Sergio Fajardo no se retira antes de la primera vuelta

Por Redacción Acento

Fajardo habló con Acento a 48 horas del 31 de mayo. Explicó el café con Valencia, descartó alianzas y le habló a los indecisos. Sus 700.000 votos definen

Sergio Fajardo no se retira antes de la primera vuelta

A 48 horas de la primera vuelta presidencial del 31 de mayo, Sergio Fajardo llegó a una conversación con Acento sin ajos en la boca y sin calcular cada palabra. Con 69 años recién cumplidos y la certeza de que esta es su última campaña como candidato, el exalcalde de Medellín y exgobernador de Antioquia habló con franqueza sobre los indecisos, sobre el fallido café con Paloma Valencia en el Hotel El Prado de Barranquilla, sobre Álvaro Uribe, sobre sus razones para no entrar a ninguna consulta, y sobre lo que viene para Colombia si gana cualquiera de los otros tres.

Lo que dijo importa. No solo por lo que reveló, sino porque los votos de Fajardo —entre 580.000 y 700.000 según las últimas mediciones— son, en este momento, el activo político más disputado de la recta final.

El centro que no despegó: los datos del panorama

Las encuestas de la semana previa a la primera vuelta consolidaron un escenario que se veía venir desde marzo: Iván Cepeda, del Pacto Histórico, lidera la intención de voto, pero en segunda vuelta los escenarios cambian —sería derrotado por Paloma Valencia, mientras que Abelardo de la Espriella lo empata.

La encuesta AtlasIntel de mayo ubicó a Cepeda con 37,7% y a De la Espriella con 36,3% —prácticamente empatados—, mientras Paloma Valencia marcó 13,9% y Sergio Fajardo registró 3,8%.

Según La Silla Vacía, Fajardo tocó su piso alrededor del 3% de intención de voto, porcentaje que viene cayendo desde principios de marzo cuando era el cuarto candidato con un 7%.

Son cifras que hablan de un centro que no logró consolidarse como fuerza electoral propia. Pero que en una segunda vuelta —donde la diferencia puede ser de un punto porcentual— representan exactamente la diferencia. En 2022, Petro derrotó a Rodolfo Hernández por cerca de 700.000 votos: exactamente el rango de lo que hoy miden las encuestas para el candidato de Dignidad y Compromiso.

Fajardo lo sabe. Y lo dijo sin rodeos en la conversación con Acento.


Lo que pasó en el café del Hotel El Prado

La reunión del jueves 22 de mayo entre Fajardo y Paloma Valencia en Barranquilla fue el episodio político más comentado de la semana. Fajardo fue al café. Salió sin acuerdo. Y la campaña de Valencia lo señaló como el responsable de la fragmentación del centro.

El llamado conteo transmitido no tiene fuerza vinculante. sus datos no son norma pública. Como presidente no acepto los resultados del preconteo de la firma privada de los hermanos Bautista, porque debiendo estar quietos los algoritmos del software de conteo y escrutinios, en la…

— Gustavo Petro (@petrogustavo) June 1, 2026

La versión de Fajardo fue otra.

Contó que nadie de la campaña de Valencia le avisó con anticipación. Que la llamada en altavoz desde la Plaza de la Paz —con todos los medios presentes— fue un gesto simbólico diseñado para atraer votos que iban a ser para él. Que fue él quien propuso hacer la reunión en público, no en privado. Y que cuando llegó, hizo exactamente lo que había dicho que iba a hacer: explicar por qué Colombia necesita una opción distinta a los extremos representados por Petro y por Uribe.

"Paloma no es el centro de Colombia", dijo. "Uribe es su papá y Uribe no es el centro de Colombia."

La frase no fue un imprevisto emocional. Fue la tesis.


La pregunta que Colombia se hace este fin de semana

Hay una paradoja estructural que Fajardo no resuelve, pero que tampoco elude. Lucy Díaz, editora del diario La Opinión y panelista del espacio, se la planteó directamente: si su plan de gobierno es de los más completos y concretos según analistas y expertos, ¿por qué la gente no vota por eso?

El análisis de cierre de José Penso, analista político e invitado al espacio, ofrece la lectura más fría: Fajardo tiene principios reconocidos incluso por sus adversarios, pero su negativa a tender puentes —con las consultas, con sectores de la centroderecha, con figuras como Claudia López— terminó beneficiando los extremos que dice combatir.

Fajardo lo rechazó como diagnóstico. Recordó que en 2022 estuvo en la coalición Centro Esperanza, que la ganó, y que fue "una mala construcción política". Argumentó que las consultas son instrumentos de maquinarias partidistas, no de ciudadanía. Y fue contundente: "Yo nunca he vendido mis principios y la estamos luchando hasta las 4 de la tarde del 31 de mayo."

Lo que quedó sin responder en el aire —y que Penso identificó como el análisis pendiente— es para dónde van los 700.000 votos si Fajardo no pasa. Esa es la pregunta que se resolverá en la segunda vuelta, no este domingo.


Tres propuestas para el elector indeciso

Fajardo remató la conversación con tres ejes de su programa de seguridad, que llamó Plan Guardián:

Primero: terminar el proceso de Paz Total, que describió como "un caos total" y un "daño gigantesco para Colombia".

Segundo: fortalecer la fuerza pública —inteligencia, capacidad operativa, personal— que según él se ha deteriorado durante el actual gobierno.

Tercero: un plan antiextorsión específico para Barranquilla, a la que definió como "la ciudad más extorsionada de Colombia", donde todos los comerciantes —desde el más pequeño hasta el más poderoso— operan bajo amenaza.

Las propuestas no son nuevas. Están en sergiofajardo.com desde hace meses. El problema de Fajardo nunca fue el programa.


La lectura de Acento

Lo que reveló esta conversación no fue la posición de un candidato derrotado de antemano. Fue la posición de un candidato que eligió la coherencia sobre la supervivencia electoral, y que carga con las consecuencias de esa elección.

La fragmentation del centro —Fajardo por un lado, Claudia López por otro, los votos de la Gran Consulta sin un destino claro— es la historia real de por qué esta primera vuelta llega con dos candidatos de los extremos liderando todas las encuestas.

Lo que queda por ver es si ese 20% de indecisos que mencionó la transmisión, más los votantes blandos de candidatos menores, alcanza para producir la sorpresa que Fajardo invoca con el caso de Rodolfo Hernández en 2022, o con el candidato portugués que llegó del 6% a ganar. Las urnas del 31 de mayo tienen esa respuesta.

Pero si no hay sorpresa, la pregunta que Colombia tendrá que responder en junio es más sencilla y más pesada al mismo tiempo: ¿qué hace un elector de centro cuando sus candidatos no pasan?

Fajardo no lo dijo. Eso también fue parte de la respuesta.