Viuda de Miguel Uribe agita la derecha y Fajardo intenta rescatar el voto

Por Redacción Acento

La adhesión a Paloma Valencia desató tensiones familiares, fracturas uribistas y nuevos llamados al voto de centro.

Viuda de Miguel Uribe agita la derecha y Fajardo intenta rescatar el voto

La adhesión a Paloma Valencia desató tensiones familiares, fracturas uribistas y nuevos llamados al voto de centro.


La campaña presidencial volvió a entrar en terreno emocional y explosivo tras el inesperado respaldo de Claudia Tarazona, viuda del senador Miguel Uribe, a la candidatura de Paloma Valencia, una decisión que terminó abriendo heridas familiares y políticas dentro de la derecha.


El anuncio de Tarazona se produjo durante una entrevista televisiva en la que aseguró que votará por Valencia el próximo 31 de mayo, argumentando que así podrá mantenerse vivo el anhelo político que defendía su esposo antes de morir.


La viuda del senador sostuvo que Colombia necesita recuperar el rumbo y salir de las manos de la izquierda, un mensaje que rápidamente fue interpretado como un espaldarazo político directo al bloque uribista y a la candidatura de Valencia.


La reacción de la aspirante presidencial fue inmediata. Valencia calificó el respaldo como “el gesto más grande y conmovedor” de toda la campaña y recordó la relación política y personal que mantuvo con Miguel Uribe antes de su fallecimiento.


La candidata también aprovechó el momento para reivindicar la figura del exsenador como símbolo de una política “con altura, firmeza y decencia”, intentando conectar emocionalmente con sectores conservadores golpeados por el impacto de su muerte.


Sin embargo, lo que parecía convertirse en un respaldo políticamente poderoso terminó detonando una nueva fractura dentro del mismo espectro político que históricamente se ha movido alrededor del uribismo y la derecha tradicional colombiana.


Abriendo heridas


El más duro en reaccionar fue Miguel Uribe, padre del exsenador y también candidato presidencial, quien acusó directamente a Paloma Valencia y al expresidente Álvaro Uribe Vélez de haber maltratado políticamente a su hijo.


Aunque reconoció que cualquier persona tiene libertad de votar por quien quiera, el dirigente aseguró que Valencia dañó públicamente la reputación de Miguel Uribe al señalar en el pasado de tener comportamientos “mafiosos”.


El candidato también acusó al expresidente Uribe de intentar perjudicarlo políticamente y afirmó que ambos terminaron “pisoteando” a la familia con el objetivo de apropiarse del legado político de su hijo fallecido.


Las declaraciones elevaron el tono de una campaña que en las últimas semanas ya venía marcada por tensiones internas dentro de la derecha, especialmente por la competencia entre Paloma Valencia y Abelardo De la Espriella.


Pero, además, dejaron algo más profundo. La dificultad del uribismo para construir una narrativa unificada incluso alrededor de figuras emocionalmente poderosas como la de Miguel Uribe, cuya memoria ahora parece disputarse políticamente.


La escena también mostró cómo el componente emocional se convirtió en un activo central dentro de la campaña presidencial. Las adhesiones ya no solo se miden por maquinaria electoral, sino por el impacto simbólico y mediático que generan.


Mientras Valencia buscaba capitalizar el respaldo de Tarazona como una señal de unidad y continuidad política, la reacción del padre del senador terminó transformando el episodio en un conflicto público de legitimidad y memoria.


El choque además golpea un punto sensible para la derecha: la fragmentación de liderazgos. En lugar de consolidar un bloque sólido contra el petrismo, las candidaturas opositoras siguen atrapadas en disputas personales, familiares e ideológicas.


Centro, alternativa moderada


En medio de ese ambiente de confrontación apareció nuevamente Sergio Fajardo intentando posicionarse como la alternativa moderada capaz de unir sectores cansados de la polarización entre petrismo y uribismo.


El candidato insistió en que su proyecto representa la única posibilidad real de construir una mayoría democrática y evitar que el país quede atrapado entre las opciones políticas más radicalizadas de ambos extremos.


Fajardo incluso lanzó advertencias directas sobre los riesgos electorales de sus principales competidores. Afirmó que una victoria de Abelardo De la Espriella “no es improbable” y lo calificó como un dirigente “peligroso” y “sin escrúpulos”.


También sostuvo que el proyecto político de Paloma Valencia no tiene capacidad suficiente para construir mayorías amplias e inclusivas, debido a su fuerte identificación con el uribismo y la derecha más tradicional.


Pero el mensaje más llamativo estuvo dirigido indirectamente al petrismo. Según Fajardo, la izquierda de Iván Cepeda tampoco tendría cómo derrotar a De la Espriella en una eventual segunda vuelta presidencial.


Con ese discurso, el exgobernador intenta instalar nuevamente la idea del “voto útil moderado”, apelando a electores de centro, independientes e incluso sectores cansados tanto del Gobierno Petro como del uribismo tradicional.


El problema para Fajardo sigue siendo el mismo de campañas anteriores: aunque suele registrar bajos niveles de rechazo, tampoco logra despertar entusiasmo suficiente para romper la lógica de polarización que domina la campaña.


Mientras la derecha se fractura alrededor de heridas personales y disputas de liderazgo, y el petrismo avanza intentando ampliar alianzas, el centro político continúa atrapado entre llamados a la moderación y dificultades para crecer electoralmente.