Petro y Cepeda: el radicalismo como programa común

Por Cristian Verbel

El primero de mayo de 2026 dejó de ser un acto sindical para convertirse en la confesión política más explícita de la fórmula que gobierna a Colombia. Petro hab

Petro y Cepeda: el radicalismo como programa común

El primero de mayo de 2026 dejó de ser un acto sindical para convertirse en la confesión política más explícita de la fórmula que gobierna a Colombia. Petro habló desde Medellín. Cepeda, desde la Plaza de Bolívar de Bogotá. Dos plazas, una sola tesis: la transformación del país por la vía de la ruptura institucional.


Petro lo dijo sin rodeos. El próximo gobierno, si es de su orilla, tendrá la "obligación" de convocar una asamblea nacional constituyente, y él se dedicará a esa causa una vez deje el poder. 


La frase no es metáfora: es instrucción a un sucesor. Cepeda, que durante meses había administrado el tema con prudencia electoral, alineó su discurso en cuestión de horas. "Nuestra revolución pacífica nadie podrá detenerla", proclamó.


"Ya no basta solamente con protestar; ha llegado el tiempo de ser poder constituyente, que es al mismo tiempo transformador y vigilante". El candidato adoptó el verbo del presidente. Y con él, el adjetivo: revolución.


El léxico no es accesorio, es revelador. Cepeda no habló de reforma agraria sino de "revolución agraria". No habló de economía formal sino de "economía popular". Reivindicó a la llamada "primera línea" del paro de 2021 como símbolo de la lucha social. Y proyectó una victoria sin matices: "Los vamos a derrotar en primera vuelta". 


Petro, por su parte, anunció que volvería a aumentar el salario mínimo si las condiciones económicas se deterioran —una decisión por decreto, no por concertación—, ordenó al superintendente Daniel Quintero intervenir el Fomag en quince días, y reclamó que el alcalde de Medellín y el gobernador de Antioquia "obedezcan al pueblo".


Bajo el lenguaje progresista hay una arquitectura política reconocible: lucha de clases reactualizada, voluntad popular como instancia superior a las instituciones, asamblea constituyente como mecanismo para sortear al Congreso y a las cortes, intervención presidencial directa sobre entidades autónomas. 


Esa gramática tiene un nombre en la tradición política latinoamericana, y no es socialdemocracia. Es el repertorio que llevó a Venezuela, a Bolivia y a Nicaragua a redactar nuevas constituciones bajo presión presidencial y a desmontar contrapesos institucionales en nombre del pueblo.


Cepeda intentó durante meses presentarse como el moderador del Pacto Histórico. El primero de mayo cerró ese margen. Cuando un candidato adopta el verbo "revolución", reivindica la primera línea y promete poder constituyente desde una plaza pública, ya no está proponiendo, está sentenciando que Colombia irá por la ruta del comunismo.  


El elector decisor no necesita interpretar. Petro definió el programa; Cepeda lo suscribió con sus propias palabras. La pregunta del 31 de mayo no es de gestión: es de modelo de país.