Roy Barreras y la estrategia del ‘distanciamiento calculado’ con Petro

Por Cristian Verbel

En las últimas semanas me ha sorprendido escuchar, en conversaciones privadas con dirigentes empresariales, políticos regionales y operadores de campaña, una fr

Roy Barreras y la estrategia del ‘distanciamiento calculado’ con Petro

El exembajador y candidato presidencial busca imponerse en la izquierda moderada y capturar el voto de centro.


En las últimas semanas me ha sorprendido escuchar, en conversaciones privadas con dirigentes empresariales, políticos regionales y operadores de campaña, una frase que se repite con naturalidad: “prefiero a Roy que a Cepeda”. No ha sido una voz aislada. Han sido varias. Y ese murmullo, que aún no es encuesta pero sí clima político, merece una lectura estratégica.


Roy Barreras no está improvisando. Sabe exactamente a qué jugó. Forzó una ruptura controlada con Gustavo Petro, instaló la idea de que el Presidente podría ser su fórmula vicepresidencial, respaldó la decisión de Petro de no participar en la consulta y, al mismo tiempo, se desmarcó ideológicamente con una frase calculada: “no soy de izquierda”. Nada de eso es accidental.


La apuesta es clara. Roy busca consolidarse como el candidato de una izquierda menos radical, capaz de atraer estructuras territoriales y votantes que temen la confrontación permanente. 


En su entorno dan por hecho que su consulta “a la medida” puede superar los 2,5 millones de votos. Si eso ocurre, no solo se impondrá dentro de ese espectro; se reposicionará como interlocutor viable ante sectores moderados.


El contraste con Iván Cepeda es funcional. Cepeda representa coherencia ideológica, militancia histórica y discurso firme. Roy encarna pragmatismo, negociación y construcción de mayorías. Son perfiles distintos. Y esa diferencia es precisamente la que Roy necesita para crecer hacia el centro.


Pero el punto más delicado está en la relación con Petro. El distanciamiento público –los gestos de frialdad, el llamado a no votar la consulta– puede leerse como ruptura. Sin embargo, la política rara vez es tan lineal. 


Quienes conocen la dinámica del poder saben que Petro entiende el valor de jugar a dos bandas: permitir que un aspirante se proyecte como moderado mientras otro preserva la pureza ideológica del proyecto. No necesariamente es confrontación; puede ser distribución de roles.


En esa ecuación, Armando Benedetti no es un actor marginal. Es un operador con experiencia en arquitectura electoral y conoce los costos y beneficios de cada movimiento. La estrategia de tensión controlada no le es ajena.


Cepeda y Roy compiten por algo más que votos: compiten por legitimidad dentro del universo petrista. Podría decirse que ambos orbitan alrededor del mismo centro de gravedad. La diferencia es que uno apuesta por la fidelidad ideológica y el otro por la expansión pragmática.


El riesgo para Roy es evidente: si la ruptura parece fingida, perderá credibilidad ante el centro. Si parece traición, perderá base. El riesgo para Petro también existe: jugar a dos bandas puede fragmentar su propio capital político si el cálculo falla.


Lo que hoy se percibe en ciertos círculos –esa preferencia silenciosa por Roy frente a Cepeda– no es una anécdota. Es la señal de que el electorado moderado busca un rostro menos confrontacional sin abandonar del todo el cambio político que representó 2022.


La pregunta no es si Roy sabe lo que hace. Todo indica que sí. La pregunta es si el país entenderá la jugada como renovación o como simple reacomodo de poder.


En esa respuesta se definirá no solo una consulta, sino el rumbo del centro político en Colombia.