El telescopio James Webb detecta indicios de atmósfera en TOI-561 b, un planeta de roca fundida a 280 años luz de la Tierra. Detalles del hallazgo.
Las observaciones del telescopio James Webb sugieren que el planeta TOI-561 b, ubicado a 280 años luz de la Tierra, conserva una atmósfera que, según las teorías, debió desaparecer hace miles de millones de años. Los investigadores plantean que nubes compuestas por minerales de silicato podrían explicar este fenómeno, al reflejar gran parte de la luz de su estrella.
El planeta presenta condiciones extremas. Por su cercanía a la estrella que orbita, uno de sus hemisferios permanece iluminado mientras el otro queda en oscuridad permanente, y en su superficie podría existir un océano global de roca fundida. La astrofísica Anjali Piette, de la Universidad de Birmingham, afirmó: «Nuestro descubrimiento desafía las teorías actuales. Cabría esperar que un planeta rocoso fuertemente irradiado como TOI-561 b hubiera perdido su atmósfera hace miles de millones de años». Añadió que «la evidencia sugiere que aún conserva una atmósfera significativa».
Las mediciones muestran que TOI-561 b refleja aproximadamente el 75 % de la luz estelar que recibe, lo que ayudaría a explicar por qué su lado iluminado es menos caliente de lo que se esperaba. Lisa Dang, profesora de la Universidad de Waterloo y líder del proyecto, explicó que la técnica conocida como curva de fase mostró que el planeta refleja una cantidad significativa de luz y que el calor se redistribuye alrededor del planeta. Según Dang, en conjunto, estos hallazgos sugieren la presencia de una atmósfera.
El origen y la composición de esa atmósfera siguen sin resolverse. Los científicos consideran que podría contener dióxido de carbono o dióxido de azufre, aunque aún no han determinado cuáles son sus componentes principales. Piette planteó que el interior fundido del planeta podría liberar gases de manera constante y reponer los que escapan al espacio, y comparó el océano de roca líquida con «un volcán a escala planetaria que alimenta constantemente su atmósfera». El equipo prevé nuevas observaciones con James Webb para determinar si este mundo se parece más a Venus o a Ío, una luna de Júpiter marcada por su intensa actividad volcánica.
Foto: Getty Images/Science Photo Libra.