S&P degrada la deuda soberana y el diagnóstico que nadie quiso oír llega con la cuenta de cobro.
La rebaja de S&P Global no es una sorpresa para quienes siguen las finanzas del país con rigor. Es la confirmación de un deterioro que Acento documentó y que voces como la de Juan Carlos Echeverry llevan años advirtiendo sin que nadie en el Gobierno tome nota.
Esta es la primera vez que Colombia cae en esta nota. Desde 1993 no se registraba un recorte como este: de BB a BB-, con perspectiva estable por desequilibrios fiscales. Treinta y tres años de historia crediticia borrados en un párrafo. No por una crisis externa sino por decisiones propias.
La calificadora también advirtió que podría rebajar las calificaciones en los próximos seis a 18 meses si déficits fiscales más altos de lo previsto generan salidas externas persistentemente elevadas y un mayor endeudamiento externo. El margen de error ya no existe.
Lo que S&P acaba de poner en papel, Juan Carlos Echeverry lo explicó en Acento hace tres semanas, recién aterrizado de Nueva York donde había expuesto exactamente estos números ante los fondos de inversión de HSBC y BBVA —los mismos que le compran los bonos al Estado colombiano—.
Su diagnóstico fue sin anestesia: el Gobierno proyecta bajar el déficit de 6,2% a 5,2% recortando el gasto en un punto del PIB, pero al mismo tiempo no hace más que aumentarlo. “Eso no se puede hacer así. Es cínico. Es irresponsable”, dijo.
S&P explicó que “la política fiscal se ha vuelto menos predecible, lo que se evidencia en la decisión del Gobierno de suspender la regla fiscal el año pasado”.
Echeverry lo anticipó en términos más directos: cuando un gobierno activa la cláusula de escape de la regla fiscal sin plan de retorno, lo que le está diciendo al mercado es que las reglas solo aplican cuando son convenientes.
La referencia histórica que usó en esa conversación con Acento no fue casual. El gobierno de Samper entregó un déficit del 7,7% del PIB. Pastrana lo recibió.
Echeverry estuvo en el equipo que tuvo que ordenar la casa en medio de la peor crisis económica del siglo XX colombiano.
“Hoy veo patrones similares”, dijo. S&P proyecta un aumento de la deuda como porcentaje del PIB en los próximos años. La historia no se repite, pero sí rima.
El grupo en el que ahora estamos
José Ignacio López, presidente de Anif, afirmó que con la calificación de BB- de S&P Global Ratings, Colombia está ahora en un grupo con países como Turquía, Honduras y Mongolia. No es un dato menor. Es un espejo. Un país que aspiró durante años al grado de inversión ahora comparte escalafón con economías de perfil radicalmente distinto.
Esto deja a Colombia a una sola rebaja de caer en la categoría de país “altamente especulativo”, y se suma a la decisión de Fitch Ratings en diciembre, cuando bajó la nota del país de BB+ a BB con perspectiva estable, también por “elevados y persistentes déficits fiscales”. Dos calificadoras. Mismo diagnóstico. Mismo gobierno.
Felipe Campos, de Alianza Valores, explicó que la rebaja no es una sorpresa: las tasas que Colombia ha estado pagando durante más de dos años corresponden ya a las de un país BB-, por encima de las de Brasil. El mercado lo sabía antes que S&P. El gobierno también lo sabía. La diferencia es lo que cada uno hizo con esa información.
Lo que Acento anticipó
El semanario digital de Acento publicó en su edición del 22 de marzo los números del Plan Financiero 2026, que el Ministerio de Hacienda había divulgado silenciosamente —sin rueda de prensa, con más de treinta días de retraso— once días antes: inflación de al menos 5,8% cuando habían prometido 3,2%, déficit del 5,1% del PIB y deuda bruta rozando el 65%, el segundo registro más alto en la historia reciente. Colombia paga esa deuda a tasas cercanas al 13%.
S&P también señaló que el entorno político no ha sido favorable para reformas tributarias significativas, y que hay un mayor gasto primario del Gobierno, altas tasas de interés y recaudos inferiores a los esperados desde 2024.
Echeverry lo resumió en una frase que merece repetirse: “La razón por la que la economía ‘va bien’ a pesar del mal manejo fiscal es que tenemos una bonanza externa extraordinaria —remesas por encima de 13.000 millones de dólares, turismo, exportaciones no tradicionales—. Eso nos tiene anestesiados. Levanta todos los barcos. Pero no resuelve el problema fiscal que viene.”
La bonanza, en efecto, sigue cubriendo los errores. Pero las calificadoras no miran el presente, miran la trayectoria. Y la trayectoria de Colombia es una línea que baja.
El precio político del desorden fiscal
En el contexto electoral que se avecina —primera vuelta el 31 de mayo— la rebaja de S&P no es solo un dato técnico. Es munición y es urgente. La candidatura de Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo ha construido parte de su narrativa precisamente sobre el argumento del desorden fiscal del gobierno Petro. La de Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo también. En ese debate, los números de S&P no son opinión: son evidencia.
Echeverry, que ahora es presidente del Banco de Bogotá, fue preciso cuando habló con Acento sobre el escenario fiscal que heredará quien gane en agosto: “El próximo gobierno tendrá que recortar un punto del PIB —unos 22 billones de pesos— en los primeros meses. Eso no se puede hacer de un tirón.”
S&P señaló que un entorno de políticas más predecible, que ayude a reanclar las expectativas de inflación y a reducir las tasas de interés de corto y largo plazo, favorecería el impulso de la inversión.Traducido al lenguaje electoral: el próximo gobierno no arranca con hoja en blanco. Arranca con una deuda de credibilidad que tardará años en reconstruirse.
La rebaja de S&P a BB- no es el problema. Es el síntoma visible de un problema más profundo: un gobierno que tomó decisiones fiscales insostenibles, suspendió la regla que debía contenerlo y dejó la cuenta para quien venga. Colombia no necesita más diagnósticos —los tiene todos, y Acento los ha publicado—. Necesita un gobierno que entienda que la estabilidad fiscal no es una restricción ideológica. Es la condición mínima para que cualquier promesa social pueda cumplirse.