La candidata busca fortalecer apoyos en la Costa Caribe y ampliar su base electoral en medio de la polarización y la disputa por el voto de derecha.
La candidata presidencial del Centro Democrático, Paloma Valencia, entra en la recta final de su campaña con una estrategia enfocada en fortalecer alianzas regionales, consolidar apoyos de centro y reposicionar su discurso de autoridad, seguridad y recuperación institucional, en medio de una contienda marcada por la polarización y la disputa por el voto de derecha.
El cierre de campaña de Valencia tuvo como eje una gira nacional que comenzó en Neiva, continuó este viernes en Barranquilla, siguió el sábado en Antioquia y concluye este domingo 24 de mayo en el Movistar Arena de Bogotá. La apuesta territorial revela una combinación de cálculo electoral y simbolismo político: Caribe, Antioquia y Bogotá representan hoy tres escenarios decisivos para medir la capacidad de movilización del uribismo y de la propia candidata.
En Barranquilla, Valencia encabezó un acto en la Plaza de la Paz, una plaza estratégica en una región donde busca reducir la ventaja que, según algunas encuestas, le llevan otros candidatos como Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda. El senador Carlos Meisel convocó a las bases del partido y simpatizantes a participar del evento, que será una de las principales vitrinas políticas de la candidata en la región Caribe.

El politólogo Alejandro Blanco, de la Universidad Libre, considera que el Atlántico se convirtió en un “botín electoral” por su peso en el censo electoral. Con más de 2,1 millones de ciudadanos habilitados para votar en las pasadas legislativas, el departamento aparece como un territorio clave para cualquier aspiración presidencial. Según el académico, quien logre consolidar apoyo en Barranquilla y el Atlántico gana capacidad de expansión hacia otras regiones del país, especialmente por el poder de movilización de las estructuras políticas tradicionales.
La campaña de Valencia también ha intentado reforzar el vínculo con el expresidente Álvaro Uribe, principal figura del uribismo.
Más allá de la movilización política, Valencia ha insistido en construir un relato de gobierno centrado en la recuperación de la seguridad, la defensa del sistema de salud y la estabilidad económica. En entrevistas recientes, la candidata ha presentado su propuesta como una alternativa “de trabajo y autoridad”, en contraste con lo que considera el fracaso del gobierno del presidente Gustavo Petro.
“Pues yo creo que aquí es muy importante que tengamos claro que el presidente Petro no le gusta cumplir la ley ni la Constitución, por eso es que la quiere derogar. Y uno tiene que tener mucho cuidado en eso, porque lo que termina pasando en esos escenarios es que el país se pierde y pierde tiempo. Dígame qué problema que tiene Colombia se va a solucionar con una nueva Constitución. Ninguno. Los problemas no se solucionan escribiendo papeles, se soluciona haciendo las inversiones”, sentenció.
Uno de los ejes más reiterados de su discurso es la recuperación del sistema de salud. Valencia ha prometido acabar con las “filas de la muerte”, garantizar medicamentos a domicilio y mejorar el acceso a citas médicas. También ha defendido la necesidad de mantener relaciones comerciales con Israel y fortalecer la seguridad frente a los grupos armados ilegales.
Un cafecito con Fajardo
Este fin de semana surgió un encuentro entre Sergio Fajardo y Paloma en Barranquilla y se convirtió en uno de los hechos políticos más comentados de la recta final hacia las elecciones presidenciales. La reunión, promovida por Valencia y realizada alrededor de un café en el Hotel Prado, despertó especulaciones sobre una posible alianza entre sectores de centro y derecha. Sin embargo, Fajardo descartó cualquier acuerdo político y reiteró que mantiene firme su candidatura presidencial.
Durante la conversación, ambos candidatos intercambiaron opiniones sobre temas nacionales y la polarización política del país. Valencia insistió en la necesidad de construir puentes con sectores moderados para atraer a los votantes indecisos, mientras Fajardo defendió su independencia y aprovechó el espacio para pedir respaldo ciudadano en lo que calificó como sus “últimas elecciones”.
El encuentro ocurre en medio de una intensa disputa electoral marcada por encuestas contradictorias. La más reciente encuesta de Invamer mostró una caída de Valencia del 19,8% al 14% en intención de voto, mientras que De la Espriella creció hasta el 31,6%. La candidata, sin embargo, relativiza el impacto de los sondeos y sostiene que existen “encuestas para todos los gustos”.
En paralelo, la campaña ha denunciado un ambiente de hostilidad política. Valencia y su fórmula vicepresidencial, Juan Daniel Oviedo, calificaron como una “escalada de odio político” el ataque vandálico contra una de sus sedes en Bogotá. La candidata responsabilizó indirectamente a sectores cercanos a Cepeda de promover un ambiente de confrontación contra la oposición.
En medio de esa tensión, Valencia intenta posicionarse como una candidatura capaz de unir sectores de derecha, centro e incluso a “petristas arrepentidos”. Su apuesta final será demostrar que aún puede consolidar una mayoría competitiva de cara a la primera vuelta presidencial.