Colombia entra en fase crítica para evitar apagones por El Niño

Por Redacción Acento

Embalses bajos, retrasos energéticos y un fenómeno de El Niño extremo elevan temores sobre posibles racionamientos eléctricos desde 2027.

Colombia entra en fase crítica para evitar apagones por El Niño

Embalses bajos, retrasos energéticos y un fenómeno de El Niño extremo elevan temores sobre posibles racionamientos eléctricos desde 2027.


El fantasma de un apagón volvió a colarse en las conversaciones del sector energético colombiano. Esta vez no como una advertencia lejana, sino como un riesgo que comenzó a tomar forma dentro de los informes técnicos y las reuniones del Gobierno.


La preocupación empezó a crecer luego de que un informe de XM revelara que el país debe comenzar desde ahora una carrera contrarreloj para prepararse ante un posible fenómeno de El Niño “muy fuerte” entre finales de 2026 y comienzos de 2027.


La conclusión del documento es inquietante: si Colombia no logra elevar el nivel de sus embalses por encima del 80% antes de diciembre de 2026, la atención segura de la demanda eléctrica podría quedar comprometida en plena temporada seca.


La advertencia encendió alarmas porque actualmente los embalses apenas rondan el 65 % de capacidad útil. En otras palabras, el sistema todavía está lejos del colchón hídrico que XM considera necesario para sobrevivir a una sequía extrema sin racionamientos.


Pero detrás de la preocupación existe otro problema más delicado: para llenar los embalses habrá que usar menos agua para generar energía y depender mucho más de las plantas térmicas, un movimiento que podría disparar los precios eléctricos y abrir una tormenta política.


Sin margen de maniobra


El informe de XM plantea una hoja de ruta clara. Desde agosto de 2026 el sistema eléctrico deberá comenzar a guardar agua agresivamente para llegar con reservas suficientes al inicio del verano y resistir el golpe climático de El Niño.


Eso implica que las termoeléctricas deberán operar durante más tiempo y con mayor intensidad. Actualmente aportan entre 12% y 14% de la generación nacional, pero el plan contempla que esa participación suba gradualmente hasta acercarse al 45%.


Según Alejandro Castañeda, presidente ejecutivo de Andeg, el esfuerzo exigido por XM es mucho más grande que el planteado en crisis anteriores. Hace algunos años se requerían cerca de 80 GWh térmicos; ahora el sistema necesitaría al menos 100 GWh obligatoriamente.


El problema es que esa estrategia tiene consecuencias económicas inmediatas. Para que las térmicas entren más fuerte al mercado, las hidroeléctricas deberán encarecer sus ofertas de energía y reducir generación, un movimiento que inevitablemente presionaría las tarifas eléctricas.


Expertos del sector eléctrico advierten que el precio de la energía en bolsa podría pasar de menos de 300 pesos hasta niveles cercanos a 900 pesos si el sistema entra en modo preventivo para enfrentar la sequía prevista para finales de 2026.


Ahí aparece el dilema político. Un aumento fuerte de precios podría generar reacciones de la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios, del Ministerio de Minas e incluso críticas directas desde la Casa de Nariño contra las empresas generadoras del mercado eléctrico.


Por eso algunos analistas creen que las compañías podrían resistirse a llevar los embalses hasta el 80%. Existe el temor de que las decisiones técnicas terminen convertidas en un nuevo frente político alrededor de las tarifas eléctricas y los costos del servicio.


Sin embargo, XM insiste en que no hay demasiado margen de maniobra. El documento advierte que el sistema podría entrar en niveles de operación “nunca antes vistos” si no comienza desde ahora una gestión preventiva mucho más agresiva sobre las reservas de agua.


La preocupación aumenta porque Colombia sigue dependiendo fuertemente de la hidroelectricidad. Cerca del 70% de la matriz energética nacional proviene de embalses y centrales hidráulicas, dejando al país especialmente vulnerable frente a sequías prolongadas.


La carrera contra el tiempo


Mientras el sector eléctrico empieza a encender alarmas, el Gobierno ya comenzó a mover fichas discretamente para evitar que el país vuelva a enfrentar un escenario traumático como el apagón vivido durante la década de los noventa.


El Ministerio de Minas, XM, la Superintendencia y las principales empresas generadoras comenzaron mesas técnicas para revisar el estado del Sistema Interconectado Nacional y diseñar medidas de contingencia frente al posible fenómeno climático extremo.


Una de las prioridades será acelerar proyectos de generación que siguen retrasados. Y allí aparece otro problema crítico: el rezago en nuevas plantas eléctricas ya comenzó a convertirse en un dolor de cabeza estructural para el sistema colombiano.


Las cifras muestran el tamaño del atraso. Para 2026 se esperaba la entrada de 4.475 megavatios nuevos, pero hasta abril apenas había ingresado 6,5% de esa capacidad proyectada. El rezago también golpeó fuertemente los planes energéticos de años anteriores.


En 2024 entró solamente una cuarta parte de la energía esperada y en 2025 el cumplimiento apenas superó 10%. Para expertos del sector, el país ya comenzó a pagar las consecuencias de problemas regulatorios, ambientales y operativos acumulados durante varios años.


Analistas del mercado eléctrico advierten que el riesgo de apagón aumentó porque no entró la generación suficiente para soportar eventos extremos de escasez hídrica como el fenómeno de El Niño que se proyecta para finales de 2026.


Ante ese escenario, XM recomendó una batería de medidas adicionales. Entre ellas aparecen garantizar combustibles para las térmicas, revisar inventarios estratégicos, coordinar mantenimientos eléctricos y acelerar reglas que permitan aprovechar excedentes de autogeneración energética.


También se estudian ajustes regulatorios para agilizar proyectos solares y térmicos que hoy permanecen atrapados en trámites administrativos o dificultades técnicas. El objetivo es sumar rápidamente capacidad firme antes de que el fenómeno climático golpee con fuerza.


En paralelo, la Superintendencia comenzó inspecciones sobre empresas estratégicas como EPM y el complejo Hidroituango para verificar cronogramas, expansión operativa y capacidad de respuesta ante posibles escenarios críticos.


Por ahora, el sistema todavía conserva margen para reaccionar. Pero en el sector energético ya existe una sensación compartida: los próximos meses serán decisivos y cualquier retraso adicional podría acercar nuevamente al país a la palabra que nadie quiere volver a escuchar: racionamiento.