Petro no juega para Cepeda. Juega para 2030

Por Cristian Verbel

Hay una pregunta que nadie en el Pacto Histórico quiere responder en voz alta: ¿está Gustavo Petro haciendo campaña para Iván Cepeda, o está haciendo campaña pa

Petro no juega para Cepeda. Juega para 2030

Hay una pregunta que nadie en el Pacto Histórico quiere responder en voz alta: ¿está Gustavo Petro haciendo campaña para Iván Cepeda, o está haciendo campaña para Gustavo Petro?

Los hechos apuntan a lo segundo.

Cepeda tuvo que amenazar con renunciar a su candidatura si Petro decidía abandonar la Casa de Nariño para involucrarse de lleno en la contienda electoral. No es un detalle menor. Es la radiografía de una relación en la que el candidato le pide al presidente que se quede quieto. Que no ayude. Que no aparezca.

La Constituyente —la bandera más polémica del gobierno— fue retirada porque la campaña de Cepeda insistió en el alto costo político que representaba, en un momento en que necesitaba sumar apoyos de sectores moderados que habían condicionado su respaldo al respeto de la Constitución vigente. Petro la archivó. Pero nadie en Colombia creyó que era convicción. Como lo resumió un analista: no están cambiando de rumbo, están cambiando de disfraz.

Y entonces llegó Córdoba.

Con Cepeda intentando construir una coalición hacia el centro, Petro salió a llamar apátrida a De la Espriella, a retar a Trump a que lo meta preso y a exigirle al secretario de Estado Marco Rubio que se defina entre el narco y la Casa Blanca. El show fue de él. El costo electoral, de Cepeda.

Eso no es torpeza. Es cálculo.

Un Petro que gana en silencio desaparece. Un Petro que torea a Trump, que desafía la OFAC, que incendia la plaza pública, es el líder indiscutible de la izquierda colombiana durante los próximos cuatro años, así su candidato pierda el 21 de junio.

Y perder, en la lógica de Petro, no es el fin. Es el comienzo.

Si De La Espriella llega a la Casa de Nariño, Petro será el agitador más poderoso de la oposición. El custodio de la Constituyente que “suspendieron” pero nunca enterraron. Como advirtió el analista Jorge Libreros: “El 22 de junio, si no ganan, hablarán de constituyente, y si ganan también”. El organizador de la resistencia social. El candidato inevitable del 2030.

Para ese proyecto, Cepeda es útil pero prescindible. Lo que importa es que Petro siga siendo el centro de gravedad de la izquierda colombiana. Y eso se logra siendo noticia. Siendo escándalo. Siendo el hombre que le dijo a Trump en la cara que hiciera lo que quisiera.

Colombia tiene un presidente que en sus últimos días de mandato no está gestionando. Está posicionando. No está gobernando para el país que deja. Está gobernando para el país que quiere recuperar.

Ese es el verdadero proyecto político detrás de los gritos de Córdoba.

El ego no es un accidente de carácter. En política, es una estrategia. Petro sabe exactamente lo que hace cuando roba cámara, cuando confronta a Washington, cuando pone a Cepeda a pagar el precio de la Constituyente. El problema para Colombia no es que Petro sea ruidoso. El problema es que si pierde el 21 de junio, no se va. Se queda. Y los próximos cuatro años lo confirmarán.