Fenalcarbón advierte caída histórica en producción, mientras el mercado global se estabiliza y el carbón retoma relevancia como activo energético estratégico.
Fenalcarbón advierte caída histórica en producción, mientras el mercado global se estabiliza y el carbón retoma relevancia como activo energético estratégico.
El carbón, uno de los pilares tradicionales de la economía exportadora colombiana, atraviesa una de sus etapas más complejas en décadas, en medio de un contexto global que vuelve a otorgarle protagonismo.
La aparente contradicción entre un mercado internacional que mantiene su demanda y un país que pierde capacidad productiva abre interrogantes sobre el rumbo de la política energética y minera.
Así lo plantea el más reciente informe Infocarbones 2026 de la Federación Colombiana de Carbón (Fenalcarbón), que evidencia una caída histórica en la producción nacional y advierte sobre un deterioro sostenido en la competitividad del sector.
En 2025, Colombia produjo 53,9 millones de toneladas de carbón, el nivel más bajo en más de 20 años. La cifra representa una reducción de nueve millones de toneladas frente a 2024, reflejando un retroceso significativo.
Presión interna y pérdida de competitividad
El informe atribuye esta contracción a una combinación de factores, aunque subraya que las condiciones internas han sido determinantes en la pérdida de terreno frente a otros países productores.
Uno de los ejes críticos es la carga fiscal. La no deducibilidad de las regalías en el impuesto de renta, sumada a sobretasas, impuesto al carbono y nuevos gravámenes, ha elevado de manera significativa los costos del sector.
A ello se suma un impuesto del 1% sobre cada venta de carbón, así como el incremento en las autorretenciones, lo que ha afectado el flujo de caja de las empresas y limitado su capacidad de inversión.
El entorno regulatorio también genera incertidumbre. Señales institucionales que desincentivan la actividad extractiva han frenado proyectos y decisiones estratégicas, en un momento en que la competencia internacional se intensifica.
El frente logístico agrava el panorama. El aumento de los costos de transporte terrestre, las interrupciones en la red férrea y restricciones portuarias han encarecido la operación y reducido los márgenes de exportación.
Al mismo tiempo, la demanda interna ha sido baja. Los altos niveles de los embalses permitieron que la generación hidroeléctrica cubriera más del 90 % de la demanda, disminuyendo el uso de carbón térmico en el país.

Un mercado global que no se detiene
Mientras Colombia enfrenta este escenario, el contexto internacional muestra una dinámica distinta. El carbón mantiene cerca del 28% de la generación eléctrica mundial, con una demanda estable cercana a las 9.000 millones de toneladas.
Economías como China, India y Estados Unidos continúan utilizándolo como respaldo energético, especialmente ante la volatilidad en los mercados de gas y petróleo y las tensiones geopolíticas.
“El carbón volvió al tablero principal. Hoy es el respaldo más confiable frente a un sistema energético global bajo presión. La transición energética no está reemplazando al carbón, está conviviendo con él. Y en momentos de crisis, su rol se vuelve aún más crítico, al ser el seguro energético que está manteniendo encendidas las economías”, afirmó Carlos Cante, presidente de Fanalcarbón.

Para 2026, el panorama es de estabilización en el consumo global, pero de alta incertidumbre para Colombia, donde el año es descrito por el gremio como un periodo de “supervivencia”.
A pesar de ello, el informe identifica oportunidades. El crecimiento de la demanda eléctrica impulsada por la digitalización y la inteligencia artificial, así como la expansión energética de India, abren nuevos espacios de mercado.
También se destacan nichos en Asia y Europa, especialmente para carbones de mayor calidad y coque de alta resistencia, donde Colombia podría competir si logra recuperar condiciones internas favorables.
En este contexto, Fenalcarbón plantea la necesidad de una revisión estructural del marco fiscal y regulatorio, con medidas orientadas a aliviar la carga tributaria y generar estabilidad jurídica.
“El carbón es fundamental para Colombia. No solo sostiene economías locales, genera empleo y aporta de manera significativa a las exportaciones del país, sino que también es clave para garantizar la seguridad energética nacional. Desconocer su papel es poner en riesgo la estabilidad económica y energética”, expresó Cante.
El gremio insiste en que la competitividad del sector dependerá más de ajustes internos que de la evolución de la demanda global, que se prevé estable en el mediano plazo.
El debate, en última instancia, refleja una tensión más amplia entre la transición energética y la seguridad de suministro, en la que el carbón sigue desempeñando un papel relevante.
Colombia, en ese escenario, enfrenta el reto de definir si puede sostener su participación en el mercado internacional o si continuará cediendo espacio en un sector que, pese a los cambios, aún conserva peso estratégico.