las regiones más complejas del país.

El despacho judicial ordenó medida de aseguramiento en centro carcelario contra John Sebastián Duque Andrade, señalado de ser el autor material del homicidio, así como contra Angélica Vesga Arenas y Wilmer Portillo González, quienes habrían participado en las labores de seguimiento y vigilancia previas al ataque.

De acuerdo con la Fiscalía, el crimen fue producto de una acción coordinada. Las evidencias presentadas incluyen fotografías, videos y registros que muestran cómo, desde horas antes del asesinato, los hoy procesados habrían monitoreado los movimientos del comunicador.

La reconstrucción de los hechos revela un plan ejecutado con precisión. Sobre las 11:01 de la mañana del 6 de junio, Portillo González llegó en un taxi a las inmediaciones de la residencia de Herrera, en el barrio El Rincón de los Prados, en Cúcuta. Minutos después apareció Vesga Arenas, quien posteriormente habría seguido al periodista cuando salió del conjunto residencial en el vehículo asignado por la Unidad Nacional de Protección (UNP).

El seguimiento terminó en el Condominio Brisas del Este. Allí, según la hipótesis de la Fiscalía, Duque Andrade, conocido con el alias Demonio, esperaba el momento oportuno para actuar. Sin descender de la motocicleta en la que se movilizaba, le disparó al periodista frente a su familia. Aunque Herrera fue trasladado de urgencia a un centro asistencial, murió durante el trayecto.

Los tres procesados fueron imputados por los delitos de homicidio agravado y fabricación, tráfico, porte o tenencia de armas de fuego agravado. Ninguno aceptó los cargos.

Pero el alcance del caso podría ir más allá de los autores materiales. Las autoridades sostienen que el homicidio habría sido ejecutado por integrantes de la estructura delincuencial conocida como La Familia P, organización vinculada al microtráfico, extorsiones y asesinatos selectivos en Cúcuta.

Desde 2022, nueve periodistas han sido asesinados en Colombia.

Las investigaciones apuntan a que Duque Andrade tendría relación con otros homicidios ocurridos en la ciudad y que la organización seguiría operando bajo las órdenes de Evert Carreño, alias Porras, quien permanece privado de la libertad desde 2016. En abril pasado, Carreño fue imputado por presuntamente dirigir una red a la que las autoridades atribuyen 178 homicidios cometidos entre 2024 y 2025 en la capital nortesantandereana.

Sin embargo, el asesinato de Cristian Herrera trasciende el ámbito judicial y se convierte en una alerta sobre las condiciones en las que se ejerce el periodismo en la región.

Herrera, de 50 años, dirigía los medios digitales ‘Cúcuta Real’ yCúcuta Rojo Vivo’, y trabajó durante más de dos décadas en el Diario La Opinión. Durante años denunció el accionar de grupos armados ilegales, hechos de corrupción y estructuras criminales que operan en Norte de Santander. Debido a las amenazas recibidas, contaba con medidas de protección del Estado desde 2014. Aun así, fue asesinado.

El hecho reabre interrogantes sobre la efectividad de los esquemas de seguridad cuando las amenazas provienen de organizaciones criminales con capacidad de seguimiento, inteligencia y planificación.

Las cifras reflejan un panorama preocupante. Desde 2022, nueve periodistas han sido asesinados en Colombia. Solo durante 2025, la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip) registró 469 agresiones contra trabajadores de medios de comunicación.

En Norte de Santander, la situación es especialmente delicada. La propia Flip había advertido que Cúcuta se había convertido en la ciudad más peligrosa del país para ejercer el periodismo. Entre 2024 y junio de 2026, la organización documentó 154 agresiones contra periodistas en la ciudad, incluidas 72 amenazas.

En ese mismo periodo también fueron asesinados los comunicadores Jaime Vásquez, en Cúcuta, y Jorge Méndez, en Tibú.

Paradójicamente, una de las voces que más insistió en denunciar ese escenario fue la del propio Cristian Herrera. En repetidas ocasiones alertó sobre la censura impuesta por el miedo y la presencia de actores criminales que buscan silenciar a quienes informan.

La captura de los presuntos responsables constituye un avance significativo y envía un mensaje sobre la capacidad investigativa de las autoridades. No obstante, la verdadera dimensión del caso se medirá por la posibilidad de establecer quiénes ordenaron el crimen y cuáles fueron sus motivaciones.