Testigos electorales y jurados de votación: dos figuras clave para la transparencia electoral

Por Redacción Acento

Cada proceso electoral en Colombia no solo depende de los ciudadanos que acuden a las urnas. Detrás de cada voto existe una estructura humana encargada de garan

Testigos electorales y jurados de votación: dos figuras clave para la transparencia electoral

La presencia conjunta de jurados y testigos busca garantizar que el proceso tenga controles cruzados.


Cada proceso electoral en Colombia no solo depende de los ciudadanos que acuden a las urnas. Detrás de cada voto existe una estructura humana encargada de garantizar que la jornada se desarrolle con transparencia, orden y legalidad. En las elecciones legislativas y consultas interpartidistas del 8 de marzo, dos figuras adquieren un papel fundamental en ese propósito: los testigos electorales y los jurados de votación, actores que, desde funciones distintas, vigilan y ejecutan el funcionamiento del proceso democrático.


Para esta jornada están habilitadas 126.646 mesas de votación distribuidas en 13.726 puestos en Colombia y en el exterior, lo que implica la participación de cientos de miles de personas que hacen posible el desarrollo de la jornada. 


Los testigos electorales: veedores del proceso


Los testigos electorales son ciudadanos designados por partidos políticos, movimientos o agrupaciones que participan en la contienda. Su función principal es acompañar y vigilar el desarrollo de la jornada electoral, especialmente el momento más sensible del proceso: el conteo de los votos que inicia una vez se cierran las urnas a las cuatro de la tarde.


Aunque los testigos son postulados por las organizaciones políticas, su acreditación se realiza ante el Consejo Nacional Electoral, entidad que expide las credenciales para que puedan ejercer su labor. Para este proceso se habilitó una herramienta tecnológica llamada Plataforma Única de Postulación y Acreditación de Actores Electorales, que permite registrar y validar a quienes participarán en esta tarea de vigilancia.


Su presencia en los puestos de votación busca reforzar la confianza en los resultados. En teoría, en cada mesa de votación pueden estar presentes varios testigos de diferentes colectividades, lo que permite que el proceso sea observado por múltiples actores políticos.


Las funciones de los testigos comienzan incluso antes de que inicie la votación. Entre sus tareas está verificar que las actas y documentos electorales no hayan sido diligenciados previamente, observar que los paquetes con las tarjetas electorales permanezcan sellados y comprobar que la urna esté completamente vacía antes de ser cerrada.


Durante la jornada también pueden observar que los ciudadanos voten libremente, sin presiones, y que lo hagan con su documento de identidad válido. Su labor es esencialmente de vigilancia: pueden detectar irregularidades y solicitar a los jurados que realicen recuentos o revisiones cuando consideren que existe algún error en el conteo.


Al finalizar la jornada, cuando se realiza el escrutinio en cada mesa, los testigos revisan la correcta clasificación de los votos, verifican que las sumas aritméticas coincidan y observan que los formularios oficiales, conocidos como E-14, estén correctamente diligenciados y firmados por los jurados.


Incluso después del cierre de la mesa, los testigos pueden acompañar el traslado de los documentos electorales hacia los centros de escrutinio, donde se oficializan los resultados.


Sin embargo, su papel tiene límites claros. La ley les prohíbe interferir en las decisiones de los jurados, manipular documentos electorales o realizar actos de propaganda política dentro de los puestos de votación. Tampoco pueden orientar a los votantes ni ingresar con ellos al cubículo donde se marca el tarjetón.


Los jurados de votación: responsables de la mesa


Los jurados de votación son quienes ejecutan la operación en cada mesa. Son ciudadanos seleccionados por la Registraduría Nacional del Estado Civil para atender directamente a los electores durante la jornada.


Para estas elecciones fueron designados 862.392 jurados, de los cuales más de 730.000 son titulares y el resto remanentes. La mayoría proviene de empresas privadas, estudiantes universitarios, funcionarios públicos y docentes.


Entre sus tareas está verificar que la cédula esté inscrita en la mesa correspondiente, entregar los tarjetones solicitados, custodiar la urna y garantizar que el sufragio se deposite correctamente.

Además, deben diligenciar los formularios electorales, entregar el certificado electoral al ciudadano y, al finalizar la jornada, realizar el conteo manual de los votos depositados en la urna.


El trabajo de los jurados comienza incluso antes de que lleguen los votantes. Deben presentarse en su mesa a más tardar a las 7:00 de la mañana para preparar el puesto de votación y garantizar que todo esté listo para la apertura a las 8:00 a.m.


Una vez cerradas las urnas a las 4:00 de la tarde, su labor continúa con el escrutinio de mesa, en el que cuentan los votos uno a uno y registran los resultados en los formularios oficiales que posteriormente se envían a las autoridades electorales.


Prestar el servicio como jurado es obligatorio. La ley establece sanciones para quienes no se presenten sin una justificación válida, que pueden incluir multas o sanciones disciplinarias si se trata de servidores públicos.