Mercados castigan incertidumbre política, dudas sobre Banco de la República y temores electorales que ya golpean el comportamiento del dólar.
Mercados castigan incertidumbre política, dudas sobre Banco de la República y temores electorales que ya golpean el comportamiento del dólar.
El peso colombiano volvió a quedar en el centro de las preocupaciones de inversionistas internacionales. Esta vez no por el petróleo, ni por la Reserva Federal de Estados Unidos, sino por algo mucho más sensible: la política colombiana.
La alerta llegó desde J.P. Morgan, uno de los bancos más influyentes del mundo, que recomendó a los inversionistas tomar posiciones de venta sobre el peso colombiano ante el deterioro del clima político e institucional.
La advertencia cayó como un balde de agua fría en el mercado financiero. El mensaje del banco fue directo: la incertidumbre electoral y las dudas alrededor de la independencia del Banco de la República están comenzando a afectar seriamente la confianza sobre Colombia.
Según el informe, el peso colombiano empezó a mostrar un desempeño más débil frente a otras monedas fuertes de América Latina, como el real brasileño y el peso mexicano, dos referencias habituales para los inversionistas internacionales.
Detrás del diagnóstico aparece una frase que empezó a repetirse en corredores financieros y mesas de dinero: “politización de la política monetaria”. Para el banco estadounidense, el mercado comenzó a percibir señales de interferencia política alrededor de las decisiones del emisor colombiano.
El ruido detrás del dólar
La tensión aumentó después de la más reciente reunión del Banco de la República, donde la Junta Directiva decidió mantener las tasas de interés en 11,25%, pese a que buena parte del mercado esperaba un nuevo incremento.
La decisión sorprendió porque ocurrió en medio de fuertes tensiones entre el Gobierno y algunos sectores financieros que venían pidiendo mantener una política monetaria más estricta frente al comportamiento de la inflación y las expectativas económicas.

Para algunos analistas, la decisión buscó bajar el tono del choque entre el Ejecutivo y el banco central. Pero otros comenzaron a interpretar el movimiento como una señal de que el emisor podría estar cediendo parcialmente a presiones políticas.
Ahí fue donde J.P. Morgan elevó el tono de la advertencia. Según el informe, la pausa en tasas generó un “shock” dentro del mercado de deuda y aceleró las dudas sobre la capacidad del banco central para mantener independencia frente al ambiente político.
El impacto fue inmediato. En la primera jornada posterior a la decisión, el peso colombiano perdió cerca de 1% frente a una canasta compuesta por el real brasileño y el peso mexicano, monedas que hoy lucen más atractivas para los capitales extranjeros.
La preocupación no se limita únicamente a las tasas de interés. El banco estadounidense cree que el verdadero problema está en la mezcla entre incertidumbre electoral, ruido político y señales contradictorias sobre el manejo económico del país.
Según la entidad financiera, los inversionistas internacionales ya comenzaron a exigir retornos más altos para mantener exposición en activos colombianos, reflejando una prima adicional de riesgo político sobre el mercado local.
En otras palabras, el dólar ya no se mueve solamente por factores internacionales. Ahora también empieza a reaccionar a las peleas políticas internas, las elecciones presidenciales y la percepción sobre el rumbo económico que podría tomar Colombia.
Mercados toman distancia
La inquietud de los inversionistas crece además porque el calendario electoral apenas comienza a calentarse. Y en los mercados existe la sensación de que la polarización política seguirá aumentando durante los próximos meses.
El informe de J.P. Morgan sostiene que el mercado todavía no descuenta completamente los riesgos de gobernanza ni el impacto que podría generar el ambiente electoral sobre la estabilidad institucional y económica del país.
Mientras tanto, expertos financieros comenzaron a advertir que el peso colombiano podría entrar en una etapa de volatilidad mucho más agresiva dependiendo del comportamiento del petróleo, las tasas internacionales y la campaña presidencial colombiana.
En los mercados se manejan dos escenarios principales. Uno más optimista, asociado a una moderación del conflicto en Medio Oriente, caída de los precios internacionales del petróleo y señales de desaceleración económica en Estados Unidos, lo que aliviaría la presión sobre el dólar.
Bajo ese panorama, la moneda estadounidense podría retroceder frente al peso colombiano y acercarse nuevamente a niveles cercanos a 3.540 pesos, reduciendo parcialmente la presión cambiaria que golpea actualmente al mercado local.
Pero existe otro escenario mucho más complejo. Si el petróleo se mantiene por encima de los 100 dólares y la economía estadounidense continúa fuerte, el dólar podría fortalecerse globalmente y empujar al peso colombiano hacia niveles cercanos a 3.720 pesos.
El problema es que Colombia llega a este momento con una tensión política creciente alrededor del Banco de la República y con inversionistas mucho más sensibles frente a cualquier señal de incertidumbre institucional o fiscal.
Aunque J.P. Morgan todavía mantiene una postura de “marketweight” sobre Colombia dentro de sus índices de deuda emergente, el mensaje de fondo fue interpretado como una advertencia seria para los mercados locales.
La entidad considera que la política colombiana podría pesar más sobre la moneda que incluso factores globales tradicionales. Y esa conclusión comenzó a encender nuevas alarmas entre inversionistas, fondos internacionales y operadores cambiarios.
Por ahora, el dólar sigue reaccionando día a día a cada declaración política, decisión monetaria y encuesta electoral. Pero dentro del mercado ya empezó a instalarse una sensación incómoda: el peso colombiano entró oficialmente en temporada de turbulencia política.