¿Divide y vencerás? la apuesta de Roy Barreras en medio de la fractura del progresismo

Por Redacción Acento

En política, las viejas estrategias rara vez desaparecen; más bien se transforman. La premisa atribuida a Julio César: ‘divide y vencerás’, parece hoy reinterpr

¿Divide y vencerás? la apuesta de Roy Barreras en medio de la fractura del progresismo

Su estrategia apunta a capitalizar las fracturas dentro del Pacto Histórico, la coalición que en 2022 llevó a Petro a la Casa de Nariño.


En política, las viejas estrategias rara vez desaparecen; más bien se transforman. La premisa atribuida a Julio César: ‘divide y vencerás’, parece hoy reinterpretarse en la disputa interna del progresismo colombiano, donde Roy Barreras intenta abrirse camino hacia la presidencia en medio de un bloque que, paradójicamente, lo llevó al poder hace apenas cuatro años.

La jugada del exsenador no es improvisada. Su estrategia apunta a capitalizar las fracturas dentro del llamado Pacto Histórico, la coalición que en 2022 llevó a Gustavo Petro a la Casa de Nariño con más de once millones de votos. Hoy, ese mismo bloque luce dividido entre quienes defienden la unidad cerrada y quienes, como Barreras, apuestan por ampliar el espectro incluso a costa de tensiones internas.

El detonante más reciente de esta pugna fue la exclusión de Iván Cepeda de la consulta interpartidista, tras una decisión del Consejo Nacional Electoral (CNE) que lo dejó por fuera de la contienda. Aunque el episodio desató críticas inmediatas, en el trasfondo revela algo más profundo: la disputa por el liderazgo del progresismo y la definición de su rumbo ideológico.

Barreras optó por una estrategia de expansión. Su acercamiento a sectores sindicales, históricamente cercanos a la izquierda, es una muestra clara. La inclusión de figuras como Fabio Arias, de la CUT, y Domingo Ayala, de Fecode, en listas afines, así como el respaldo de la Unión Sindical Obrera, evidencian un intento por consolidar apoyos en bases tradicionales, pero bajo una narrativa distinta: menos ideológica, más pragmática.

Este giro también se refleja en el discurso energético, porque mientras sectores cercanos a Cepeda insisten en una agenda ambiental más estricta, sindicatos como la USO han cuestionado lo que consideran una desconexión con la realidad productiva del país. El debate sobre la autosuficiencia energética y la dependencia de importaciones se convierte así en un campo fértil para que Barreras capte apoyos que se sienten incómodos con posturas más radicales.

Sin embargo, la estrategia de ‘dividir’ no está exenta de riesgos. Desde el Pacto Histórico, voces como la de Gustavo Bolívar han endurecido su postura contra Barreras, al punto de promover abiertamente la abstención en la consulta que impulsa el exsenador. La directriz es clara: concentrar el voto en las listas al Congreso y evitar legitimar una consulta que consideran ajena al proyecto original.

Esta tensión revela una paradoja. Mientras Barreras insiste en que su objetivo final es reconstruir la unidad: “la unidad es la victoria”, ha dicho, sus movimientos son percibidos por sus antiguos aliados como una amenaza directa a esa cohesión. En política, la línea entre ampliar y fragmentar puede ser extremadamente delgada.

El ruido político se intensifica con actores periféricos pero influyentes. Las declaraciones cruzadas en el entorno del ministro Armando Benedetti, así como las lecturas sobre un eventual apoyo indirecto, añaden una capa de complejidad a un escenario ya cargado. Aunque Benedetti ha intentado desmarcarse, el episodio evidencia cómo las lealtades dentro del progresismo están lejos de ser monolíticas.

En paralelo, el análisis electoral introduce otro factor: el papel del centro político. La hipótesis de que un candidato más moderado podría captar ese electorado, clave en una eventual segunda vuelta, es parte del cálculo de Barreras. En contraste, sectores del petrismo temen que esa moderación diluya la identidad del proyecto y termine favoreciendo a candidaturas de derecha.

El desenlace de esta disputa no se definirá en los discursos, sino en las urnas. La consulta del 8 de marzo será el primer termómetro real para medir si la estrategia de Barreras logra traducirse en votos o si, por el contrario, la disciplina interna del Pacto Histórico logra contener la fragmentación.

En última instancia, la pregunta no es solo si “divide y vencerás” funcionará, sino a qué costo. Porque incluso si la estrategia le permite a Barreras posicionarse, el precio podría ser un progresismo debilitado, con fisuras difíciles de cerrar de cara a una elección presidencial.

La historia política muestra que dividir puede ser una vía efectiva para ganar poder, pero no necesariamente para sostenerlo. Y en un escenario tan competitivo como el colombiano, la verdadera victoria no solo dependerá de quién logre imponerse dentro del bloque, sino de quién sea capaz de recomponerlo después.