La fórmula importa: lo que el debate de Acento le mostró al país

Por Cristian Verbel

Mientras los aspirantes a la Presidencia se rehúsan a debatir, la arena de las fórmulas vicepresidenciales ha terminado revelando lo que las campañas no quieren

La fórmula importa: lo que el debate de Acento le mostró al país

Mientras los aspirantes a la Presidencia se rehúsan a debatir, la arena de las fórmulas vicepresidenciales ha terminado revelando lo que las campañas no quieren mostrar: el talante técnico, las capacidades gerenciales y, en no pocos casos, las debilidades de quien aspira a acompañar al próximo Jefe de Estado. Una fórmula bien escogida complementa, equilibra y protege un proyecto. Una fórmula decorativa lo expone.


Acento y Canal 1 organizaron por segunda vez en este ciclo electoral un debate presidencial desde Barranquilla. El primero fue el 13 de febrero, en el marco de las consultas. Este, transmitido en vivo por televisión nacional y redes sociales con un alcance de más de dos millones de espectadores en vivo y cerca de mil asistentes en el teatro José Consuegra Higgins de la Universidad Simón Bolívar, reunió a nueve fórmulas vicepresidenciales. La de Iván Cepeda fue invitada y no asistió. Lo que dejó la noche, más que un ganador, fue una radiografía del país que recibe quien gane el 7 de agosto.


A pocos días de la primera vuelta, los aspirantes a la Vicepresidencia hablaron de lo que tiene en vilo a Colombia: una crisis de salud sin precedentes, una seguridad que se desbordó, un sistema energético al borde del apagón, una informalidad que dejó de ser excepción. Y tuvieron que hacerlo con cifras y propuestas concretas. Esa fue la apuesta editorial.


José Manuel Restrepo, fórmula de Abelardo De La Espriella, llegó con tono de exministro de Hacienda. Diagnosticó la salud como la peor crisis humanitaria en la historia reciente del país y pidió diez billones de pesos reasignados desde la Adres y la burocracia hacia los pacientes. En seguridad, sostuvo que el almendrón del problema sigue siendo la coca: fumigación aérea, erradicación manual, extinción de dominio, extradición. 


En energía, propuso confianza en las reglas del juego, gerencia pública para los proyectos y subasta de confiabilidad abierta a distintas tecnologías, sin populismo tarifario. En ciencia y tecnología, propuso voltear el modelo: que el sector privado financie el setenta por ciento de la investigación, no el Estado. Habló como gerente. La sala entendió.


Juan Daniel Oviedo, fórmula de Paloma Valencia, jugó al detalle técnico. Prometió desatrasar diez millones de atenciones represadas en los primeros cien días y advirtió que la verdadera bomba se desactiva entre ahora y agosto, cuando la Superintendencia de Salud podría iniciar liquidaciones de EPS que arrastrarían consigo a hospitales de alta complejidad. 


En seguridad, hizo la pregunta que pocos hicieron: no el cómo, sino el para qué. En energía, fue quirúrgico: advirtió contra la estatización encubierta del sistema y planteó que recursos del Presupuesto General alimenten el fondo de solidaridad para resolver la deuda de los subsidios. Su despedida fue uno de los momentos más serios del debate: en Colombia se necesita más carácter para sumar que para dividir, y este país prefiere que al otro le vaya mal antes que admitir que no está gobernando.


Edna Bonilla, fórmula de Sergio Fajardo, defendió un Plan Guardián para recuperar control territorial y articuló cinco decisiones para una Colombia, la más educada. Luisa Villegas, fórmula de Miguel Uribe Londoño, propuso un banco de medicamentos y un programa de economía plateada. Leonardo Huerta, fórmula de Claudia López, defendió la creación de policías municipales. Pedro de la Torre, fórmula de Mauricio Lizcano, apostó por la ciencia y tecnología como motor. Nelson Alarcón, fórmula de Carlos Caicedo, insistió en pagar por estudiar.


Hubo gritos, barras, aplausos comprados. También hubo propuestas, datos y nombres. El país tomó nota. Y comprobó algo que conviene no olvidar a la hora de votar: el tarjetón se llena con dos nombres, no con uno.