Analista advierte coincidencias entre Invamer, Guarumo, GAD3 y Atlas Intel, pero alerta por lectura crítica ante metodologías, tiempos y desconfianza política.
Analista advierte coincidencias entre Invamer, Guarumo, GAD3 y Atlas Intel, pero alerta por lectura crítica ante metodologías, tiempos y desconfianza política.
A menos de un mes de la primera vuelta presidencial de 2026, las encuestas de intención de voto en Colombia coinciden en una fotografía general del electorado, pero al mismo tiempo enfrentan un creciente escepticismo ciudadano.
Estudios recientes de firmas como Invamer, Guarumo, GAD3 y Atlas Intel muestran patrones similares, aunque la discusión pública se ha desplazado hacia la confianza en sus resultados.
Desde una lectura experta, la docente de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Javeriana, Patricia Muñoz Yi, afirma a Acento que la paradoja es evidente: hay consistencia en los datos, pero dudas en su interpretación.
La primera tendencia compartida es el liderazgo de Iván Cepeda en la intención de voto. “La mayoría lo ubican entre 40 y un poco más, 42, 44… la que más llega es la de 44” Incluso algunas mediciones sugieren que podría acercarse al umbral del 50% más uno”.
La politóloga explica que esta convergencia no es menor. Cuando distintas firmas, con metodologías diferentes, coinciden en ubicar a un candidato en la delantera, se refuerza la idea de que existe una tendencia estructural en el electorado.
El segundo patrón también es claro, pues Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella se disputan el segundo y tercer lugar. “Algunos ubican a De la Espriella un poco adelante, otros a Paloma, pero hay un elemento común: están ahí, segundo y tercero”, señala la experta.
Más rezagados aparecen nombres como Claudia López y Sergio Fajardo, con cifras que oscilan entre el 3% y el 5%, mientras que el resto de candidatos no supera el 1%. “Hay una tendencia compartida de muy baja intención de voto para los demás”, agrega.
Métodos bajo lupa
Pese a estas coincidencias, las críticas se concentran en las diferencias metodológicas. No todas las encuestas se levantan de la misma manera ni en los mismos tiempos, lo que introduce variaciones.
“Hay encuestas presenciales, telefónicas, digitales… y la fecha de recolección no es la misma. Algunas mediciones se realizaron antes de eventos recientes que podrían alterar el clima político, lo que limita su capacidad de capturar cambios de última hora”.
En contextos volátiles, este factor es determinante. Advierte que toda encuesta es sensible a la coyuntura. Hechos como escándalos políticos o episodios de violencia pueden incidir en la intención de voto si ocurren durante o después del trabajo de campo.
Sin embargo, Muñoz Yi rechaza que estas diferencias impliquen necesariamente errores. “El hecho de que no se dé lo que la gente esperaba no quiere decir que el instrumento esté mal hecho”, sostiene.
Desconfianza creciente
El punto más crítico no es técnico, sino político. En un ambiente marcado por la polarización, las encuestas son objeto de sospecha permanente.
“Estamos en un momento de enorme desconfianza. Todo se cuestiona: encuestas, entrevistas, declaraciones”, afirma. Este clima lleva a que los resultados sean interpretados según afinidades políticas más que bajo criterios técnicos.
En ese contexto, la reacción frente a los datos suele ser inmediata. Si una medición no refleja las expectativas de un sector, se pone en duda su validez. “Decir que una encuesta está manipulada solo porque no coincide con lo que se esperaba es una lectura equivocada”.
Segunda vuelta y claves
En los escenarios de segunda vuelta también hay patrones comunes. Cepeda tiende a imponerse frente a candidatos de centro, pero enfrenta mayores dificultades frente a Valencia. “Encontré líneas generales: Cepeda gana a Fajardo y a Claudia, pero en una o dos encuestas Paloma podría ganarle”, explica.
Este comportamiento refuerza una hipótesis central: la fragmentación de la derecha en primera vuelta y su posible unificación en segunda. “Si uno suma los votos de Paloma y De la Espriella, ya hay un 40% largo”, apunta la experta.
A esto se suma otro factor: la estabilidad del voto oficialista. “Una hipótesis es que la percepción del Gobierno no es tan negativa como algunos creen, y eso se refleja en la intención de voto”, comenta Muñoz Yi.
Pensamiento crítico
En medio de este panorama, la recomendación es clara. “Más que creer en las encuestas, hay que leerlas con pensamiento crítico”, concluye la politóloga.
Esto implica revisar fichas técnicas, comparar resultados y entender el contexto en que se producen. También supone no depender de una sola fuente. “No tenemos una encuesta, tenemos cuatro. Eso permite contrastar”, afirma.
El desafío, en todo caso, es mayor. En un entorno de desconfianza generalizada, las encuestas compiten no solo por medir la opinión pública, sino por ser creíbles.
“Hoy no se trata de creer totalmente en algo, sino de tomar un pedacito de aquí y otro de allá para formarse una opinión”, resume la experta.