Encuesta del DANE redefine el país. Hogares unipersonales, arriendo y jefas solas exigen políticas y mercados ajustados o quedarán rezagados.
Encuesta del DANE redefine el país. Hogares unipersonales, arriendo y jefas solas exigen políticas y mercados ajustados o quedarán rezagados.
La Encuesta Nacional de Calidad de Vida (ECV) 2025 del DANE retrata una transformación silenciosa, pero estructural en la sociedad colombiana. Los datos obligan a replantear políticas de vivienda, mercado inmobiliario y protección social.
Colombia cerró el 2025 con 53,3 millones de personas distribuidas en 18,9 millones de hogares. El número parece robusto, pero detrás de esa cifra hay una señal que los tomadores de decisión no deberían ignorar.
El promedio de personas por hogar cayó a 2,82, la cifra más baja registrada en el país, en una disminución sostenida frente a 2019, cuando el indicador era de 3,10 personas por vivienda.
El dato no es un accidente estadístico. La directora del DANE, Piedad Urdinola, explicó durante la presentación de resultados que la caída es estadísticamente significativa y está impulsada por cambios en la población urbana.
En las ciudades, el tamaño promedio llegó a 2,77 personas por vivienda, mientras que en centros poblados y áreas rurales dispersas se mantiene en 2,96.  La compresión del hogar es, ante todo, un fenómeno urbano.
El hogar que se deshace y el que se reconfigura
La ENCV 2025 documenta una recomposición de fondo en los tipos de hogar. Los hogares biparentales —con padre y madre— siguen siendo mayoría, pero su participación pasó de 51,6% en 2024 a 51,3% en 2025. Los monoparentales se mantuvieron estables en 24,3%.
El dato más revelador es el de los unipersonales: pasaron del 19,8% al 20,2% en un año, consolidando una tendencia que en 2019 partía del 17%. Uno de cada cinco hogares colombianos es hoy una persona sola. Hace apenas seis años, era uno de cada seis.
Esta transformación tiene implicaciones directas para sectores como la construcción, el retail y los servicios financieros. Menos integrantes por vivienda significa menor demanda por metros cuadrados, pero mayor número de unidades.
El mercado inmobiliario tiene frente a sí una paradoja: más hogares comprando o arrendando propiedades más pequeñas.
La jefatura femenina se consolida, pero sin pareja
El 46,4% de los hogares colombianos tiene como jefa a una mujer, representando 8,8 millones de unidades. El indicador es estadísticamente igual al de 2024, lo que marca un freno a la tendencia creciente de años anteriores.
En las cabeceras municipales esa proporción sube al 48,7%, mientras que en centros poblados y áreas rurales dispersas se ubica en 38,4%. Departamentos como La Guajira, Chocó, Valle del Cauca y Antioquia superan el umbral del 50%.
El detalle que más debería llamar la atención: en el 69% de los hogares con jefatura femenina, la cabeza de hogar no tiene pareja o cónyuge.
En contraste, en los hogares con jefatura masculina, menos de la tercera parte —el 31,7%— vive sin pareja. La mujer colombiana que lidera su hogar lo hace, en la mayoría de los casos, en solitario.
El arriendo ya no es una etapa: es el destino
El 40,8% de los hogares del país habitaba en una vivienda arrendada o subarrendada en 2025, consolidando esa categoría como la predominante por cuarto año consecutivo. En 2019 ese porcentaje era de 35,7%.
El salto de cinco puntos en seis años no es una fluctuación cíclica: es el reflejo de una brecha creciente entre ingresos y precio de la vivienda propia, agravada por el costo del crédito hipotecario y la contracción del sector constructor.
El déficit que cede, pero no desaparece
El déficit habitacional pasó de 26,8% en 2024 a 25,6% en 2025. Tanto el déficit cuantitativo como el cualitativo registraron caídas. La mejora en materiales de paredes explica la reducción en el primero; la disminución del hacinamiento mitigable, en el segundo.
La tendencia es positiva, pero a ese ritmo, más de uno de cada cuatro hogares colombianos seguirá viviendo en condiciones inadecuadas por años.
La lectura de Acento
La ECV 2025 del DANE no es un diagnóstico social: es una hoja de ruta económica. Un país donde uno de cada cinco hogares es unipersonal, donde casi la mitad de las familias vive en arriendo y donde la jefa de hogar enfrenta sola la carga doméstica y financiera requiere políticas de vivienda, crédito y protección social calibradas para esa realidad, no para la familia numeraria que existía hace dos décadas. El mercado que no lea estos datos con la misma atención que lee las tasas de interés, perderá el tren.