‘Escuelas de drones’, la nueva frontera tecnológica del conflicto armado en Colombia

Por Redacción Acento

El centro de adiestramiento estaría en Filo Gringo, un corregimiento rural del municipio de El Tarra, en Norte de Santander.

‘Escuelas de drones’, la nueva frontera tecnológica del conflicto armado en Colombia

El conflicto armado colombiano está entrando en una nueva fase marcada por la incorporación acelerada de tecnologías que antes parecían exclusivas de guerras convencionales. Entre ellas, el uso de drones con fines ofensivos se ha convertido en una de las mayores preocupaciones para las autoridades. La reciente detección de una escuela clandestina para entrenar pilotos de drones en la región del Catatumbo evidencia cómo los grupos armados ilegales están adaptando sus estrategias y elevando la capacidad destructiva de sus ataques.

Según fuentes militares, el centro de adiestramiento estaría ubicado en Filo Gringo, un corregimiento rural del municipio de El Tarra, en Norte de Santander. Allí se estarían formando combatientes en el manejo de aeronaves no tripuladas capaces de lanzar explosivos desde el aire, incluso en operaciones coordinadas conocidas como “enjambres de drones”, en las que varios aparatos actúan simultáneamente sobre un objetivo.

Aunque las autoridades aún no han confirmado ataques con este tipo de despliegue masivo, los investigadores consideran que el entrenamiento habría comenzado en 2025 y que los cursos ya se encuentran en una fase avanzada. 

 

Uno de los episodios más trágicos ocurrió el 16 de mayo de 2025 en el municipio de Tibú. Desde un dron fue lanzada una granada de mortero que cayó sobre una vivienda en la vereda Veinte de Julio. El artefacto atravesó el techo de zinc y explotó en la habitación donde dormían una mujer y su hijo de 12 años, quien murió en el lugar. El ataque dejó además una docena de personas heridas.

 

Hechos similares se registraron días después en la misma zona y, más recientemente, en marzo de 2026, cuando drones equipados con megáfonos sobrevolaron caseríos del corregimiento de Filo Gringo emitiendo mensajes intimidatorios que provocaron el desplazamiento forzado.

 

Las investigaciones apuntan a que detrás de esta escuela clandestina estaría el Ejército de Liberación Nacional (Eln), particularmente su Frente de Guerra Nororiental. Sin embargo, la figura clave en la formación de los pilotos sería Emilse Oviedo Sierra, alias la Abuela o Marta, una experimentada comandante guerrillera que actualmente operaría desde territorio venezolano.

 

De acuerdo con fuentes de inteligencia, la Abuela coordina campamentos de entrenamiento en zonas fronterizas donde reclutas colombianos y venezolanos reciben instrucción en tácticas de combate, manejo de explosivos y operación de drones. Tras completar su entrenamiento, los combatientes regresarían a Colombia para replicar el conocimiento en otros frentes guerrilleros.

 

 

El Eln no sería el único actor en esta carrera tecnológica. Las disidencias de las Farc agrupadas en el Estado Mayor Central (EMC), lideradas por alias Iván Mordisco, fueron pioneras en adaptar drones para ataques con explosivos en el país. El desarrollo de estas tácticas se atribuye principalmente al bloque Occidental Jacobo Arenas y a uno de sus comandantes, alias “Marlon Vásquez”.

 

Desde 2023, en regiones del Cauca y Nariño se empezaron a documentar pruebas para adaptar granadas y mecanismos de liberación desde el aire. 

Durante operaciones militares en el corregimiento de El Plateado, en Cauca, entre finales de 2024 y mediados de 2025, las tropas fueron blanco de más de 180 ataques con drones, que dejaron muertos y heridos entre los uniformados.

 

La rápida evolución de estas tácticas preocupa a las autoridades. Entre los primeros experimentos con cargas improvisadas y los actuales intentos de ataques coordinados apenas han pasado tres años. En ese tiempo, los grupos armados han incorporado innovaciones como piezas fabricadas con impresoras 3D para mejorar los sistemas de liberación de explosivos.

 

Incluso se han detectado ataques nocturnos con drones equipados con cámaras infrarrojas y sensores térmicos. Uno de estos ocurrió en julio de 2025 en el municipio de El Carmen, Norte de Santander, donde tres soldados murieron tras el lanzamiento de explosivos desde el aire.

 

La proliferación de estas tecnologías ha encendido las alarmas dentro de las Fuerzas Militares. Según estimaciones oficiales, desde 2024 se han registrado cerca de 1.000 ataques con drones en el país, con un nivel de efectividad cercano al 50%. Estas acciones han dejado al menos 60 muertos entre civiles y uniformados, además de graves daños a infraestructura.

 

Ante este escenario, el Gobierno aprobó recientemente un documento Conpes que destina 13 billones de pesos a la modernización de las Fuerzas Militares y la Policía. Uno de sus componentes centrales es el programa “Escudo Antidrones”, que contará con una inversión de 2,8 billones de pesos para adquirir sistemas de detección, inhibidores de señal y tecnologías de interceptación.

 

Sin embargo, expertos advierten que el desafío no es solo tecnológico. La expansión de estas “escuelas de drones” demuestra que los grupos armados ilegales están aprendiendo rápidamente y adaptando herramientas relativamente accesibles para multiplicar su capacidad de ataque.