¿En qué momento llegó el país a esta locura?: Daniel Samper Ospina

Por Cristian Verbel

El humorista describe el ambiente nacional como una especie de “circo permanente”, donde la política transita entre lo alarmante y lo absurdo.

¿En qué momento llegó el país a esta locura?: Daniel Samper Ospina

El humorista describe el ambiente nacional como una especie de “circo permanente”, donde la política transita entre lo alarmante y lo absurdo.


Daniel Samper Ospina confiesa que no puede dormir. Lo dijo esta semana en Acento — Conversaciones de Valor, en Canal 1, sin dramatismo y casi con resignación: "Todas las noticias me parecen muy preocupantes en términos generales y, como siempre sucede en este país, tan preocupantes como cómicas." Lleva meses con el insomnio encima, no por enfermedad ni por angustia existencial, sino porque cada mañana amanece con una nueva entrega del mismo guion y no encuentra el momento en que Colombia le permita descansar del material.

Samper es el creador del NotiDani, columnista de Los Danieles en la revista Cambio, y el hombre que convirtió el desastre político colombiano en cuarenta funciones agotadas de Circombia en Elecciones, una obra que sale de gira nacional este mes. Pero más allá del teatro y del humor, lo que dijo en esta conversación merece leerse despacio, porque debajo de cada chiste hay un diagnóstico que los analistas serios no siempre se atreven a formular con tanta claridad.

Llevamos casi cuatro años en lo que él bautizó el "Petroverso." Cuando le pregunté si ya tocamos fondo, respondió sin vacilar: "Yo creo que todavía falta. Esto nunca va a parar. Y Petro, además, como expresidente, también creo que va a dar muchísimo material. Lástima del país y para beneficio de nosotros, los humoristas, porque creo que en eso sí hay que ser agradecidos con Petro: ha sido muy generoso como fuente de inspiración para la sátira." Y añadió algo que dice mucho sobre cómo funciona la economía del humor político en Colombia: "Cuando el presidente Iván Duque estaba, me sentía muy a gusto. Alcancé a pagar la ortodoncia de mis hijas gracias al gobierno de Duque. Ahora estoy pagando la universidad de mis hijas con el de Petro."

El Petroverso tiene sus hitos documentados. El presidente que prometió en la ONU "expandir el virus de la vida por las estrellas del universo." El que nos reveló que somos "etnia cósmica." El que anunció un tren elevado de Buenaventura a Barranquilla —el canal de Panamá colombiano, lo llamó— que su propio ministro de Transporte declaró inviable antes de que alguien pudiera comprarse el tiquete. El que se fue a Manta, Ecuador, en mayo de 2025, supuestamente a escribir un libro, en una casa que terminó vinculada a estructuras narco, mientras el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, le decía esta semana a la revista Semana que Petro "está que baila merengue con la mafia." Y el que viajó a Barcelona, a una cumbre llamada Reunión en Defensa de la Democracia, para decirle al diario El País de España que en Colombia siempre ha habido fraude electoral, que reconocerá los resultados del 31 de mayo "pero no el fraude", y que si su candidato pierde sería una pérdida enorme para él. Ocho días antes, un tribunal colombiano le había ordenado rectificar esas afirmaciones por falta de pruebas.

Samper lo describió con una fórmula que debería quedarse en la memoria: "Es la doctrina Berto: solo vale la democracia cuando me da el triunfo a mí. Si no, es fraude." Y luego agregó un dato que vuelve la escena todavía más irónica: "En marzo, el 9 de marzo, la fuerza política que más votos sacó fue el Pacto Histórico. O sea, él está cantando fraude sobre su propia victoria, ante el miedo de poder perder las elecciones."

Lo que más incomoda de este episodio no es la contradicción —Petro elegido por voto popular en concejo, congreso, alcaldía y presidencia, cuestionando el voto popular— sino la impunidad con que ocurre. "Él rompió varias fronteras que mal que bien todavía en el mundo institucional existían", dijo Samper. "Los expresidentes que hemos tenido no es que hayan sido propiamente unos angelitos. Todos se han valido del poder para dejar sucesor. Eso no se lo inventó Petro. Pero la forma en que él ha derribado niveles, ha desbloqueado niveles de descaro, nunca lo había visto yo. Es decir, yo por lo menos había visto que anteriormente disimulaban."

Colombia llega a 41 días del 31 de mayo con un mapa económico que nadie en la campaña está debatiendo con seriedad. El FMI proyecta un crecimiento de 2,3% para 2026, el más bajo de la región, por debajo de Argentina, Chile, Perú y Ecuador. La inflación apunta a cerrar el año por encima del 6%. La tasa de referencia quedó en 11,25% desde el 31 de marzo, cuando el ministro de Hacienda abandonó la junta del Banco de la República, lo llamó "irresponsable" y anunció que no volvería. La encuesta AtlasIntel para Semana, del 6 al 9 de abril, dibuja el tarjetón: Iván Cepeda con 38,7%, Abelardo de la Espriella con 27,8%, Paloma Valencia con 23,4%. En segunda vuelta, Valencia le gana a Cepeda 47,1% a 39,6%. Son 14 candidatos. Y 20,9 millones de colombianos que fueron a votar en las legislativas, el mayor nivel de participación en décadas.

En ese contexto, le pregunté a Samper qué es lo más delirante que está viendo en la campaña. "Han pasado muchas cosas muy graciosas", respondió. Y luego construyó el inventario con la precisión del que ha estudiado el fenómeno de cerca: Vicky Dávila ordeñando una vaca mientras dice "gracias por esta lechita", encerrada en un ascensor con la totalidad de sus votantes, disfrazada de wayuu. Abelardo de la Espriella llorando en Buga "como no lloraba Jacinta cuando se le apareció la Virgen de Fátima", el mismo que alguna vez se declaró ateo ante las cámaras. Paloma Valencia "gritando como una verdadera poseída que Uribe es su papá." Sergio Fajardo pedaleando en una bicicleta estática frente a una pantalla, reinventando la escoba como símbolo de campaña. Claudia López y sus ejercicios de natación en el río Orinoco. Y la imagen que quizás resume mejor el absurdo de este ciclo político: "Ninguna ha quemado tanto como la huella que le dejó a Enrique Peñalosa tomarse una selfie con una persona a través de un cable de alta tensión."

Sobre Iván Cepeda, quien lidera las encuestas, fue medido pero preciso: "Es un candidato tan recto como se ve cuando está leyendo los discursos, pegado a su papelito. Puede ser un lindo viaje el de Iván Cepeda, pero un viaje al pasado, sin duda alguna. Vamos a amanecer como en los años 60 en la cortina de hierro." Y sobre el conjunto del panorama, dijo algo que los tomadores de decisión deberían anotar: "¿En qué momento llegó el país a esta locura en que Paloma Valencia parece la candidata más moderada? Eso muestra lo extremista que está este país y lo delirantemente peligroso que se volvió todo."

Pero la reflexión más densa de la conversación no fue sobre ningún candidato. Fue sobre el fanatismo como enfermedad política. "Yo creo que la gran lección que me deja este gobierno es que uno no debe defender políticos, sino causas. Los que lograron atravesar el gobierno fueron los que fueron consistentes en la defensa de unas causas." Y luego señaló lo que nadie en los círculos petristas quiere escuchar: "Las masacres antes dolían y ya no suscitan el más mínimo comentario. El asesinato de líderes sociales no ha bajado. Los escándalos de corrupción. Uno trabaja lo que hay que trabajar en este país para ganarse un peso cuando uno es legal, paga sus impuestos, todo para que esa plata con esfuerzo que uno le manda al gobierno se gaste en rumbas de Petro, se gaste en que Petro quiere salir en una película. Son motivos de indignación que de la nada desaparecieron."

La película no es un detalle menor. Ocho mil millones de pesos del presupuesto público. Una producción sobre el almirante Padilla con el actor de Hollywood Cuba Gooding Jr. Y un cameo presidencial. "Iván Duque se gasta ocho mil millones de pesos en una película en la que él mismo aparece para hacer un cameo. Imagínate el nivel de indignación y de furia", dijo Samper. "Bueno, pues esta vez fue el presidente Petro. Desde Rodrigo de Triana no se veía un casting como el que pudimos ver."

Al final de la conversación, cuando le pregunté por su columna "Mi temor en estas elecciones", donde describió las dos pesadillas —Cepeda de verde oliva sacando las firmas de la constituyente el 8 de agosto, o la derecha de regreso sin haber aprendido nada— respondió con una honestidad que pocas veces se escucha en el debate público: "Lo único que yo puedo sacar bueno de esto es que eso va a permitir que yo afiance mi independencia. No importa ya quién gane, porque voy a tener en todo caso la mira apuntando al mismo lado: tratar de burlarme de los excesos del poder, más allá de quién lo protagonice."

La lectura de Acento es esta: Colombia tiene 41 días para elegir un presidente que gobernará en el entorno económico más exigente de las últimas tres décadas, con el banco central en disputa, la inflación desbordada, el crecimiento anémico y un mundo en guerra que mueve los precios de lo que exportamos. En ese contexto, que sea un comediante el que formula el diagnóstico más lúcido de la situación no es un halago para el comediante. Es una advertencia para todos los demás.