Lo que dejó el debate: ocho fórmulas, un país sin paz total y un Caribe que exige ser tratado en serio

Por Redacción Acento

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Lo que dejó el debate: ocho fórmulas, un país sin paz total y un Caribe que exige ser tratado en serio

Elecciones 2026 · Análisis del debate

Lo que dejó el debate vicepresidencial: un país sin paz total y un Caribe que exige ser tratado en serio

El Primer Gran Debate Vicepresidencial desde las Regiones —organizado por Canal 1, Acento y El Heraldo, con apoyo de la Universidad Simón Bolívar— dejó coincidencias inéditas y diferencias reveladoras. Las fórmulas dijeron no a la paz total. La mayoría prometió bajar la tarifa de energía. Y casi todas, con la excepción de una, descartaron la Asamblea Constituyente. Esto se discutió en Barranquilla.

El debate en cifras

9 fórmulas vicepresidenciales convocadas — una se retiró antes de iniciar

6 ejes temáticos: salud, seguridad, empleo, energía, educación y corrupción

3 medios moderadores: Canal 1, El Heraldo y La Opinión

2 horas de transmisión en señal abierta nacional

El Teatro José Consuegra Higgins de la Universidad Simón Bolívar fue el escenario que cambió el ritual. Por primera vez en este ciclo electoral, las fórmulas vicepresidenciales que aspiran a la primera vuelta del 31 de mayo se sentaron a debatir fuera de Bogotá. Y lo hicieron en una región que, durante décadas, ha sido objeto de decisiones tomadas sin su voz: el Caribe colombiano.

Nueve fueron convocados. Ocho llegaron. Luz María Zapata, fórmula de Luis Gilberto Murillo, se bajó del debate horas antes, después de conocerse que el excanciller renunciará a su candidatura para sumarse a la campaña de Iván Cepeda. La silla vacía fue una primera señal: el tablero presidencial sigue moviéndose hasta el último minuto.

Quienes sí se sentaron, debatieron tres horas. Y dejaron material político suficiente para entender por dónde se moverán las campañas en las próximas tres semanas.

Salud: la urgencia se llama liquidez

El primer eje del debate dejó un consenso incómodo: el sistema de salud está en crisis y nadie está discutiendo el diagnóstico, sino la magnitud de la inyección financiera necesaria. José Manuel Restrepo, fórmula de Abelardo De La Espriella, propuso 10 billones de pesos en recursos redirigidos desde unidades de pago por capitación mal asignadas. Juan Daniel Oviedo, fórmula de Paloma Valencia, planteó tres billones para una compra masiva de medicamentos en los primeros cien días de gobierno y la meta de desatrasar diez millones de atenciones represadas.

Martha Lucía Zamora, fórmula de Roy Barreras, calificó de lamentable la situación financiera de los hospitales del Caribe y propuso un plan extraordinario de liquidez para la red hospitalaria antes del 7 de agosto, sumado a una emergencia nutricional declarada en La Guajira y el sur de Bolívar y Córdoba. Luisa Villegas, fórmula de Miguel Uribe Londoño, planteó la creación de un banco de medicamentos y la entrega de bonos para que los fármacos lleguen a las droguerías de barrio. Pedro de la Torre, fórmula de Mauricio Lizcano, propuso producir medicamentos en Colombia para reducir la dependencia importadora.

Leonardo Huerta, fórmula de Claudia López, identificó la entrega de medicamentos como la principal causa de tutelas y desprotección al derecho a la salud, y planteó un plan de choque para que las farmacias de barrio entreguen los fármacos y los pacientes no tengan que hacer largas filas. Nelson Alarcón, fórmula de Carlos Caicedo, propuso que desde el 7 de agosto todas las IPS atiendan a todos los colombianos y se inicie un plan de choque para fortalecer el sistema público y la elaboración nacional de medicamentos.

"Estamos frente al problema de crisis humanitaria más importante en la historia de Colombia."

— José Manuel Restrepo, sobre la crisis del sistema de salud

Seguridad: el quiebre con la paz total fue unánime

Si hubo un momento que marcó el debate, fue la respuesta unificada al sí o no sobre mantener la política de paz total del gobierno Petro. Las fórmulas presentes —incluyendo a Nelson Alarcón, que viene de la izquierda— respondieron con un rotundo no. Ningún matiz. Ninguna reserva. La paz total, como bandera política del actual Ejecutivo, salió del debate sin defensores.

En el desarrollo del eje, Edna Bonilla, fórmula de Sergio Fajardo, calificó la política de Petro como un caos total y propuso un Plan Guardián con foco en recuperar el control territorial y la seguridad jurídica. Mencionó componentes específicos: más policías, vigilancia comunitaria, duplicar los Gaulas, intervenir las cárceles y un Plan Guardián Metropolitano para Barranquilla, Soledad y Malambo.

José Manuel Restrepo aterrizó la discusión en el origen del problema: la producción de hoja de coca como base material de la violencia. Propuso fumigación aérea, erradicación manual, persecución a capitales narcotraficantes, extinción de dominio y extradición. Juan Daniel Oviedo, en cambio, llevó el debate hacia la inteligencia económica y financiera, planteando que el control debe ir donde está el dinero que sostiene a las redes criminales.

Nelson Alarcón propuso una ruta distinta: combatir la violencia con justicia social, presencia institucional en territorios y un programa de pago a estudiantes para arrebatarle jóvenes al microtráfico. Luisa Villegas, por su parte, enfatizó la entrega de beneficios a empresas para crear nuevos empleos como herramienta indirecta de seguridad, especialmente para jóvenes y adultos mayores hoy fuera del mercado laboral.

Empleo: el centro coincide, los matices definen

En empleo, el debate evidenció una coincidencia ideológica notable entre fórmulas que vienen de orígenes muy distintos: la mayoría coincidió en que el camino es reducir cargas tributarias y costos regulatorios para el sector productivo. Leonardo Huerta propuso reducir dos puntos del impuesto de renta a empresas si el crecimiento económico llega al 4 % y la inversión privada al 20 %.

Pedro de la Torre presentó el plan más detallado: reducción del 15 % del impuesto a las empresas, eliminación del Ministerio de la Igualdad —1,3 billones de pesos recuperados, según sus cálculos—, recorte a las OPS y venta de al menos el 30 % de activos de la SAE. La meta declarada: recaudar 33 billones de pesos para fortalecer el empleo.

Restrepo teorizó la fórmula con precisión técnica: para generar empleo formal hay que disminuir los costos de ser formal, aumentar los beneficios de ser formal y crecer. Oviedo introdujo un matiz que resonó en el público: gobernar la informalidad, conectarla con tecnología, crédito y capacitación, y enfrentar la realidad de que en el Caribe los jóvenes sueñan con ser mototaxistas. Edna Bonilla puso el foco en cerrar la brecha de los jóvenes que ni estudian ni trabajan, con educación como puerta de entrada al ingreso.

En el sí o no sobre salario mínimo diferencial por regiones, la mayoría dijo sí. Los noes vinieron de Nelson Alarcón y Luisa Villegas. Un mínimo diferencial implicaría reconocer que las economías regionales tienen estructuras de costos y productividad distintas, una conversación que durante años ha sido tabú en la política laboral colombiana.

Energía: la mayoría dijo sí a bajar tarifas

Pocos temas tienen tanto consenso en el Caribe como la insostenibilidad de las tarifas de energía. Y el debate lo confirmó: la mayoría de los aspirantes —Restrepo, Oviedo, Bonilla, Alarcón, Villegas, De la Torre y Huerta— se comprometió con bajarlas si llega al gobierno. La única que respondió no fue Martha Lucía Zamora, aunque su intervención posterior introdujo un enfoque diferencial para la Costa.

Restrepo calificó la situación como populismo tarifario del Gobierno y propuso tres acciones puntuales: sacar la opción tarifaria de la factura, asumir parte de las inversiones en redes desde el Ejecutivo y absorber temporalmente las pérdidas del sistema. Oviedo rechazó la estatización de la operación eléctrica del Caribe y planteó usar recursos del presupuesto para alimentar el fondo de solidaridad empresarial de Superservicios y resolver la deuda en pago de subsidios.

Ambos coincidieron en algo: el Caribe es una región más pobre y más caliente que el resto del país, lo que la hace más dependiente del consumo eléctrico, y eso no se ha traducido en política pública diferencial. El reconocimiento, dicho con todas las letras en una transmisión nacional, es en sí mismo una conquista narrativa para la región.

Constituyente: la mayoría dijo no, un sí solitario

En el bloque de respuestas rápidas, el moderador Alfonso Ospina —director general de producción de Canal 1— preguntó si las fórmulas le jalarían a una Asamblea Nacional Constituyente. La mayoría dijo no. El único sí fue Nelson Alarcón. Martha Lucía Zamora fue explícita: la Constitución del 91 es suficiente.

El gesto tiene peso institucional. Una de las banderas más insistentes del Ejecutivo en su tramo final ha sido la posibilidad de convocar una constituyente. Que casi todas las fórmulas aspirantes a sucederlo —incluida la de un sector cercano al gobierno— la rechacen abiertamente, y desde un escenario regional, marca un cierre de ciclo simbólico.

El consenso silencioso

Un solo no a la paz total. Una mayoría a favor de bajar las tarifas en el Caribe. Una mayoría en contra de la constituyente. Cuando el ruido se filtra, los acuerdos del país real aparecen.

Quiénes brillaron

En términos de desempeño escénico, el debate dejó actuaciones notables. Juan Daniel Oviedo mostró control técnico, datos a la mano y el dominio de un economista que ya estuvo al frente de una entidad estadística. Su capacidad para aterrizar la conversación en cifras concretas le da credibilidad en un país cansado de promesas sin financiamiento.

José Manuel Restrepo, exministro de Hacienda, jugó la carta de la experiencia institucional. Sus respuestas fueron las más estructuradas: cifras, marco normativo, secuencia operativa. Habló como quien ya conoce la silla, lo cual es a la vez su mayor activo y su límite.

Edna Bonilla se apoyó en la disciplina expositiva del fajardismo: secuencia, datos, propuesta operativa. Su Plan Guardián Metropolitano fue una de las propuestas mejor amarradas territorialmente en todo el debate. Pedro de la Torre llamó la atención por la concreción aritmética de su programa: cifras de recaudo, fuentes específicas, eliminación de partidas. Es el tipo de respuesta que conecta con audiencias técnicas y con tomadores de decisión empresariales.

Del otro lado, las intervenciones que más esfuerzo necesitarán para conectar fueron las que se quedaron en diagnóstico sin propuesta operativa. La diferencia entre quien describe un problema y quien plantea una solución medible es, hoy, lo que separa a una fórmula viable de una fórmula testimonial.

La lectura de Acento

El Primer Gran Debate Vicepresidencial desde las Regiones produjo algo que la política colombiana llevaba años sin entregar: una conversación seria, con datos, en la que casi todas las fórmulas se mostraron demócratas, respetuosas de las instituciones y con diagnósticos claros. Algunas, además, con soluciones reales y funcionales.

El otro logro, más estructural, es de geografía política: el debate sucedió en Barranquilla y se transmitió en señal abierta nacional. Las preguntas fueron formuladas desde el Caribe, sobre el Caribe, para todo el país. Eso ya no es un dato decorativo. Es una corrección histórica del centralismo informativo que durante décadas decidió, desde Bogotá, qué temas merecían entrar al debate nacional y cuáles no.

Las regiones no son periferia. Son columna vertebral. Y cuando se les trata con seriedad, devuelven seriedad. El debate del 5 de mayo es la prueba de que esa apuesta no es retórica: es ejecutable, es atractiva para las audiencias, y produce información política de mejor calidad que la que sale de los foros bogotanos. Esto, apenas, es el comienzo.

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