Con 10.361.499 votos, equivalentes al 43,74% de los sufragios, Abelardo de la Espriella protagonizó la mayor sorpresa de la primera vuelta presidencial. Contra
Sin experiencia en cargos públicos, el abogado De la Espriella construyó una candidatura basada en la imagen de outsider.
Con 10.361.499 votos, equivalentes al 43,74% de los sufragios, Abelardo de la Espriella protagonizó la mayor sorpresa de la primera vuelta presidencial. Contra los pronósticos de las encuestadoras y desafiando el favoritismo que rodeaba a Iván Cepeda, el abogado cordobés llegó al primer lugar y se convirtió en el principal favorito para la segunda vuelta del 21 de junio.
Su ascenso político ha sido tan vertiginoso como polémico. Sin experiencia en cargos públicos, De la Espriella construyó una candidatura basada en la imagen de outsider, aunque gran parte de su trayectoria ha transcurrido en los círculos del poder económico, jurídico y político del país.
La paradoja es uno de los elementos centrales de su campaña. Durante años fue conocido por representar a figuras controvertidas de la vida nacional, desde parapolíticos condenados hasta empresarios investigados por corrupción y personajes como Alex Saab. Hoy, sin embargo, se presenta como el dirigente dispuesto a combatir la corrupción, reducir la burocracia y romper con la clase política tradicional.
Ese discurso encontró eco en una ciudadanía marcada por el desgaste del gobierno de Gustavo Petro y por la creciente preocupación frente a temas como la seguridad, la economía y la estabilidad institucional.
Pero más allá de la figura mediática de El Tigre, como se hace llamar en campaña, el verdadero interrogante está en el modelo de país que propone.
Su programa de gobierno, bautizado ‘Patria Milagro’, combina elementos del liberalismo económico radical con una visión conservadora en temas sociales y una política de seguridad de mano dura. La fórmula tiene evidentes influencias de líderes como Javier Milei y Nayib Bukele, dos referentes que aparecen frecuentemente en el discurso de sectores de derecha en América Latina.
En materia económica, la propuesta gira alrededor de un agresivo tratamiento de choque. De la Espriella plantea reducir el tamaño del Estado hasta en un 40%, disminuir impuestos, eliminar regulaciones y promover una apertura económica más amplia. El objetivo declarado es alcanzar tasas de crecimiento cercanas al 7% anual.
La apuesta conecta con sectores empresariales y votantes que consideran que el Estado colombiano es excesivamente grande e ineficiente. Sin embargo, también genera interrogantes sobre el impacto que una reducción tan drástica podría tener sobre programas sociales, empleo público y servicios esenciales.
En seguridad, el discurso es todavía más contundente. El candidato propone eliminar la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), construir megacárceles, retomar la fumigación aérea de cultivos ilícitos, fortalecer la cooperación con Estados Unidos e Israel contra el narcotráfico y endurecer las penas para determinados delitos.
Se trata de una visión que busca capitalizar el sentimiento de frustración frente al deterioro de la seguridad en varias regiones del país y el desgaste de la política de Paz Total impulsada por el Gobierno.

No obstante, algunos analistas advierten que muchas de estas propuestas carecen de desarrollo técnico y podrían enfrentar obstáculos constitucionales, legales y presupuestales.
La otra dimensión de su candidatura es cultural e ideológica. De la Espriella ha convertido la defensa de la familia tradicional, la fe judeocristiana y la oposición al aborto en pilares de su mensaje político. Su narrativa combina patriotismo, religiosidad y orden público, una mezcla que ha logrado movilizar a sectores conservadores, iglesias cristianas y votantes desencantados con el progresismo.
Sin embargo, esa misma estrategia también genera resistencia entre sectores moderados y urbanos que observan con preocupación algunas de sus posiciones sobre derechos individuales, paz y pluralismo.
La campaña tampoco ha logrado desprenderse completamente de las controversias sobre su pasado profesional. Sus rivales continúan recordando la lista de clientes cuestionados que representó como abogado, así como las recientes revelaciones periodísticas sobre antiguos vínculos empresariales y financieros relacionados con el entorno de Alex Saab.
Hasta ahora, ninguna de esas acusaciones ha derivado en procesos judiciales en su contra, pero sí han alimentado el debate sobre la coherencia entre el discurso anticorrupción y su trayectoria profesional.
A pocos días de la segunda vuelta, De la Espriella enfrenta un desafío diferente al de la primera. Ya no se trata de crecer electoralmente, sino de convencer a los votantes de centro de que detrás de la retórica de “mano dura” existe un proyecto viable de gobierno. Su éxito dependerá de si logra transformar la figura del abogado polémico y empresario excéntrico en la de un estadista capaz de gobernar un país profundamente dividido.