ProAntioquia: el oficio de hacer que las cosas pasen

Por Cristian Verbel

Juliana Velásquez, presidenta ejecutiva de ProAntioquia, conversó con Acento sobre los 50 años de la institución al servicio del desarrollo de las regiones y de

ProAntioquia: el oficio de hacer que las cosas pasen

Juliana Velásquez, presidenta ejecutiva de ProAntioquia, conversó con Acento sobre los 50 años de la institución al servicio del desarrollo de las regiones y de Colombia.

Medellín no se impone. Se organiza. Y en esa organización hay lugares donde se entiende por qué Antioquia lleva décadas produciendo resultados mientras otras regiones siguen discutiendo diagnósticos.

Subí hasta las oficinas de ProAntioquia pocos días después de su asamblea anual. La primera liderada por Juliana Velásquez. Nueve meses en el cargo. Tiempo suficiente para intervenir una institución que cumple 50 años conectando actores que, en la mayoría del país, operan por separado.

La asamblea no fue en Medellín. Fue en Urabá.

Antes de entrar en materia, le pregunté por estos meses.

—“Como si fueran años… hemos hecho de todo. Estoy dichosa”.

La frase condensa una gestión acelerada. Pero lo relevante no es la velocidad, es la dirección.

ProAntioquia agrupa hoy cerca de 70 empresas afiliadas, sin recibir recursos públicos. Su campo de acción es amplio: educación, infraestructura, desarrollo productivo, institucionalidad. Pero su valor no está en la agenda, sino en la capacidad de ejecución.

—“ProAntioquia es una institución hermosa que lleva 50 años trabajando por el desarrollo de Antioquia y de Colombia desde las regiones”.

El historial respalda esa afirmación. De ahí han surgido proyectos que hoy definen a Antioquia: el Metro de Medellín, Ruta N, el aeropuerto José María Córdova, las concesiones 4G, Buen Comienzo, Colfuturo. Iniciativas que no dependen de un gobierno y que han logrado sostenerse en el tiempo.

—“A mí me gusta describir a ProAntioquia como la gran plataforma de confianza del territorio, la arquitecta del largo plazo”.

La conversación se ordena alrededor de tres apuestas estratégicas.

La primera es Urabá como hub logístico, industrial y agroindustrial del país. Una región con 11 municipios que empieza a consolidarse como plataforma interoceánica. Solo Puerto Antioquia generará 7.500 empleos, con un 75% de mano de obra local.

—“La mayoría mujeres que en su vida habían manejado un carro están manejando mulas por toda la plataforma”.

A esto se suman otros tres proyectos portuarios en desarrollo: Progreso, Piscis y Cirilo.

La segunda es la región aeroportuaria. El aeropuerto José María Córdova, diseñado para 11 millones de pasajeros, ya moviliza 14.5 millones al año.


—“No pasa solo por la construcción de la segunda pista… sino crear una gran región aeroportuaria con infraestructura conectante”.

La tercera es el turismo. La meta es concreta: que Antioquia sea líder en turismo sostenible en 2035, con mayor permanencia y gasto por visitante, y con flujo hacia las subregiones.

Son tres apuestas conectadas por una misma lógica: descentralizar el desarrollo.

Pero hay otra conversación que atraviesa todo.

La transformación productiva.

—“Tenemos dos posibilidades de crecimiento: potenciar la industria tradicional… y la Antioquia ambidiestra, basada en conocimiento, tecnología y servicios”.

El dato es contundente: la exportación de servicios creció un 23% por encima de las tradicionales. Medellín empieza a consolidarse como un nodo tecnológico en software, inteligencia artificial y economías creativas.

Ese tránsito exige talento.

En 2025, el sector privado invirtió $400.000 millones en educación en Antioquia. Aun así, el sistema enfrenta dos desafíos: una caída de 153.000 estudiantes en matrícula y la desconexión entre educación media y formación técnica o superior.

—“Los skills del futuro son inteligencia artificial, bilingüismo y lograr que el talento se quede en la ruralidad”.

El desarrollo, aquí, no se mide solo en infraestructura. También en capacidades.

La conversación inevitablemente entra en terreno incómodo. No se puede entender a ProAntioquia sin entender también sus momentos de tensión.

La organización nace hace 50 años como respuesta a una necesidad concreta: coordinar lo que el Estado no lograba alinear y lo que la academia no podía ejecutar sola.

Desde entonces, su lógica ha sido la misma: sentar en la misma mesa a quienes normalmente operan en paralelo y empujar decisiones que trascienden gobiernos. 

Así se construyó el metro de Medellín en medio de los años más violentos de la ciudad.

Ese ha sido el patrón. Pero no siempre ha sido lineal.

El momento más álgido reciente llegó durante la alcaldía de Daniel Quintero. La relación entre el sector público y el sector privado se fracturó de manera abierta. Hubo confrontación, desconfianza y una ruptura en los canales de trabajo conjunto que durante décadas habían sido la base del modelo antioqueño.

Juliana lo plantea sin rodeos:

—“La alcaldía de Daniel Quintero representó una dificultad institucional por ese quiebre entre el trabajo público-privado, por los ataques al sector empresarial”.

No fue solo una diferencia política.

Fue una ruptura del método. Porque ProAntioquia opera sobre una premisa sencilla: la confianza. Y cuando esa confianza se rompe, todo el sistema se tensiona. Sin embargo, hay algo que se mantiene.

—“Nosotros no nos dejamos arrebatar el futuro de nadie”.

Incluso en medio de la fractura, los proyectos siguieron avanzando. La institucionalidad, aunque presionada, no se detuvo. La capacidad de ejecución encontró la forma de sostenerse.

Ese es el rasgo más distintivo del modelo.

No depende de la armonía.

Depende de la persistencia.

La conversación regresa al presente.

A los instrumentos que sí están funcionando.

Uno de ellos es obras por impuestos. A nivel nacional, el cupo histórico ha sido de $4 billones, de los cuales $1.2 billones se han ejecutado en Antioquia, con un 98% canalizado a través de ProAntioquia.

Un mecanismo que conecta inversión privada con desarrollo territorial sin intermediaciones innecesarias. 

Antes de cerrar, Juliana deja planteado lo que viene:

—“Tenemos lista la Red Pro con 40 proyectos estratégicos, 11 priorizados, listos para ejecutarse en los primeros 100 días”.

Planeación lista para implementación.

Salí con una conclusión clara.

En Colombia hay instituciones que opinan sobre el desarrollo.

Y hay otras que lo diseñan, lo financian y lo ejecutan.

ProAntioquia pertenece a las segundas.