Según el poderoso empresario, la IA puede convertirse en una herramienta poderosa para reducir brechas. Bill Gates volvió a intervenir en el debate global con u
Según el poderoso empresario, la IA puede convertirse en una herramienta poderosa para reducir brechas.
Bill Gates volvió a intervenir en el debate global con un mensaje que combina esperanza y cautela. En su carta anual publicada en Gates Notes, titulada ‘Optimismo con notas a pie de página’, el cofundador de Microsoft sostiene que la humanidad sigue teniendo razones para confiar en el progreso, pero advierte que ese avance ya no es automático ni está garantizado. Las decisiones que se tomen en el corto plazo, especialmente en los próximos cinco años, serán determinantes para evitar retrocesos y aprovechar el potencial de la innovación, en particular de la inteligencia artificial (IA).
El texto refleja un cambio de tono respecto a años anteriores. Gates no abandona su visión optimista del futuro, pero la matiza con datos que muestran un mundo más frágil. Por primera vez en lo que va del siglo, la mortalidad infantil volvió a aumentar: de 4,6 millones de muertes en 2024 a 4,8 millones en 2025. Para Gates, este retroceso no es producto del azar, sino de una reducción sostenida del apoyo financiero de los países ricos a los más pobres, especialmente en salud.
La advertencia es clara: si la financiación sanitaria global se reduce un 20%, hasta 12 millones de niños podrían morir de aquí a 2045 por causas prevenibles. El dato contrasta con otra cifra que Gates subraya con énfasis: la ayuda internacional representa menos del 1% del PIB de los países más generosos. El problema, entonces, no es la falta de recursos, sino la falta de voluntad política.
Aun así, Gates descarta escenarios apocalípticos. Asegura que los avances científicos acumulados hacen imposible un retorno a las condiciones del año 2000, cuando más de 10 millones de niños morían anualmente por enfermedades prevenibles. El progreso existe, pero puede ralentizarse, concentrarse o volverse desigual si no se toman decisiones correctivas.
En ese punto, la innovación aparece como eje central de su análisis. Gates recuerda que el VIH pasó de ser una sentencia de muerte a una enfermedad tratable y proyecta que, hacia la década de 2040, las muertes por VIH/SIDA podrían prácticamente desaparecer. Sin embargo, insiste en que la tecnología por sí sola no basta. La pregunta clave no es si existen soluciones, sino si el mundo está dispuesto a ampliarlas y hacerlas accesibles para quienes más las necesitan.
El debate se vuelve especialmente relevante en temas como el cambio climático y la salud pública, donde Gates advierte que el mercado no corregirá las desigualdades sin políticas públicas sólidas. En ese contexto, la inteligencia artificial ocupa un lugar central. Según Gates, la IA puede convertirse en una herramienta poderosa para reducir brechas, al permitir que agricultores pobres accedan a información climática, de precios y de salud del suelo comparable —o superior— a la que hoy tienen los productores más ricos.
“(La IA) es la que más cambiará la sociedad. Ayudará a resolver muchos de nuestros problemas actuales, a la vez que planteará nuevos desafíos muy diferentes a las innovaciones pasadas”, puntualizó.
Pero la IA también concentra los mayores riesgos. Gates identifica dos amenazas principales: su uso por actores malintencionados y su impacto disruptivo en el empleo. Lanza una advertencia inquietante al señalar que un escenario más peligroso que una pandemia natural sería el uso de IA por una organización no estatal para desarrollar un arma bioterrorista. De ahí su insistencia en la necesidad de regular, gobernar y anticipar los usos de esta tecnología.
En el plano laboral, reconoce que el impacto ya está en marcha y que se intensificará en los próximos cinco años. La transformación del trabajo, sostiene, obligará a replantear cómo se distribuye la riqueza y cuál será el rol del empleo en las sociedades del futuro.
El mensaje final de Gates no es ingenuo, pero tampoco derrotista. Su optimismo se apoya en dos capacidades humanas que considera intactas: la de anticiparse a los problemas y la de cuidarse mutuamente.
El cofundador de Microsoft recalcó la capacidad humana “de anticiparnos a los problemas” y “nuestra capacidad de cuidarnos unos a otros”. Para él, mientras esas dos cualidades sigan vivas, el mundo aún tiene una oportunidad real de progreso.