La decisión da un poco de tranquilidad, pero deja al descubierto fallas estructurales en el sistema de salud del país.
La decisión da un poco de tranquilidad, pero deja al descubierto fallas estructurales en el sistema de salud del país.
Un acuerdo de última hora entre el Instituto Nacional de Cancerología y la Nueva EPS evitó que cerca de nueve mil pacientes con cáncer quedaran sin acceso a nuevos servicios especializados. Sin embargo, más allá del alivio inmediato, el episodio vuelve a poner sobre la mesa las tensiones financieras y operativas que atraviesan el sistema de salud colombiano.
La decisión de suspender la admisión de nuevos pacientes, prevista inicialmente para el 1 de mayo, encendió las alarmas en el sector. El Instituto, uno de los principales centros de atención oncológica del país, había advertido que no podía seguir operando sin un contrato vigente ni garantías de pago por los servicios prestados. La deuda acumulada superaba los 146.000 millones de pesos, reflejando un deterioro sostenido en la relación financiera entre ambas entidades.
El acuerdo anunciado este jueves, tras una reunión entre la directora del Instituto, Carolina Wiesner, y el agente interventor de la EPS, Jorge Iván Ospina, contempla un plan de pagos por 52.000 millones de pesos entre mayo y julio, así como la firma de un nuevo contrato el próximo 15 de mayo. Con ello, se garantiza la continuidad de los servicios y la admisión de nuevos pacientes.
No obstante, el trasfondo del problema va más allá de este compromiso puntual. Las cifras evidencian un crecimiento acelerado de la cartera: de 36.295 millones de pesos en 2024 a más de 136.424 millones a comienzos de 2026, un aumento cercano al 276%. Esta tendencia no solo refleja dificultades de liquidez, sino también debilidades en los mecanismos de contratación, seguimiento y pago dentro del sistema.
El caso ilustra una dinámica recurrente en el sector salud: instituciones prestadoras que continúan atendiendo, incluso en condiciones financieras adversas, para evitar la interrupción de tratamientos, mientras las aseguradoras acumulan obligaciones que tardan meses o años en saldarse. En este contexto, la sostenibilidad de servicios de alta complejidad, como los oncológicos, queda en permanente riesgo.
Aunque el Instituto dejó claro que nunca suspendió la atención a pacientes en tratamiento activo —incluyendo urgencias y casos pediátricos—, la posibilidad de no recibir nuevos usuarios evidenció el punto límite al que había llegado la situación. La medida, según la entidad, fue postergada “tanto como fue posible”, precisamente por su impacto humano.

Desde la perspectiva institucional, el acuerdo representa un avance en la normalización del flujo de recursos, uno de los principales retos que enfrenta la intervención de Nueva EPS. La gestión de Ospina ha priorizado restablecer la confianza con los prestadores, en un escenario donde la estabilidad financiera es clave para garantizar la continuidad del servicio.
Sin embargo, el episodio también deja interrogantes sobre la efectividad de las intervenciones y los controles existentes. A pesar de que la deuda era conocida por distintas instancias de supervisión, su crecimiento no fue contenido a tiempo. Esto sugiere fallas en la capacidad de respuesta del sistema frente a señales de riesgo financiero.
Otro elemento crítico es el impacto en los usuarios. Aunque el acuerdo evita una interrupción inmediata, la incertidumbre generada durante los últimos días pone de relieve la vulnerabilidad de los pacientes frente a disputas administrativas y financieras entre instituciones. En el caso del cáncer, donde la continuidad del tratamiento es determinante, cualquier riesgo de interrupción tiene implicaciones profundas.
El reto ahora será cumplir con el cronograma de pagos y evitar que la deuda vuelva a escalar. También será clave que el nuevo contrato incluya mecanismos más estrictos de seguimiento y garantía de recursos, que permitan prevenir crisis similares en el futuro.
En suma, el acuerdo entre Cancerología y Nueva EPS desactiva una emergencia inminente, pero no resuelve las causas estructurales que la originaron. Más que un punto final, representa un respiro en medio de un sistema que sigue mostrando signos de fragilidad.