A menos de un año de las elecciones presidenciales y legislativas de 2026, el voto joven en Colombia se perfila como el gran factor de incertidumbre electoral.
El 70% de los jóvenes aún no sabe por quién votará a la Presidencia, pese a que el 66% manifiesta su intención de acudir a las urnas.
A menos de un año de las elecciones presidenciales y legislativas de 2026, el voto joven en Colombia se perfila como el gran factor de incertidumbre electoral. El 70% de los ciudadanos entre 18 y 32 años aún no sabe por quién votará a la Presidencia, pese a que el 66% manifiesta su intención de acudir a las urnas. Así lo revela la encuesta ‘Jóvenes en Sociedad’, elaborada por Cifras y Conceptos en alianza con Fundación Corona, Fundación Bolívar Davivienda y LSE Cities.
El estudio, aplicado a 3.221 jóvenes en 46 municipios del país, dibuja un panorama complejo: hay voluntad de participación, pero no hay conexión con la oferta política que hoy tienen ante sus ojos. La mayoría quiere votar, pero no encuentra un liderazgo que represente sus prioridades ni un discurso que traduzca sus expectativas en propuestas concretas.
La primera gran tensión que revela la encuesta es institucional. El 61% considera importante vivir en un país gobernado democráticamente. Sin embargo, solo el 20% se declara satisfecho con el funcionamiento de la democracia en Colombia y apenas el 37% se siente representado. La juventud no está cuestionando el sistema en sí, sino su eficacia y su capacidad de respuesta.
Este dato cobra relevancia en un contexto donde la legitimidad democrática ha sido objeto de debate público. La encuesta sugiere que el problema no es el desinterés político, sino la desconexión. Existe una brecha entre el deseo de participar y la percepción de que esa participación tenga efectos reales.
Uno de los factores que profundiza esa distancia es la información. El 53% asegura que no participa por falta de información sobre cómo hacerlo. No obstante, más que una ausencia de datos, el estudio apunta a un problema de confianza. La credibilidad en los medios de comunicación se ubica en 35% y en los influenciadores digitales en apenas 22%. La generación hiperconectada desconfía tanto de los canales tradicionales como de las nuevas plataformas.
En términos electorales, esta combinación de intención de voto alta e indecisión masiva convierte al electorado joven en un terreno en disputa. Con siete de cada diez sin candidato definido, cualquier campaña que logre interpretar sus demandas podría modificar sustancialmente el mapa político de 2026. No se trata solo de movilización, sino de identificación.
Las prioridades juveniles también rompen estereotipos. La principal preocupación es la atención en salud (51%), seguida de la inseguridad (49%) y la falta de empleo (44%). La agenda juvenil está anclada en problemas estructurales y cotidianos, no exclusivamente en debates ideológicos o culturales. Esto implica que los discursos simbólicos, sin soluciones tangibles, podrían tener un impacto limitado.
El panorama laboral refuerza esta lectura. Solo cuatro de cada diez jóvenes consideran que los empleos que han tenido les han permitido avanzar en su proyecto de vida. Persisten barreras estructurales como la falta de recursos económicos para educarse (24%) y la exigencia de experiencia laboral que no poseen (20%). La percepción de estancamiento económico afecta la confianza en el futuro y, por extensión, en las instituciones.
Sin embargo, el estudio también arroja señales de resiliencia. La emoción predominante es la alegría (74%), seguida de la sorpresa (47%). Aunque existe descontento institucional, no se observa una ruptura emocional con el país ni un pesimismo generalizado. Más bien, se evidencia una expectativa de cambio acompañada de cautela.
Otro hallazgo clave es la centralidad de lo local. El 74% considera que los Consejos Municipales de Juventud generan impactos positivos para su futuro. Además, el 38% participaría más activamente en política si viera mejoras tangibles en su comunidad. Esto sugiere que la reconstrucción de confianza podría comenzar desde el ámbito municipal y no necesariamente desde las grandes narrativas nacionales.
En este escenario, el 70% de indecisos no es un síntoma de apatía, sino un indicador de oportunidad política. Las campañas que logren articular propuestas claras en salud, seguridad y empleo, demostrar capacidad de ejecución y fortalecer canales de información creíbles podrían capturar un electorado amplio y determinante.
De cara a 2026, la juventud colombiana no aparece indiferente ni desmovilizada. Aparece exigente. Quiere votar, pero no a cualquier precio. Quiere democracia, pero con resultados. En esa tensión entre expectativa y representación se jugará buena parte del desenlace electoral.