El caso de Zulma Guzmán Castro se perfila como uno de los expedientes criminales más complejos y perturbadores de los últimos años en Colombia. Lo que comenzó c
El caso de Zulma Guzmán apunta a un posible patrón de envenenamientos con talio que dejó dos menores muertas, mientras avanza su extradición desde Reino Unido.
El caso de Zulma Guzmán Castro se perfila como uno de los expedientes criminales más complejos y perturbadores de los últimos años en Colombia. Lo que comenzó como la investigación de un envenenamiento aislado terminó abriendo la puerta a una hipótesis más grave: la posible existencia de un patrón sistemático que ha llevado a las autoridades a considerar que están frente a una presunta asesina serial.
El elemento central de la investigación es el talio, un metal altamente tóxico, inodoro e insaboro, cuya capacidad para pasar desapercibido lo convierte en un arma difícil de detectar. Según explicó la fiscal general Luz Adriana Camargo, la repetición del método —envenenamientos mediante alimentos dulces enviados a domicilio— y la selección de víctimas del entorno cercano de su expareja, el economista Juan de Bedout, son los principales indicios que sustentan la hipótesis de un comportamiento serial.
El patrón, según la Fiscalía, no es reciente. Se remonta al menos a 2020, cuando Alicia Graham Sardi, esposa de De Bedout, presentó síntomas compatibles con intoxicación por talio. Aunque en su momento el caso no fue esclarecido, nuevas evidencias —incluyendo registros clínicos y rastros digitales— han permitido reabrir esa línea de investigación, incluso pese a la cremación del cuerpo, que limita las pruebas forenses directas.
A partir de ahí, los hechos parecen escalar en frecuencia y gravedad. En enero de 2025, Elvira María Restrepo, cuñada de Guzmán, sobrevivió a un ataque similar tras consumir chocolates contaminados. Meses después, en abril, el caso alcanzó su punto más crítico: dos menores, Inés de Bedout y Emilia Forero, fallecieron tras ingerir frambuesas con talio, mientras otros dos jóvenes sobrevivieron con secuelas neurológicas severas.
Más allá de la crudeza de los hechos, lo que preocupa a los investigadores es la sofisticación del presunto modus operandi. El uso de plataformas de domicilios, empaques engañosos y la elección de productos dulces —que enmascaran el sabor del tóxico— sugieren planificación y conocimiento previo. A esto se suma la posible participación de intermediarios, como Zenaida Pava Vargas, quien habría facilitado los envíos, aunque niega cualquier implicación.
El caso también ha revelado un componente psicológico relevante. Testimonios recogidos por la Fiscalía apuntan a que el móvil estaría relacionado con una obsesión sentimental hacía De Bedout, lo que habría derivado en una estrategia de retaliación contra su entorno cercano. De confirmarse, este elemento encajaría con patrones identificados en perfiles criminales donde las motivaciones personales se transforman en conductas reiteradas de violencia.

En paralelo, los investigadores intentan establecer cómo Guzmán habría obtenido el talio, una sustancia de difícil acceso. Las hipótesis incluyen la compra en el mercado negro o el uso de contactos internacionales, lo que añade una dimensión transnacional al caso. Incluso se analizan posibles secuelas físicas en la propia acusada, como una afección en los dedos que podría estar asociada a la manipulación del tóxico.
El contraste entre el perfil público de Guzmán y las acusaciones en su contra ha alimentado el interés mediático. Economista con formación internacional y conocida por su paso por el programa Shark Tank Colombia, su imagen estaba ligada a la innovación y el emprendimiento. Hoy enfrenta una circular roja de Interpol, en un giro que evidencia la complejidad del caso y la posibilidad de una doble vida.
La captura en Londres, tras un intento de evasión en el río Támesis, marcó un punto de inflexión. Desde entonces, el proceso ha entrado en una fase internacional, con desafíos jurídicos relacionados con la extradición desde el Reino Unido. Mientras tanto, Guzmán permanece detenida en la prisión de HMP Bronzefield, a la espera de definiciones judiciales.
El avance del caso dependerá, en gran medida, de la solidez de las pruebas técnicas y de la capacidad de las autoridades para demostrar la conexión entre los distintos episodios. La Fiscalía evalúa incluso imputar cargos de manera virtual para evitar dilaciones, mientras se surten los trámites diplomáticos.
Más allá del desenlace judicial, el caso deja varias preguntas abiertas. ¿Se trata de hechos aislados o de un patrón criminal consolidado? ¿Hubo más víctimas no identificadas? ¿Qué tan vulnerables son los sistemas de control frente a sustancias altamente tóxicas?
En un país donde los crímenes con veneno son poco frecuentes, este expediente no solo sacude por su gravedad, sino por lo que revela: la posibilidad de que, detrás de una fachada de normalidad, se haya gestado una de las investigaciones criminales más inquietantes de los últimos tiempos.