Remesas superan a la inversión extranjera: señal de alerta para la economía

Por Redacción Acento

Por primera vez en más de dos décadas, el dinero que envían los colombianos desde el exterior supera a la inversión extranjera directa (IED) que llega al país.

Remesas superan a la inversión extranjera: señal de alerta para la economía

En 2025, las remesas alcanzaron US$13.098 millones, mientras que la IED se ubicó en US$11.469 millones.

Por primera vez en más de dos décadas, el dinero que envían los colombianos desde el exterior supera a la inversión extranjera directa (IED) que llega al país. La cifra, revelada por el Banco de la República, marca un punto de inflexión en la economía nacional y plantea interrogantes sobre el rumbo de la competitividad y la confianza en Colombia como destino de capital.

En 2025, las remesas alcanzaron US$13.098 millones, mientras que la IED se ubicó en US$11.469 millones. La última vez que ocurrió algo similar fue en 2004. Más que una curiosidad estadística, el cruce de estas dos curvas, remesas al alza e inversión extranjera a la baja, refleja dos dinámicas profundas: el aumento de la migración económica y la pérdida de atractivo del país para los inversionistas internacionales.

La tendencia se vuelve más evidente al observar el comportamiento de la inversión en los últimos años. En 2022, Colombia registró un máximo histórico de US$17.182 millones en inversión extranjera directa. Tres años después, el flujo de capital productivo se redujo 33,2%, una caída que varios analistas atribuyen no solo a factores internacionales, sino también a cambios en el clima de inversión y en la percepción de estabilidad jurídica.

Para el gerente de investigaciones económicas del Banco de Bogotá, Camilo Pérez, el descenso en los flujos de inversión responde a un deterioro en las condiciones que hacen atractivo al país para el capital extranjero. La competencia por atraer inversiones en América Latina es intensa, y la confianza se mide en resultados concretos: dólares que llegan o que se dirigen a otros destinos.

En esa misma línea, la presidenta ejecutiva de AmCham Colombia, María Claudia Lacouture, advirtió que cuando el capital deja de llegar, el impacto termina reflejándose en el empleo y en el crecimiento económico.

Uno de los sectores que mejor ilustra la magnitud del cambio es el minero. La inversión extranjera en explotación de minas y canteras pasó de US$3.442 millones en 2023 a apenas US$159 millones en 2025, una contracción cercana al 95% en apenas dos años. Analistas coinciden en que el desplome está relacionado con las señales enviadas por la política pública frente al futuro de la industria extractiva.

La excodirectora del Banco de la República, Carolina Soto, resume el fenómeno con una frase contundente: la inversión extranjera directa en este sector prácticamente desapareció. La manufactura también ha sentido el impacto. En ese caso, los flujos de capital retrocedieron 42,8%, pasando de US$2.967 millones en 2023 a US$1.697 millones en 2025.

Mientras tanto, las remesas siguen una trayectoria opuesta. El dinero que envían los colombianos desde el exterior creció 10,5% y acumula 20 meses consecutivos superando los US$1.000 millones mensuales.

Aunque ese flujo representa un alivio para millones de hogares, su crecimiento tiene una doble lectura. Por un lado, refleja mejores ingresos de trabajadores colombianos en países como Estados Unidos y varias economías europeas. Por otro, evidencia el aumento del número de migrantes que buscan oportunidades laborales fuera del país.

La comparación con 2004 resulta inevitable. En aquel momento, Colombia atravesaba una etapa marcada por problemas de seguridad y baja credibilidad institucional. La recuperación de la confianza internacional tomó varios años y exigió reformas económicas y políticas que permitieran reconstruir la imagen del país como destino de inversión.

Hoy, aunque el contexto es diferente, el dato vuelve a encender las alarmas entre analistas y empresarios. La pregunta que surge es si la tendencia actual puede revertirse o si se trata de un cambio estructural en la economía colombiana.

Un elemento clave para entender el debate es que las remesas y la inversión extranjera directa cumplen funciones económicas distintas. No se sustituyen entre sí. Mientras la IED impulsa proyectos productivos, genera empleo formal, promueve transferencia tecnológica y fortalece cadenas industriales, las remesas se destinan principalmente al consumo de los hogares.

Por eso, el cruce de estas dos variables plantea un desafío para la política económica. Si la inversión productiva continúa reduciéndose mientras el país depende cada vez más de los ingresos enviados por sus migrantes, el modelo de crecimiento podría enfrentar limitaciones importantes.

La señal que deja la cifra es clara: Colombia está perdiendo terreno en la competencia global por el capital. Recuperarlo implicará reforzar la estabilidad jurídica, ofrecer reglas de juego claras y enviar señales consistentes a los inversionistas internacionales.