América Latina y el Caribe registraron en 2025 una leve reducción en la violencia homicida, pese a la expansión de economías criminales y al endurecimiento de l
Balance regional revela descenso general de asesinatos, pero persistencia de violencia criminal en corredores estratégicos y conflictos armados.
América Latina y el Caribe registraron en 2025 una leve reducción en la violencia homicida, pese a la expansión de economías criminales y al endurecimiento de las políticas de seguridad en varios países, según el balance anual de InSight Crime.
El informe revela que al menos 108.838 personas fueron asesinadas en la región durante el último año. Aunque el número sigue siendo elevado, representa una caída moderada frente al periodo anterior y confirma una tendencia irregular en la dinámica criminal.
En términos comparativos, la tasa mediana de homicidios regional se situó en 17,6 por cada 100.000 habitantes, lo que representa una disminución superior al cinco por ciento frente al año anterior, de acuerdo con el análisis regional.

Pese a esa reducción, la región continúa siendo la más violenta del mundo fuera de zonas de conflicto armado. La violencia sigue estrechamente vinculada con disputas territoriales entre organizaciones criminales, economías ilícitas y control de corredores estratégicos.
Países con violencia en ascenso
El descenso regional convive con realidades nacionales dramáticas. Algunos países registraron incrementos significativos en sus tasas de homicidio, impulsados por conflictos entre organizaciones criminales y por la fragmentación de estructuras del narcotráfico.
Uno de los casos más preocupantes es Ecuador, donde la violencia alcanzó un máximo histórico tras la ofensiva estatal contra las bandas criminales. Las disputas entre organizaciones rivales desencadenaron una escalada de asesinatos en territorios estratégicos.

El enfrentamiento entre grupos como Los Choneros y Los Lobos intensificó la violencia en regiones clave para el narcotráfico. La captura de líderes criminales generó fragmentación interna y provocó nuevos ciclos de confrontación armada.
Otro caso crítico es Haití, considerado el país más violento de la región. La expansión territorial de las pandillas y el debilitamiento institucional han agravado la crisis de seguridad en varias zonas del país.
En ese contexto, las pandillas consolidaron su control sobre barrios y rutas estratégicas, mientras el Estado enfrenta dificultades para recuperar presencia territorial. La violencia se ha extendido incluso fuera de la capital hacia regiones previamente menos afectadas.
Colombia: estabilidad frágil
La tasa de homicidios en Colombia mostró un comportamiento relativamente estable durante 2025. El leve incremento registrado refleja una dinámica compleja marcada por conflictos armados localizados y disputas entre estructuras criminales.
Los enfrentamientos entre grupos armados aumentaron en varias regiones del país, especialmente en zonas estratégicas para economías ilegales como el narcotráfico, la minería ilegal y el control de rutas de transporte clandestino.
Uno de los focos de violencia más relevantes se registró en el departamento de Norte de Santander, donde la ruptura de un pacto entre organizaciones armadas desencadenó una nueva ola de enfrentamientos durante el año.

Las confrontaciones provocaron asesinatos, desplazamientos masivos y confinamientos de comunidades enteras, evidenciando la persistencia de conflictos territoriales en regiones donde la presencia estatal continúa siendo limitada.
Otros departamentos como Chocó, Cauca, Nariño y Antioquia también registraron disputas armadas vinculadas a corredores del narcotráfico y otras economías ilícitas.
Aunque el país no experimentó un salto dramático en los homicidios, el informe de InSight Crime advierte que la estabilidad estadística no necesariamente refleja una mejora estructural en la seguridad.
Caídas significativas
Mientras varios países enfrentaron repuntes de violencia, otros registraron reducciones notables en sus tasas de homicidio, asociadas en parte a políticas de seguridad más agresivas y a cambios en las dinámicas del crimen organizado.
Uno de los casos más llamativos es El Salvador, que alcanzó la tasa de homicidios más baja de su historia reciente tras una ofensiva estatal contra las principales pandillas del país.
La estrategia de seguridad implementada por el gobierno permitió desmantelar estructuras históricas como la Mara Salvatrucha y Barrio 18, aunque organizaciones independientes han cuestionado la transparencia y metodología de las estadísticas oficiales.
También se registró una reducción significativa en Jamaica, donde las autoridades combinaron estados de emergencia con programas de intervención social y presencia policial sostenida en comunidades con alta actividad de pandillas.

En otros países como Brasil y México, la caída de homicidios convive con transformaciones en el crimen organizado, que en algunos casos se ha desplazado hacia delitos tecnológicos y economías ilícitas menos visibles.
El informe advierte que estas reducciones deben interpretarse con cautela, ya que en varios países persisten problemas de subregistro, desapariciones y diferencias metodológicas en el conteo de homicidios.
En ese escenario, el balance regional confirma una paradoja persistente: aunque los homicidios disminuyen en algunos países, el poder territorial y económico del crimen organizado continúa expandiéndose en gran parte de América Latina.