Le llegó la hora al sector privado

Por Cristian Verbel

Durante décadas, el sector privado colombiano aprendió a sobrevivir en silencio. A pagar impuestos sin pedir explicaciones, a negociar permisos que no deberían

Le llegó la hora al sector privado

Durante décadas, el sector privado colombiano aprendió a sobrevivir en silencio. A pagar impuestos sin pedir explicaciones, a negociar permisos que no deberían requerir negociación, a construir en medio de la tormenta política mientras miraba para otro lado. Era una forma de supervivencia. También era una abdicación.  


Hoy ese modelo ya no funciona. No porque el empresario haya cambiado de opinión sobre la política, sino porque la política decidió meterse en los negocios, en los medios, en la educación y en la vida privada de las personas. Ya no hay dónde esconderse.


Quienes creemos que el empleo lo crea la empresa, no el Estado, y que la mejor política social es una economía que funciona, tenemos que salir del silencio cómodo. No para hacer política. Sino precisamente para que la política deje de hacer lo que no le corresponde.


Hay una generación de empresarios, emprendedores y constructores de ecosistemas que repele la rosca, que no quiere cuotas ni contratos cruzados, que simplemente quiere reglas claras y cancha libre para crear. 


Esa generación no ha tenido voz proporcional a su peso real en la sociedad.


Es una paradoja: los que más empleo generan, los que más arriesgan, los que más pagan, son los que menos hablan. Y los que menos construyen son los que más gritan.


No se trata de izquierda ni derecha. 


Se trata de una convicción elemental: la libertad de crear es la base de todo lo demás. Sin empresa no hay salario, sin salario no hay familia estable, sin familia no hay sociedad que aguante.


El sector privado no necesita al Estado como socio. Necesita que el Estado cumpla su rol. Nada más. Nada menos.


Le llegó la hora de hablar. Con claridad, sin aspavientos y sin pedir permiso.