El costo oculto del agua en medio de una nueva regulación

Por Redacción Acento

Gremios advierten que decisiones apresuradas en tarifas del agua podrían traducirse en costos más altos para usuarios. El nuevo marco tarifario para acueducto y

El costo oculto del agua en medio de una nueva regulación

Gremios advierten que decisiones apresuradas en tarifas del agua podrían traducirse en costos más altos para usuarios.

El nuevo marco tarifario para acueducto y alcantarillado abrió un frente de debate entre el Gobierno y el sector de servicios públicos, en medio de cuestionamientos por su impacto económico.

La regulación, expedida por la Comisión de Regulación de Agua Potable y Saneamiento Básico (CRA), busca redefinir las reglas tarifarias para grandes prestadores en todo el país.

La medida impactaría a 188 operadores que atienden a más de 34 millones de usuarios, lo que la convierte en una de las reformas regulatorias más amplias del sector.

Desde el Ejecutivo, el nuevo esquema se presenta como un avance hacia la sostenibilidad ambiental y la eficiencia en la prestación de los servicios públicos.

Sin embargo, el sector empresarial advierte que la iniciativa podría tener efectos contrarios a los esperados, especialmente en materia de tarifas.

Riesgos de implementación

La Asociación Nacional de Empresas de Servicios Públicos y Comunicaciones (Andesco) alertó que el proceso presenta fallas estructurales en su diseño e implementación.

El gremio cuestiona que el texto final difiere sustancialmente del borrador sometido a participación ciudadana, lo que, a su juicio, afecta la transparencia regulatoria.

Esta situación genera incertidumbre entre los prestadores, quienes no tuvieron oportunidad de pronunciarse sobre los cambios definitivos incorporados en la regulación.

Además, se advierte que la entrada en vigencia prevista para el 1º de julio de 2026 no contempla un período de transición adecuado.

Las empresas deberán realizar estudios tarifarios, ajustes operativos y validaciones técnicas en un plazo que consideran insuficiente frente a la complejidad del cambio.

En procesos anteriores, la implementación de marcos tarifarios similares tomó entre seis y once meses, tras discusiones regulatorias de hasta un año.

Presión tarifas y sostenibilidad 

Uno de los puntos más sensibles es el impacto sobre las tarifas que pagan los usuarios, pese a que el objetivo declarado es su reducción.

Según Andesco, nuevas exigencias en gestión, planeación y eficiencia implicarían costos adicionales que podrían trasladarse a las facturas.

Estas obligaciones, advierte el gremio, generarían presiones al alza en las tarifas, especialmente en territorios con limitaciones operativas.

El riesgo es mayor para prestadores con menor capacidad financiera, que podrían enfrentar dificultades para cumplir con las nuevas condiciones regulatorias.

En este escenario, la sostenibilidad del servicio podría verse comprometida, afectando la calidad y continuidad del suministro.

El gremio también alertó a la Procuraduría General de la Nación y a la Contraloría General de la República sobre posibles efectos adversos.

Respuesta del regulador 

Desde la CRA, la lectura es distinta. La entidad defendió el proceso como un ejercicio técnico, estructurado y basado en evidencia.

Su directora, Gloria Esperanza Narváez Tafur, aseguró que la metodología no responde a decisiones improvisadas ni coyunturales.

“Estamos hablando de varios años de trabajo, con estudios especializados, análisis comparados y una revisión profunda del modelo anterior”, explicó.

La Comisión sostiene que el proceso fue participativo y transparente, con intervención de expertos, empresas y entidades territoriales.

Además, rechazó que los cambios frente al borrador inicial sean sustanciales, señalando que no alteran el objeto ni el alcance de la regulación.

Gradualidad, transición y señales de eficiencia

Frente a las críticas por la implementación, la CRA afirma que el modelo incorpora una transición escalonada y progresiva.

Entre julio y diciembre de 2026 se prevé un empalme con el esquema anterior mediante cálculos simplificados, sin exigir planes inmediatos.

En 2027, los prestadores deberán definir metas y comenzar mediciones de eficiencia, con base en una planificación estructurada.

A partir de 2028, se evaluará el cumplimiento, con incentivos para quienes superen estándares y descuentos tarifarios para quienes no lo logren.

La entidad asegura que este diseño evita cargas excesivas y permite una adaptación gradual del sector a las nuevas condiciones.

También anunció programas de capacitación y acompañamiento técnico para facilitar la implementación del nuevo marco.

El fondo del debate

La CRA insiste en que la finalidad es equilibrar sostenibilidad financiera y protección al usuario, garantizando tarifas justas basadas en costos reales.

Asimismo, aclaró que el marco no obliga a realizar inversiones ambientales, sino a planificar y gestionar riesgos del sistema hídrico.

Uno de los objetivos es reducir pérdidas de agua y mejorar la eficiencia, con un estándar de referencia de 4 m³ por suscriptor al mes.

Sin embargo, el sector privado cuestiona si estas metas son viables en todos los territorios y si su cumplimiento implicará mayores costos.

Modernización y riesgos

El debate refleja una tensión estructural entre eficiencia regulatoria y capacidad real de las empresas para adaptarse al cambio.

Mientras el Gobierno habla de modernización, los empresarios advierten sobre riesgos de ejecución y posibles impactos en los usuarios.

El desenlace dependerá de ajustes regulatorios, control institucional y capacidad de diálogo entre las partes involucradas.

En el centro de la discusión queda el usuario, quien podría enfrentar cambios en tarifas y en la calidad del servicio en los próximos años.

El nuevo marco tarifario se convierte así en una prueba de equilibrio entre técnica, política y realidad operativa en uno de los servicios más sensibles del país.