La llegada de José Antonio Kast a la presidencia de Chile marca un punto de inflexión en la política del país y en el mapa ideológico de América Latina. Por pri
Uno de sus retos será convertir su discurso de campaña en resultados concretos sin alterar la estabilidad que ha caracterizado a Chile.
La llegada de José Antonio Kast a la presidencia de Chile marca un punto de inflexión en la política del país y en el mapa ideológico de América Latina. Por primera vez desde el retorno a la democracia en 1990, un dirigente identificado con la ultraderecha y que ha defendido abiertamente el legado de Augusto Pinochet asume el poder en La Moneda.
El nuevo mandatario tomó posesión con una breve fórmula protocolaria: “Sí, juro”, pero detrás de ese acto simbólico se abre un complejo escenario político. Kast llega al gobierno con la promesa de instaurar un “gobierno de emergencia” para enfrentar tres problemas que dominaron su campaña electoral: la inseguridad, la migración irregular y las dificultades económicas que, según su diagnóstico, deja la administración saliente de Gabriel Boric.
Seguridad: la prioridad del nuevo gobierno
La seguridad ciudadana aparece como el principal desafío del nuevo gobierno. Durante la campaña, Kast centró buena parte de su discurso en la necesidad de endurecer las políticas contra el crimen organizado y la delincuencia, temas que han ganado relevancia en el debate público chileno.
De acuerdo con la Encuesta Nacional Urbana de Seguridad Ciudadana, cerca del 8,5% de los hogares del país registró víctimas de delitos violentos en 2024, con el robo con violencia o intimidación como el delito más frecuente. Aunque la cifra representa solo un ligero aumento frente a 2023, el impacto político del problema es mayor debido a la creciente percepción de inseguridad.
Los homicidios también se han convertido en una preocupación central. Aunque la tasa bajó a 5,4 por cada 100.000 habitantes en 2025 —tras el pico de 6,8 registrado en 2022—, sigue siendo más alta que antes de la pandemia. Esta situación ha alimentado la idea de que el país enfrenta una transformación en su panorama criminal.
Analistas advierten que parte de este fenómeno está vinculado a la expansión del crimen organizado transnacional.
Economía con luces y sombras
En el frente económico, el panorama que recibe el nuevo gobierno es mixto. Algunos indicadores muestran estabilidad, mientras otros generan preocupación.
Uno de los aspectos positivos es la inflación, que se ha mantenido relativamente controlada. En febrero registró una variación mensual de 0% y una tasa interanual cercana al 2,4%, lo que sitúa a Chile entre los países con mayor estabilidad de precios en la región.
Sin embargo, el crecimiento económico sigue siendo modesto y el desempleo ha mostrado una tendencia al alza. Cuando Boric asumió el poder en 2022, la tasa de desempleo rondaba el 7,8%. Hoy supera el 8%, lo que refleja una recuperación laboral más lenta de lo esperado.
A esto se suma un factor estructural que preocupa a economistas y analistas: el aumento de la deuda pública.
Migración irregular y presión política
Otro tema clave en la agenda del nuevo gobierno es la migración irregular, un asunto que Kast convirtió en uno de los pilares de su campaña.
Las cifras muestran un crecimiento acelerado del fenómeno. Según el Servicio Nacional de Migraciones, a finales de 2023 había cerca de 337.000 personas extranjeras en situación irregular en Chile. La mayoría —alrededor del 75%— proviene de Venezuela.
El contraste con años anteriores es notable. En 2018 se estimaba que poco más de 10.000 extranjeros estaban en situación irregular. En apenas cinco años, el aumento superó el 3.000%, lo que ha generado tensiones políticas y sociales.
El desafío para el gobierno de Kast será traducir sus promesas de campaña en políticas concretas. Expertos advierten que, aunque exista voluntad política para endurecer los controles migratorios, la capacidad institucional para gestionar el fenómeno es limitada y requerirá cooperación internacional.
Un nuevo equilibrio regional
Más allá de las fronteras chilenas, la llegada de Kast también tiene implicaciones regionales. Su afinidad ideológica con líderes como Javier Milei, Donald Trump, Nayib Bukele o Giorgia Meloni podría reforzar un bloque político de derecha en el escenario internacional.
Sin embargo, analistas advierten que Chile difícilmente podrá basar su política exterior en alineamientos ideológicos. El país mantiene relaciones comerciales estratégicas tanto con Estados Unidos como con China, dos potencias en competencia global.
En ese contexto, el nuevo gobierno deberá desplegar una diplomacia pragmática que le permita equilibrar intereses económicos y afinidades políticas.
El desafío para Kast, en definitiva, será convertir su discurso de campaña en resultados concretos sin alterar la estabilidad institucional que ha caracterizado a Chile durante las últimas décadas. Su gestión no solo definirá el rumbo del país, sino que también podría influir en el equilibrio político de América Latina en los próximos años.