Nequi: crecer sin perder velocidad, el reto de la banca digital

Por Cristian Verbel

Andrés Vásquez Echeverri habló sobre el proceso de la separación formal de Bancolombia y su consolidación como entidad independiente.

Nequi: crecer sin perder velocidad, el reto de la banca digital

Andrés Vásquez Echeverri habló sobre el proceso de la separación formal de Bancolombia y su consolidación como entidad independiente.

Hablar de Nequi ya no es hablar de una “app financiera”, sino de una infraestructura cotidiana en Colombia. Con más de 27 millones de usuarios —cerca del 70% de la población adulta—, la plataforma dejó de ser una apuesta de innovación para convertirse en un actor central del sistema financiero. Pero ese crecimiento, que durante años fue su mayor fortaleza, hoy plantea su mayor desafío: cómo mantener la agilidad de una startup con las responsabilidades de un banco masivo.

La metáfora que usa su presidente, Andrés Vásquez Echeverri, no es casual: “cambiar cuatro motores de un avión mientras se vuela”. Nequi nació como un experimento dentro de Bancolombia para responder a las fricciones de la banca tradicional, especialmente entre los jóvenes. Sin embargo, la velocidad con la que escaló obligó a reescribir sus propias reglas en pleno vuelo. Lo que empezó como un modelo flexible, casi en “beta permanente”, hoy debe operar bajo estándares de riesgo, cumplimiento y gobernanza propios de una entidad que maneja millones de transacciones diarias.

Ese tránsito marca el corazón del momento actual de la compañía: la separación formal de Bancolombia y su consolidación como entidad independiente dentro del Grupo Cibest. Más que un cambio jurídico, se trata de un punto de inflexión estratégico. Nequi deja de ser una unidad innovadora protegida por la estructura de un banco para asumir plenamente su autonomía, sin perder el respaldo del grupo. El reto es evidente: construir reglas propias sin caer en la rigidez que históricamente ha frenado a la banca.

En esa tensión entre control y velocidad se juega buena parte de su futuro. Vásquez reconoce que el crecimiento obligó a fortalecer áreas como riesgos, auditoría y cumplimiento, que en los primeros años eran marginales. Hoy son indispensables, pero deben operar bajo una lógica distinta. “Hacerlo en modo Nequi” implica adaptar la regulación a la experiencia digital, sin sacrificar la seguridad ni la innovación. No es un equilibrio fácil: a mayor escala, menor margen para el error.


El frente tecnológico refleja esa misma tensión. Nequi fue construida desde cero, con arquitectura independiente del banco, lo que le permitió moverse rápido. Pero esa misma decisión implicó que muchas soluciones no estaban diseñadas para operar a la escala actual. La migración completa a la nube, finalizada recientemente, es parte de ese proceso de maduración: una apuesta por garantizar capacidad, elasticidad y resiliencia en un sistema donde una caída no es solo un fallo técnico, sino un evento que afecta la vida diaria de millones de personas.


Porque ese es otro de los cambios estructurales: Nequi dejó de ser una opción para convertirse en una necesidad. Cuando la plataforma falla, no se detiene una aplicación, se interrumpe el flujo económico cotidiano. Pagos, transporte, comercio informal, remesas: todo pasa por allí. Esa centralidad explica por qué los errores tecnológicos son hoy más visibles y críticos que nunca.


Sin embargo, el verdadero diferencial de Nequi no está solo en la tecnología, sino en el modelo de negocio que ha construido alrededor de la inclusión financiera. A diferencia de la banca tradicional, su “corazón” —la cuenta digital— es gratuito. La rentabilidad se genera a partir de eficiencias operativas, comisiones de aliados y, cada vez más, del crédito.

Este último punto es clave. Nequi está apostando por un segmento históricamente excluido del sistema financiero: personas sin historial crediticio. A través del análisis de datos transaccionales y modelos de inteligencia artificial, la plataforma logra evaluar riesgos donde antes no había información. El resultado es que más de un tercio de sus créditos se otorgan a usuarios sin experiencia previa en el sistema. En un país marcado por el “gota a gota”, esto no es menor: implica disputar un mercado informal que ha crecido precisamente por la ausencia de alternativas formales.


Pero ese modelo también tiene límites. El crecimiento del crédito dependerá de la capacidad de sostener bajos niveles de morosidad en una base de usuarios vulnerable. Aquí, la analítica y el conocimiento del cliente —uno de los activos más poderosos de la plataforma— serán determinantes.

De cara al futuro, la visión de Nequi apunta a una transformación aún más profunda: una banca “invisible”, integrada a la vida diaria y mediada por inteligencia artificial. Más conversacional, más predictiva, menos transaccional. Un sistema que no solo responde a las necesidades financieras, sino que se anticipa a ellas.


El desafío, sin embargo, no es tecnológico sino estructural. Nequi ya demostró que puede crecer rápido. Ahora debe demostrar que puede sostener ese crecimiento sin perder su esencia: simplificar la relación de las personas con el dinero. En otras palabras, pasar de ser una innovación exitosa a convertirse en una institución confiable a largo plazo.

Porque en esa transición —de experimento a sistema— no solo se juega el futuro de la plataforma, sino una parte importante de la inclusión financiera en Colombia.