Cuatro encuestas nacionales coinciden en lo esencial: nadie supera el 40%, la segunda vuelta es inevitable y el voto de rechazo es hoy el actor más determinante
Las mediciones muestran que esta es una elección abierta, fragmentada y sin mayoría social consolidada.
Cuatro encuestas nacionales coinciden en lo esencial: nadie supera el 40%, la segunda vuelta es inevitable y el voto de rechazo es hoy el actor más determinante del tablero.
Las campañas suelen obsesionarse con quién va primero. Pero cuando cuatro encuestas de alcance nacional –Atlas/SEMANA, Guarumo–EcoAnalítica, Invamer y el Barómetro RCN (GAD3)– coinciden en algo más profundo que un nombre propio, la lectura debe ir más allá del ranking. Lo que hoy muestran es una elección abierta, fragmentada y sin mayoría social consolidada.
No es un matiz. Es el dato estructural.
Entre instrumentos presenciales de gran tamaño muestral (Atlas con 6.468 entrevistas; Invamer con 3.800; Guarumo con 3.867) y una medición telefónica nacional (GAD3–RCN, 2.473 entrevistas).
El volumen agregado supera las 16.000 encuestas realizadas en febrero. Con metodologías distintas y márgenes de error contenidos, los cuatro estudios apuntan en la misma dirección: ningún candidato logra hoy construir una mayoría robusta.
El liderazgo no es hegemonía
En el Barómetro RCN–GAD3, Iván Cepeda aparece primero con 34% en primera vuelta y lidera todos los escenarios de segunda, aunque sin superar el 40% (38% frente a Abelardo de la Espriella; 36% frente a Sergio Fajardo; 40% frente a Paloma Valencia).

Las mediciones presenciales, aunque con variaciones propias del método, también ubican al bloque del Pacto Histórico en la franja alta de la intención de voto, pero lejos de una mayoría absoluta.
Ese es el primer punto clave: hay liderazgo competitivo, pero no hegemonía. El candidato identificado con la continuidad del gobierno conserva base electoral suficiente para disputar el balotaje, pero no logra ampliar de forma decisiva hacia el centro.
En una elección con segunda vuelta obligatoria, eso no es un detalle técnico: es el techo visible.
La derecha: orden interno, expansión pendiente
Abelardo de la Espriella figura como segundo en el Barómetro RCN con 26% y mantiene competitividad en los otros instrumentos. En segunda vuelta frente a Cepeda, pierde por cinco puntos (38–33). Frente a Fajardo, en cambio, gana (31–20).
El patrón que se desprende del conjunto es consistente: la derecha logra ordenar su base, pero aún no demuestra capacidad suficiente para capturar voto moderado en una proporción que garantice mayoría estable.
Las diferencias internas también son evidentes. En el escenario De la Espriella–Paloma Valencia, el primero obtiene 34% frente a 13% de la candidata del Centro Democrático. Eso habla de asimetrías dentro del mismo espectro y de una disputa por la representación dominante del bloque opositor.
El centro: intención declarada, voto esquivo
Sergio Fajardo aparece competitivo, pero no dominante. En los escenarios de segunda vuelta del Barómetro RCN no supera el 26%. En las mediciones presenciales tampoco rompe el techo del tercio del electorado.
No es un fenómeno nuevo en Colombia: el discurso de moderación suele ser atractivo en abstracto, pero enfrenta dificultades al traducirse en movilización efectiva. Las encuestas no muestran un colapso del centro, pero tampoco una expansión suficiente para convertirlo en mayoría alternativa.
El actor invisible: ‘ninguno’
Guarumo introduce un elemento que obliga a matizar cualquier lectura lineal. En varios escenarios de segunda vuelta, la opción “ninguno” alcanza cifras inusualmente altas y en algunos casos supera el 50%.
Esa magnitud no se replica con la misma intensidad en la medición telefónica de GAD3, lo que remite a diferencias metodológicas: encuesta presencial en hogar frente a entrevista telefónica.
Las encuestas cara a cara tienden a capturar con mayor claridad la desafección explícita en segmentos menos integrados digitalmente o más distantes del sistema político.
Más allá del método, el fenómeno existe. Y su relevancia es evidente: hay un porcentaje significativo de electores que, ante escenarios cerrados, prefiere no escoger entre las opciones disponibles. No es simple indecisión. Es rechazo.
Ese voto no está adscrito a un bloque. Es transversal.
Economía e instituciones: el contexto que condiciona
Atlas e Invamer incluyen variables adicionales que ayudan a entender el trasfondo: aprobación presidencial, evaluación del gobierno e imagen institucional.
Aunque los porcentajes específicos varían, el cuadro general es el de un país con preocupaciones económicas persistentes –costo de vida, empleo, seguridad– y con niveles de confianza institucional que no permiten excesos de triunfalismo.
En una elección donde ningún candidato supera el 40%, la legitimidad del árbitro y la percepción de estabilidad institucional pesan tanto como la intención de voto.
El margen estrecho convierte cualquier duda sobre el sistema electoral en un riesgo político real.
Metodología y territorio: no todas las fotos pesan igual
Atlas (6.468 entrevistas presenciales), Invamer (3.800) y Guarumo (3.867) trabajan en hogar, con cobertura regional amplia y diseño estratificado. GAD3 aplica encuesta telefónica (CATI), con ponderación por variables sociodemográficas y recuerdo de voto 2022.
Las diferencias no son menores. La encuesta telefónica puede captar con mayor rapidez segmentos urbanos conectados; la presencial incorpora con mayor densidad zonas rurales y estratos bajos.
En un país donde la geografía electoral es determinante, esas variaciones metodológicas influyen en los matices, aunque no alteran el cuadro general de fragmentación.
Lo que sí es claro
Tomadas en conjunto, las cuatro encuestas permiten afirmar con prudencia tres cosas:
1. La segunda vuelta es inevitable.
2. Ningún candidato tiene hoy mayoría consolidada.
3. El voto de rechazo es un factor estructural.
No hay ola ni colapso. Hay competencia cerrada entre bloques minoritarios con capacidad similar de movilización.
La elección de 2026 no se perfila como una contienda entre un candidato dominante y un retador rezagado. Se perfila como una disputa por ampliar techo en un electorado que, hasta ahora, se mueve en el rango del 30–35% para sus principales referentes.
Una campaña por ampliar techo
En ese contexto, la pregunta no es quién lidera hoy. Es quién puede crecer sin disparar el rechazo. Las encuestas sugieren que tanto el bloque de continuidad como la oposición dura enfrentan límites visibles. El centro conserva espacio potencial, pero no logra capitalizarlo plenamente.
Con márgenes estrechos, cada punto adicional depende menos de la fidelidad del voto duro y más de la capacidad para convencer al electorado escéptico.
Las cifras no anticipan desenlace. Pero sí delimitan el campo de juego: una elección abierta, sin mayoría clara y con un segmento significativo que aún no se siente representado.
Eso, más que el nombre que encabece la tabla esta semana, es el dato político central del momento.