Con 9.688.361 votos (40,90%) en la primera vuelta presidencial, Iván Cepeda se convirtió en el principal representante de la izquierda colombiana y en el rival
Su propuesta de gobierno apuesta a profundizar el modelo impulsado por el actual presidente, Gustavo Petro.
Con 9.688.361 votos (40,90%) en la primera vuelta presidencial, Iván Cepeda se convirtió en el principal representante de la izquierda colombiana y en el rival de Abelardo de la Espriella en la disputa por la Casa de Nariño. Su trayectoria política, marcada por la defensa de los derechos humanos, la búsqueda de acuerdos de paz y la memoria de las víctimas, contrasta con una propuesta económica que genera respaldo entre sectores progresistas, pero también preocupación entre empresarios y analistas.
La historia de Cepeda está atravesada por la violencia política. Hijo del senador de la Unión Patriótica Manuel Cepeda Vargas, asesinado en 1994, y de la dirigente comunista Yira Castro, conoció el exilio desde la infancia y más tarde volvió a vivirlo entre 1998 y 2004 debido a amenazas contra su vida. Esa experiencia personal moldeó buena parte de su carrera pública.
Tras estudiar filosofía en Bulgaria y regresar al país, se convirtió en una de las voces más visibles en la defensa de las víctimas del conflicto armado. Desde la Fundación Manuel Cepeda Vargas y posteriormente como vocero del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), construyó una reputación ligada a la denuncia de violaciones de derechos humanos y a la búsqueda de verdad y reparación.
Su llegada al Congreso en 2010 consolidó ese perfil. Desde la Cámara y luego el Senado impulsó iniciativas relacionadas con la paz, acompañó los diálogos entre el Gobierno y las extintas Farc, promovió acercamientos con el Eln y respaldó fórmulas de sometimiento para organizaciones criminales. Esa trayectoria lo convirtió en uno de los dirigentes más influyentes del sector político que hoy respalda su candidatura.
Sin embargo, su figura también está asociada a una de las disputas políticas y judiciales más intensas de las últimas décadas: el enfrentamiento con el expresidente Álvaro Uribe. El debate que promovió en 2012 sobre presuntos vínculos entre paramilitarismo y sectores políticos derivó en un proceso judicial que terminó volteándose contra el exmandatario y que aún tiene repercusiones en la vida pública nacional.

En la campaña presidencial, Cepeda ha mantenido un estilo diferente al de otros candidatos. Ha privilegiado los discursos preparados, las concentraciones públicas y una agenda controlada de apariciones mediáticas. Sus aliados sostienen que busca evitar tergiversaciones; sus críticos consideran que ha evitado escenarios de confrontación directa.
Detrás de esa estrategia hay una propuesta de gobierno que apunta a profundizar el modelo impulsado por el petrismo, aunque con un discurso que intenta mostrarse más institucional y moderado.
En materia económica, Cepeda plantea una mayor intervención estatal para reducir desigualdades, fortalecer la inversión social y acelerar la transición energética. Su programa contempla disminuir la dependencia de los combustibles fósiles y frenar la expansión petrolera como eje del desarrollo nacional, una de las propuestas que más inquietud genera en sectores empresariales por el impacto que podría tener sobre las exportaciones y las finanzas públicas.
También propone una reforma tributaria orientada a aumentar la carga sobre los grandes patrimonios y fortalecer el papel del Estado en áreas estratégicas. Sus detractores consideran que estas medidas podrían afectar la inversión privada y la competitividad del país. Sus seguidores responden que son necesarias para corregir brechas históricas de desigualdad.
En seguridad, la apuesta de Cepeda continúa ligada a la negociación y a la búsqueda de salidas políticas a los conflictos armados. Su cercanía con los procesos de paz y con la llamada “Paz Total” lo convierten en el candidato que representa la continuidad de esa visión. No obstante, el deterioro de la seguridad en varias regiones durante los últimos años ha convertido este punto en uno de sus principales desafíos electorales.
A las puertas de la segunda vuelta, Cepeda enfrenta una paradoja. Su historia personal de resistencia, exilio y defensa de las víctimas le permitió consolidarse como el heredero político de la izquierda colombiana. Pero para alcanzar la Presidencia necesitará convencer a los votantes de centro de que su proyecto representa estabilidad y no una profundización de las incertidumbres económicas y de seguridad que muchos atribuyen al actual gobierno.
La segunda vuelta definirá si ese mensaje logra ampliar su base electoral o si los 9,6 millones de votos obtenidos en la primera ronda representan el techo de su proyecto político.