Sin petróleo venezolano, Cuba enfrenta nuevo pulso con Washington

Por Redacción Acento

Las declaraciones de Donald Trump sobre un inminente colapso en Cuba reconfiguran el tablero geopolítico del Caribe en un momento de alta tensión energética. “C

Sin petróleo venezolano, Cuba enfrenta nuevo pulso con Washington

Donald Trump sostiene que el régimen de la isla está a punto de caer. 


Las declaraciones de Donald Trump sobre un inminente colapso en Cuba reconfiguran el tablero geopolítico del Caribe en un momento de alta tensión energética. “Cuba está a punto de caer”, afirmó el mandatario en un mitin en Iowa, al vincular la fragilidad de la isla con el fin de los envíos de petróleo desde Venezuela y con la caída de Nicolás Maduro, capturado tras la intervención estadounidense del 3 de noviembre.


Para Washington, el corte del suministro venezolano es una pieza central de una estrategia de presión que apunta a provocar un cambio de régimen en La Habana. Trump aseguró que Cuba “obtenía su dinero y su petróleo de Venezuela”, y que esa fuente se agotó tras la captura de Maduro y de Cilia Flores, trasladados a Nueva York para enfrentar cargos por narcotráfico.


En paralelo, afirmó que Estados Unidos mantiene una “presencia muy fuerte” en Venezuela y que trabaja “de manera excelente” con un gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez.


Más allá de la retórica, el factor energético es determinante. Durante años, el petróleo venezolano funcionó como sostén estructural de la economía cubana. La reducción de esos envíos dejó a la isla con una dependencia crítica de nuevos proveedores.


En ese contexto, México emergió como un salvavidas. Desde 2023, Petróleos Mexicanos comenzó a enviar crudo a Cuba para compensar el déficit. Sin embargo, un reporte de Bloomberg reveló que un cargamento previsto para enero fue retirado del programa de exportaciones sin explicación pública. Aunque no se trata de una suspensión total, la cancelación ocurre en medio de la creciente presión estadounidense.


Investigaciones de la organización Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad estimaron que entre mayo y agosto México envió combustible valorado en alrededor de 3.000 millones de dólares, además de casi 900 mil barriles de crudo y 25 millones de litros de diésel en meses posteriores. La periodista Verónica Ayala documentó, mediante rastreo satelital, operaciones del buque Ocean Mariner transportando hidrocarburos desde Coatzacoalcos hacia puertos cubanos.


Si México reduce o condiciona sus envíos, el impacto en la isla podría ser inmediato. Cuba atraviesa una profunda crisis energética marcada por apagones prolongados, escasez de combustible y protestas esporádicas. El descontento social ha vuelto a expresarse con cacerolazos en distintas ciudades. La energía no es solo un insumo económico: sostiene transporte, producción de alimentos, hospitales y servicios básicos. Su ausencia amplifica la fragilidad estructural.


La respuesta del gobierno cubano fue tajante. Miguel Díaz-Canel calificó la intervención en Caracas como un “acto de terrorismo” y advirtió que no habrá rendición ni concesiones bajo coerción. La Habana sostiene que no aceptará intimidaciones ni amenazas, incluso si Washington contempla el uso de la fuerza militar.


En Washington, la presión política también escala. La congresista María Elvira Salazar aseguró haber pedido a la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum que deje de financiar al régimen cubano con petróleo. El congresista Carlos Giménez afirmó que al gobierno cubano “le queda poco”. Estas declaraciones reflejan una convergencia entre la Casa Blanca y sectores del Congreso en favor de intensificar la presión energética.


El escenario plantea varias incógnitas. Primero, si la asfixia energética puede traducirse efectivamente en un cambio político en Cuba, o si, por el contrario, profundizará el aislamiento y la crisis humanitaria sin alterar el control interno del poder. Segundo, si México mantendrá una política ambigua o si redefinirá abiertamente su postura ante La Habana.


Para Trump, el debilitamiento energético de Cuba es evidencia de que su estrategia regional funciona. Para el gobierno cubano, se trata de una agresión externa que busca forzar concesiones soberanas. Entre ambas narrativas, la realidad en la isla es concreta: menos combustible implica más apagones, menos transporte y mayor precariedad cotidiana.


La pregunta de fondo no es solo si Cuba está “al borde del colapso”, como afirma Trump, sino qué tipo de desenlace produciría ese colapso. La historia reciente muestra que las crisis económicas severas no siempre desembocan en transiciones políticas inmediatas. Lo que sí generan, casi sin excepción, es un deterioro acelerado de las condiciones de vida.


Mientras no haya confirmación oficial de un cambio permanente en la política energética mexicana, el tablero sigue en movimiento. Pero el mensaje político es claro: la energía se ha convertido en la principal herramienta de presión en la disputa por el futuro de Cuba.