Con un escenario más fragmentado que en elecciones anteriores y sin el protagonismo dominante de los partidos tradicionales, Colombia entra de lleno en la recta
La carrera presidencial arranca con un panorama disperso, sin mayorías claras y con alianzas que serán clave para llegar a segunda vuelta.
Con un escenario más fragmentado que en elecciones anteriores y sin el protagonismo dominante de los partidos tradicionales, Colombia entra de lleno en la recta hacia la primera vuelta presidencial del próximo 31 de mayo.
El cierre de inscripciones dejó un mapa político diverso, con 12 fórmulas presidenciales que reflejan no solo la pluralidad ideológica del país, sino también la dificultad de consolidar mayorías claras desde el inicio.
El proceso, que comenzó hace más de dos años con más de un centenar de aspirantes, fue depurándose entre recolección de firmas, consultas interpartidistas y negociaciones políticas. Al final, quedaron en firme candidaturas respaldadas tanto por movimientos ciudadanos como por estructuras partidistas emergentes, en un síntoma claro de la transformación del sistema político colombiano.
Uno de los rasgos más visibles de esta contienda es la alta dispersión del voto. Aunque 12 fórmulas siguen en competencia, en la práctica se empiezan a perfilar bloques que buscan concentrar apoyos mediante adhesiones estratégicas. La reciente declinación de candidaturas como las de Juan Fernando Cristo, Maurice Armitage o Luis Carlos Reyes evidencia que la carrera no solo se libra en las urnas, sino también en la capacidad de tejer alianzas.
En ese reacomodo, la candidatura de Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo ha ganado terreno con apoyos provenientes de sectores de derecha y centro, en un intento por consolidar un frente competitivo frente a la izquierda. De forma paralela, el Pacto Histórico, con Iván Cepeda y Aida Quilcué, apuesta por ampliar su base mediante acuerdos con sectores progresistas y liberales, buscando repetir —aunque en un contexto distinto— la fórmula de coalición que llevó a Gustavo Petro al poder.
En el centro político, figuras como Sergio Fajardo y Claudia López intentan posicionarse como alternativas de equilibrio, apelando a un electorado que rechaza la polarización. Sin embargo, la fragmentación en este espectro podría dificultar su paso a una eventual segunda vuelta, un problema recurrente en elecciones recientes.

Otro actor relevante es Roy Barreras, quien propone un “progresismo responsable”, tratando de captar votantes que comparten una agenda social pero desconfían de escenarios de confrontación institucional. A su vez, candidaturas como la de Abelardo de la Espriella buscan capitalizar el discurso de orden y seguridad, mientras que otras, de menor visibilidad, mantienen aspiraciones que podrían inclinar la balanza mediante futuras adhesiones.
“Me voy a concentrar en cada uno de los 32 departamentos con un Puesto de Mando Unificado, con el jefe de la policía, el jefe del ejército, los ministros, con lista en mano para resolver los problemas. En el caso del Valle del Cauca, cuáles son las obras de infraestructura que están pendientes, las vamos a resolver y si la plata no está aquí, la conseguimos afuera”, dijo De La Espriella, al inscribirse junto al exministro José Manuel Restrepo, como su fórmula vicepresidencial.
Más allá de los nombres, esta elección plantea varios ejes de fondo. El primero es la disputa entre continuidad y cambio: mientras algunos sectores defienden la profundización de las reformas del actual gobierno, otros proponen un giro hacia modelos más conservadores o de centro. El segundo eje es la gobernabilidad, en un país donde la fragmentación política ha dificultado la relación entre Ejecutivo y Congreso.
Asimismo, la campaña estará marcada por temas como seguridad, economía y empleo, en medio de un contexto social aún tensionado por la desigualdad y la incertidumbre económica. En ese escenario, la capacidad de los candidatos para conectar con las preocupaciones cotidianas de los ciudadanos será determinante.
Con un tarjetón amplio y una ciudadanía que aún parece indecisa, la primera vuelta se perfila como una de las más abiertas de los últimos años. Todo indica que ningún candidato logrará imponerse con claridad en esta fase, por lo que las alianzas y los respaldos que se tejan en las próximas semanas serán clave para definir quiénes avanzarán a la segunda vuelta.
Así, más que una simple competencia electoral, lo que comienza es una reconfiguración del mapa político colombiano, donde cada movimiento, adhesión o renuncia puede alterar el equilibrio de fuerzas en una contienda que apenas empieza a tomar forma.