Perú vuelve a cambiar de jefe de Estado. El izquierdista José María Balcázar fue elegido como presidente del Congreso y asumió automáticamente la Presidencia de
José María Balcázar asume la presidencia interina en medio de nueva crisis.
Perú vuelve a cambiar de jefe de Estado. El izquierdista José María Balcázar fue elegido como presidente del Congreso y asumió automáticamente la Presidencia de la República de manera interina, tras la destitución de José Jerí por acusaciones de corrupción. Con este relevo, el país suma ocho mandatarios desde 2016, una cifra que retrata la inestabilidad crónica que atraviesa el sistema político peruano.
La Constitución establece que, ante la vacancia presidencial, el titular del Parlamento debe asumir el Ejecutivo. Así, Balcázar —abogado de 83 años y congresista de Perú Libre— gobernará hasta el 26 de julio, cuando tome posesión el presidente que resulte elegido en los comicios del 12 de abril.
Su elección se produjo en una sesión extraordinaria en la que obtuvo 60 votos frente a otros tres aspirantes, entre ellos la exjefa del Legislativo María del Carmen Alva. Balcázar juró el cargo prometiendo una “transición democrática y electoral pacífica y transparente”, en un intento por enviar un mensaje de calma en medio de la turbulencia.
Sin embargo, su llegada no está exenta de cuestionamientos. Además de investigaciones pasadas por presunta apropiación indebida de fondos, arrastra polémicas declaraciones realizadas en 2023, cuando afirmó en el Congreso que “las relaciones sexuales tempranas ayudan al desarrollo psicológico futuro de la mujer”, durante un debate sobre la prohibición del matrimonio infantil. La Coordinadora Nacional de Derechos Humanos alertó tras su designación que tales afirmaciones “vulneran estándares de protección de la niñez”.
El trasfondo político agrava la incertidumbre. Perú Libre es el partido con el que llegó al poder en 2021 el expresidente Pedro Castillo, hoy encarcelado tras intentar disolver el Congreso en diciembre de 2022. Para sectores conservadores, el ascenso de Balcázar revive temores de un retorno a ese ciclo de confrontación entre Ejecutivo y Legislativo.
La caída de Jerí, de 39 años, fue igualmente abrupta. El Congreso lo destituyó por “inconducta y falta de idoneidad” en un proceso acelerado, luego de que la fiscalía abriera investigaciones por presunto tráfico de influencias, vinculadas a reuniones con un empresario chino y a la contratación irregular de personal. Jerí había asumido en octubre tras la salida de Dina Boluarte, destituida en medio de críticas por su manejo de la inseguridad.
El carácter vertiginoso de estas decisiones ha generado divisiones incluso dentro del Parlamento. El congresista Fernando Rospigliosi calificó de “error gravísimo” la destitución de Jerí y cuestionó el procedimiento empleado, al considerar que debía aplicarse la figura de vacancia presidencial y no una moción de censura. Además, expresó dudas sobre la independencia de Balcázar y se preguntó “quién está detrás de él”, en alusión velada al líder de Perú Libre, Vladimir Cerrón, prófugo de la justicia desde hace más de dos años.
El momento político es especialmente delicado. Más de 30 candidatos compiten por la Presidencia en abril, en unos comicios que también marcarán el retorno al Parlamento bicameral. El politólogo Fernando Tuesta ha advertido que la crisis puede convertirse en una carga electoral para los partidos que promovieron la destitución de Jerí, entre ellos Fuerza Popular, liderado por Keiko Fujimori.
La inestabilidad no es nueva. Desde 2016, casi todos los presidentes peruanos han enfrentado procesos judiciales o destituciones. Los exmandatarios Alejandro Toledo y Ollanta Humala cumplen condenas por corrupción, mientras Castillo permanece preso. Esta sucesión de crisis ha erosionado la confianza ciudadana en las instituciones y convertido al Congreso en epicentro de disputas de poder.
En este contexto, el reto inmediato de Balcázar será garantizar elecciones creíbles en un clima de polarización y sospechas. Su mandato será breve, pero simbólicamente determinante: cualquier señal de interferencia o favoritismo podría desatar nuevas tensiones en un país exhausto de sobresaltos políticos.
Más allá de los nombres, la pregunta de fondo es si Perú podrá romper el ciclo de presidentes efímeros y confrontaciones institucionales que ha marcado la última década. El 12 de abril no solo se elegirá un nuevo mandatario, sino que se pondrá a prueba la capacidad del sistema para estabilizarse. Mientras tanto, el país suma otro capítulo a una crisis que parece no dar tregua.