La candidatura vicepresidencial de la senadora Aida Marina Quilcué Vivas representa mucho más que una apuesta electoral para la izquierda colombiana. Su llegada
Su historia política está estrechamente ligada al Consejo Regional Indígena del Cauca, una de las organizaciones sociales más influyentes del país.
La candidatura vicepresidencial de la senadora Aida Marina Quilcué Vivas representa mucho más que una apuesta electoral para la izquierda colombiana. Su llegada a la fórmula presidencial de Iván Cepeda Castro simboliza el ascenso de los movimientos indígenas a uno de los espacios de mayor poder político del país y refuerza las banderas de derechos humanos, protección ambiental y defensa de los territorios étnicos que han marcado su trayectoria durante más de tres décadas.
Nacida el 2 de febrero de 1973 en Páez, Cauca, Quilcué pertenece al pueblo nasa y creció en una de las regiones más golpeadas por el conflicto armado, la pobreza y la disputa por la tierra. A diferencia de la mayoría de dirigentes nacionales, no construyó su liderazgo desde la academia ni desde los partidos tradicionales, sino desde las organizaciones comunitarias indígenas.
Su historia política está estrechamente ligada al Consejo Regional Indígena del Cauca, una de las organizaciones sociales más influyentes del país. Allí ocupó distintos cargos hasta convertirse en la primera mujer en asumir la representación legal de esa organización, un hecho que la consolidó como una figura nacional dentro del movimiento indígena.
La dirigente ganó notoriedad nacional durante la denominada Minga Indígena de 2008, una movilización que reunió a miles de indígenas para denunciar violaciones de derechos humanos y reclamar mayor atención estatal a las comunidades étnicas. Aquella época también estuvo marcada por una tragedia personal: su esposo, Edwin Legarda, murió tras recibir disparos de militares en una carretera del Cauca, un hecho que profundizó su activismo en defensa de los derechos humanos y de las víctimas del conflicto.

Desde entonces, Quilcué se convirtió en una de las voces más visibles de las comunidades indígenas en escenarios nacionales e internacionales. Fue consejera de la Organización Nacional Indígena de Colombia, participó en espacios de las Naciones Unidas y contribuyó a la inclusión del capítulo étnico en el Acuerdo de Paz firmado con las Farc, uno de los hitos que más reivindican sus seguidores.
Su reconocimiento como defensora de derechos humanos quedó reflejado en 2021, cuando recibió el Premio Nacional de Derechos Humanos por su trayectoria en la defensa de la vida y los pueblos indígenas.
El salto a la política electoral llegó en 2022, cuando obtuvo una curul en el Senado por la circunscripción especial indígena con más de 45.000 votos. Desde allí se ha convertido en una aliada de las principales iniciativas impulsadas por los sectores progresistas y por el Gobierno de Gustavo Petro, especialmente en temas relacionados con la protección ambiental, la implementación de los acuerdos de paz y el reconocimiento de los derechos de las comunidades étnicas.
Precisamente, esa cercanía con los movimientos sociales explica su elección como fórmula vicepresidencial de Cepeda. Su presencia fortalece el vínculo del Pacto Histórico con sectores indígenas, campesinos y ambientales, además de aportar legitimidad en regiones donde las reivindicaciones territoriales y la defensa de los recursos naturales ocupan un lugar central en el debate político.
Sin embargo, su figura también genera controversias. Para sectores conservadores y empresariales, Quilcué representa posiciones que consideran demasiado cercanas a las movilizaciones sociales y a las demandas históricas de autonomía territorial impulsadas por organizaciones indígenas. Sus críticos cuestionan además el papel del CRIC en protestas y bloqueos que han afectado corredores estratégicos del suroccidente colombiano.
Sus seguidores, por el contrario, sostienen que encarna una forma distinta de hacer política, construida desde las comunidades y no desde las élites tradicionales. Destacan que su liderazgo ha sobrevivido a amenazas, atentados y episodios de violencia, incluido un secuestro ocurrido este año en el Cauca.
A las puertas de una eventual llegada a la Vicepresidencia, Quilcué simboliza una de las transformaciones más profundas de la política colombiana reciente: el paso de los movimientos indígenas de la protesta social a los espacios de decisión nacional. Su candidatura busca demostrar que las luchas por la tierra, el ambiente y los derechos colectivos ya no se libran únicamente en los territorios, sino también en el centro del poder político.