Venezuela ya no es refugio: los cabecillas del Eln y las disidencias planean volver a Colombia

Por Redacción Acento

La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses ha cambiado la estrategia de los grupos armados colombianos. Durante más de veinte años, Venezuela se c

Venezuela ya no es refugio: los cabecillas del Eln y las disidencias planean volver a Colombia

La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses ha cambiado la estrategia de los grupos armados colombianos.

Durante más de veinte años, Venezuela se consolidó como un refugio estratégico para grupos armados ilegales colombianos. Eln y las disidencias de las Farc encontraron en ese país un espacio seguro para operar, desplazarse y reorganizarse, en algunos casos bajo la protección tácita del chavismo. 

Sin embargo, la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el 3 de enero de 2026 marcó un quiebre inesperado en esa dinámica. La pérdida de la protección política que por décadas les permitió mantenerse relativamente intactos ha generado un escenario de incertidumbre para estas organizaciones y sus cabecillas, quienes ahora evalúan un posible retorno a Colombia o un repliegue estratégico hacia otros territorios aliados.

Décadas de refugio del Eln 

El Eln ha utilizado territorio venezolano como santuario desde los años ochenta, buscando evadir los operativos de las autoridades colombianas. La llegada de Hugo Chávez a la presidencia en 1999 significó un punto de inflexión, consolidando una relación más favorable entre el Estado venezolano y la guerrilla. Esto permitió que mandos históricos pudieran asentarse en Venezuela sin mayor interferencia, coordinando operaciones y manteniendo sus estructuras intactas. 

Entre los cabecillas que permanecen en el país se encuentran Eliécer Herlinto Chamorro, alias ‘Antonio García’, Israel Ramírez Pineda, alias ‘Pablo Beltrán’, y Gustavo Aníbal Giraldo, alias ‘Pablito’. Aunque Nicolás Rodríguez Bautista, alias ‘Gabino’, se encuentra desvinculado por motivos de salud, mantiene un rol simbólico dentro del Comando Central (COCE). La línea política y militar del grupo sigue siendo definida por ‘Antonio García’, mientras otros mandos regionales consolidan su influencia en distintas zonas fronterizas. Esta cúpula ha sido señalada por su participación en atentados de alto impacto, incluido el perpetrado contra la Escuela Militar de Cadetes General Santander en 2019, así como múltiples procesos por homicidio, secuestro y terrorismo.

Las disidencias de la Segunda Marquetalia a Iván Mordisco

Las disidencias de las Farc, por su parte, han seguido un patrón similar. La Segunda Marquetalia, surgida tras rechazar el proceso de paz, mantiene presencia en la frontera colombo-venezolana, operando en departamentos colombianos como Vichada y Guainía, y en los estados venezolanos de Amazonas, Bolívar y Apure.

Su líder, Luciano Marín Arango, alias ‘Iván Márquez’, exmiembro del Secretariado de las Farc, se encuentra en Venezuela, aunque su estado de salud tras un ataque en 2022 que le dejó secuelas graves es desconocido. 

Otros cabecillas de esta estructura incluyen a José Vicente Lesmes, alias ‘Walter Mendoza’, José Aldemar Rojas, alias ‘El Zarco Aldemar’, y Géner García Molina, alias ‘Jhon 40’. La concentración de estos mandos en Venezuela ha permitido que las disidencias mantengan una estructura coordinada, con capacidad de reorganización y control territorial, aun frente a operaciones de seguridad.

En un nivel menor, pero no menos significativo, se encuentran las disidencias de Iván Mordisco, que cuentan con apenas dos cabecillas identificados en Venezuela: Javier Alonso Veloza García, alias ‘Jhon Mechas’, y Géner García Molina, alias ‘Jhon 40’. 

La reciente convocatoria de Mordisco a una “cumbre de comandantes insurgentes” en respuesta al ataque estadounidense que culminó con la captura de Maduro evidencia que, pese a su menor tamaño, esta estructura busca consolidar alianzas y coordinación, dejando ver la posibilidad de movimientos estratégicos hacia Colombia y de incremento de tensiones en la frontera.

Un riesgo para Colombia 

El repliegue de estos grupos hacia Colombia representa un desafío directo para la seguridad fronteriza. La pérdida de refugios seguros en Venezuela, combinada con la concentración de cabecillas, puede facilitar la reorganización de estructuras y la consolidación de nuevas alianzas, aumentando el riesgo de violencia, extorsión y control territorial en zonas estratégicas. 

Ante esta situación, las autoridades colombianas han declarado máxima alerta y reforzado los controles en la frontera, conscientes de que cualquier movimiento de estas organizaciones podría traducirse en un aumento inmediato de la criminalidad y la presión sobre comunidades fronterizas.

Y es que, históricamente, la frontera colombo-venezolana ha sido escenario de complejas dinámicas de poder. La protección que ofrecía el chavismo permitió la supervivencia de mandos clave de estas guerrillas, mientras que la muerte o desaparición de líderes en el pasado, como Seuxis Pausias Hernández, alias ‘Jesús Santrich’, Hernán Darío Velásquez, alias ‘El Paisa’, y Henry Castellanos Garzón, alias ‘Romaña’, dejó claros vacíos de poder que nunca fueron esclarecidos oficialmente. 

Esto refleja un patrón de riesgo para Colombia: cada cambio en el tablero político de Venezuela tiene repercusiones directas en el control territorial y la actividad de grupos armados ilegales.

La caída de Maduro no solo transforma el mapa geopolítico en la región, sino que también reconfigura la estrategia de organizaciones con décadas de experiencia en conflicto armado. 

La incertidumbre sobre su destino y el potencial retorno de cabecillas a Colombia coloca al país en un momento crítico, donde la inteligencia y la acción coordinada serán determinantes para prevenir que la reorganización de estas estructuras derive en un recrudecimiento del conflicto en la frontera.

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