Delcy y Jorge Rodríguez deben mantener la cohesión interna y atender las exigencias de Estados Unidos en un contexto de incertidumbre económica y política. En u
Delcy y Jorge Rodríguez deben mantener la cohesión interna y atender las exigencias de Estados Unidos en un contexto de incertidumbre económica y política.
En una escena casi surrealista, el presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, ratificado en el cargo, juramentó el pasado 5 de enero a su hermana Delcy Rodríguez como presidenta encargada, en coincidencia con la instalación de la nueva Asamblea Nacional para un mandato de cinco años.
Los hermanos Rodríguez forman parte de la facción de poder que rodeaba al detenido líder chavista en Estados Unidos, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores. También integran este círculo Diosdado Cabello, ministro del Interior y Justicia, y Vladimir Padrino López, ministro de la Defensa, mientras que el exministro de Petróleo, Tareck El Aissami, fue apartado del grupo hace casi dos años, según analistas, en un proceso de “decapitación política” con la participación de los otros miembros del círculo.
Tras la extracción de Maduro y Flores en una operación militar estadounidense la madrugada del 3 de enero, los Rodríguez emergen como los nuevos actores principales del país. Sin embargo, expertos advierten que no poseen un poder absoluto: deben equilibrar la cohesión interna del chavismo mientras atienden las demandas de Washington, lo que se percibe como un escenario inédito y delicado para el gobierno encargado.
Triángulo de poder sin jerarquía
Durante la juramentación, Delcy Rodríguez rindió homenaje a “los dos héroes y rehenes en EE.UU.”, al expresidente Hugo Chávez, a su padre y a su familia, prometiendo un gobierno que “garantice felicidad social, estabilidad política y seguridad” al país. A su derecha se encontraban Cabello y Padrino López, y a su izquierda, Nicolás Maduro Guerra, hijo de Maduro, quien advirtió que la historia juzgará a quienes traicionaron a su padre.
El discurso de Delcy fue antimperialista, aunque evitó atacar directamente al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pese a la incursión militar que capturó a Maduro y Flores.
“Desde la muerte de Chávez, el chavismo se fragmenta en un archipiélago de poder, con varios sublíderes que no se subordinan automáticamente al líder principal”, explica Carmen Beatriz Fernández, consultora política. Antes, los islotes de poder eran seis: Maduro y Cilia, Rafael Ramírez, Tareck El Aissami, los hermanos Rodríguez y otro grupo menor. Tras la salida de Ramírez y El Aissami, el archipiélago se redujo a cuatro y ahora, con la captura de Maduro y Flores, queda conformado principalmente por los Rodríguez, Cabello y Padrino.
Fernández destaca que “el triángulo de poder no es jerárquico. Delcy Rodríguez y su hermano aparecen como líderes visibles, pero Cabello y Padrino no necesariamente se consideran subordinados. Mantener este equilibrio mientras se cumplen los pedidos de Washington y se mantienen satisfechas las bases del chavismo será una tarea complicada”.
Por su parte, el politólogo Piero Trepiccione apunta que las decisiones que Delcy Rodríguez tome en materia económica serán un indicio clave de su rumbo y del grado de cooperación con Estados Unidos. Mientras la narrativa oficial sigue siendo antiimperialista y nacionalista, Trump declaró que Delcy “está cooperando” y exigió “acceso total” a recursos para “reconstruir” Venezuela, amenazando con sanciones si no cumple.
Sin embargo, la cooperación con Washington no implica la desarticulación del aparato represivo interno. El 5 de enero se reportaron alcabalas de colectivos armados revisando vehículos y pertenencias de ciudadanos, además de la detención de dos adultos mayores en Mérida por celebrar la captura de Maduro y Flores. Asimismo, 14 periodistas —la mayoría extranjeros— fueron detenidos y liberados horas después, mientras uno fue deportado.
En paralelo, Jorge Rodríguez llamó al diálogo con la oposición durante la instalación de la AN, pero el mismo día se publicó en Gaceta Oficial un decreto de Estado de Conmoción que autoriza la búsqueda y captura de personas involucradas en la operación estadounidense, avivando temores de nuevas detenciones.
Analistas consideran que el gobierno de Delcy Rodríguez funcionará como un experimento de poder compartido, con un equilibrio inestable entre la facción gobernante y la presión de Estados Unidos. “En el imaginario del chavismo hay elementos confrontacionales con EE.UU., por lo que el trabajo narrativo y estratégico del gobierno encargado no será fácil”, apunta Trepiccione.
El círculo más estrecho del poder, liderado por Cabello, sostiene que la revolución trasciende a un líder, pero la captura de Maduro y Flores y la sospecha de traiciones internas marcan un escenario complejo.
Implicaciones para la población
Mientras se reorganiza el poder político, la ciudadanía enfrenta la incertidumbre. Denuncias de controles ilegales, detenciones arbitrarias y represión a periodistas reflejan la continuidad de un aparato de control social, aunque la prioridad de Estados Unidos parece estar en la economía.
Organizaciones defensoras de derechos humanos, como Provea, y expertos como Edmundo González advierten que sin cese de la represión y liberación de presos políticos —más de 800 según Foro Penal— no hay transición democrática posible.
Para los Rodríguez, el desafío será doble: equilibrar la influencia de Estados Unidos con las demandas del chavismo radical y gestionar un país en tensión política y económica, en medio de un escenario que analistas describen como “experimento con Venezuela”.