Cinco meses después de Maduro: Venezuela sigue atrapada entre la crisis política y económica

Por Redacción Acento

Han pasado un poco más de cinco meses desde la salida de Nicolás Maduro del poder, Venezuela continúa lejos de la estabilidad económica y democrática que muchos

Cinco meses después de Maduro: Venezuela sigue atrapada entre la crisis política y económica

En el vecino país, persiste la incertidumbre sobre cuándo y cómo se resolverá el vacío institucional. 


Han pasado un poco más de cinco meses desde la salida de Nicolás Maduro del poder, Venezuela continúa lejos de la estabilidad económica y democrática que muchos esperaban tras la operación militar estadounidense del 3 de enero. Aunque el nuevo escenario abrió la puerta a un mayor acercamiento con Washington, al regreso a organismos financieros internacionales y a la flexibilización de sanciones, los cambios todavía no se reflejan en la vida cotidiana de la mayoría de los venezolanos.


La transición encabezada por Delcy Rodríguez enfrenta un desafío complejo: administrar una economía que sigue deteriorándose mientras intenta sostener la gobernabilidad en medio de crecientes presiones para convocar elecciones. El resultado es un país que, para muchos ciudadanos, cambió de liderazgo, pero no de problemas.


La economía es quizás el principal termómetro del descontento. La expectativa de una recuperación rápida impulsada por nuevas inversiones petroleras y mineras no se ha traducido en mejoras palpables para la población. Por el contrario, la constante devaluación del bolívar y el aumento sostenido de los precios continúan golpeando el poder adquisitivo de los hogares.


Las cifras ilustran esa realidad. En apenas cinco meses, la moneda venezolana perdió el 45% de su valor, mientras la inflación acumulada hasta abril alcanzó el 90%. Al mismo tiempo, la canasta básica alimentaria supera los 700 dólares mensuales, una suma inalcanzable para millones de familias cuyos ingresos siguen muy por debajo de ese nivel.


Los aumentos anunciados por el gobierno de transición tampoco han logrado contener el malestar. Las bonificaciones de 70 dólares para pensionados y 240 dólares para trabajadores activos son consideradas insuficientes frente al costo de vida, lo que ha provocado protestas recurrentes de jubilados y empleados públicos en distintas regiones del país.


Esta situación explica por qué muchos venezolanos cuestionan el optimismo expresado por el presidente estadounidense Donald Trump, quien aseguró que la salida de Maduro había traído “alegría” al país. En las calles de Caracas predomina una percepción diferente: la sensación de que la crisis económica sigue intacta y de que los beneficios de la apertura internacional aún no llegan al ciudadano común.


Pero la transición tampoco ha logrado despejar las dudas en el plano político.


A más de cinco meses de la ausencia de Maduro, persiste la incertidumbre sobre cuándo y cómo se resolverá el vacío institucional. La Constitución venezolana contempla límites temporales para que el vicepresidente asuma funciones en caso de ausencia del presidente. Sin embargo, esos plazos han quedado en una zona gris debido a la interpretación de las instituciones controladas por el chavismo.


El Parlamento y el Tribunal Supremo de Justicia han respaldado la continuidad de Delcy Rodríguez sin establecer un calendario electoral concreto, lo que ha alimentado las críticas de sectores opositores que consideran que la transición corre el riesgo de convertirse en una prolongación del mismo modelo político con un liderazgo diferente.


La oposición, encabezada por María Corina Machado y Edmundo González Urrutia, ha planteado una negociación con el gobierno transitorio para acordar una ruta electoral que cuente con acompañamiento internacional. Sin embargo, la falta de respuesta oficial y el recuerdo de los diálogos fallidos de años anteriores generan escepticismo entre amplios sectores de la población.


La incertidumbre política también convive con una realidad paradójica: aunque Maduro ya no está en el poder, el chavismo conserva el control de las principales instituciones del Estado. Esto limita la profundidad de los cambios y explica por qué muchos venezolanos perciben que la estructura política permanece prácticamente intacta.


Mientras tanto, la figura del exmandatario se mantiene presente entre sectores de la militancia oficialista. Aunque ha desaparecido del centro del debate público, todavía es reivindicado por simpatizantes que cuestionan su salida y desconfían de la creciente influencia estadounidense en el país.


En este contexto, la transición venezolana parece encontrarse en una etapa de estancamiento. Los avances diplomáticos y económicos anunciados por las autoridades aún no se traducen en bienestar social, mientras la discusión sobre una eventual elección presidencial permanece congelada.


Cinco meses después de la caída de Maduro, la principal conclusión es que el cambio político, por sí solo, no ha resuelto las profundas dificultades que enfrenta Venezuela. La recuperación económica sigue siendo una promesa, la democratización continúa pendiente y la población permanece a la espera de señales concretas que permitan vislumbrar un futuro más estable.