Uribe defiende a Paloma Valencia: “No la condenen por mis errores” y pide elegirla como primera presidenta de Colombia
El expresidente Álvaro Uribe Vélez tomó la palabra esta semana para despejar un equívoco que, según él, ha pesado injustamente sobre Paloma Valencia: las críticas al proceso de paz de La Habana no son culpa de la senadora, sino del propio Uribe. “No la condenen a ella por mis errores”, dijo sin ambages, en uno de sus respaldos más explícitos y personales a una figura política en años recientes.
El mensaje llegó en un momento clave del calendario electoral. La Gran Consulta del 8 de marzo dejó a Valencia como la figura más votada del Centro Democrático, pero también con la carga del desgaste acumulado del uribismo. El propio expresidente lo reconoció sin rodeos: lo que él pudo errar, ella lo corrige; lo bueno, lo multiplica.
La Habana: el argumento que Uribe asume como propio
El expresidente fue explícito sobre el origen de las críticas al partido en materia de paz. Su tesis es clara: la impunidad del Acuerdo de La Habana sentó un precedente peligroso al otorgar elegibilidad política a actores que cometieron delitos atroces, incluyendo secuestros y violaciones de menores. Ese argumento, sostiene Uribe, es suyo y no debe pesar sobre Valencia.
Los datos que citó son contundentes. En 2012, Colombia tenía 48.000 hectáreas de cultivos ilícitos. Al cambio de gobierno en 2018, la cifra llegó a 220.000. Hoy supera las 300.000 hectáreas. “Eso hace inviable al país”, afirmó, señalando además que actualmente hay 26.000 personas en armas y que las ciudades enfrentan una proliferación de bandas y tráfico de drogas.
Uribe también criticó el costo burocrático del proceso y la ecuación que, a su juicio, igualó a las Fuerzas Militares con el terrorismo: “Nuestras fuerzas armadas son profesionales, constitucionales y no han servido a dictadores ni se han beneficiado de la impunidad.”
Valencia: propuesta social y autoridad sin impunidad
Más allá de la defensa, Uribe construyó un argumento propositivo. Describió a Valencia como una legisladora con capacidad real de concertar con diferentes gobiernos y de mantener diálogos incluso con adversarios ideológicos, como el exsenador David Luna. Esa habilidad, dijo, la distingue del perfil que él mismo reconoce haber generado en parte del uribismo.
Sobre su programa, destacó que Valencia tiene una propuesta social robusta para el campesinado —que incluye a los desmovilizados— y que sostiene una posición que el expresidente describió como el hilo conductor de toda su carrera: diálogo sí, impunidad no.
“Paloma es de principios, de convicciones, coherente y no oportunista. Es autoridad con corazón, autoridad maternal.”
El respaldo a la salida del vicepresidente de la Gran Consulta
En el mismo pronunciamiento, Uribe avaló que el vicepresidente salga de la Gran Consulta, en lo que se lee como un gesto de claridad estratégica: el partido no diluirá su candidatura en un proceso que, a su juicio, ya tiene un resultado político definido.
La apuesta histórica: primera mujer presidenta de Colombia
El cierre fue una invitación directa: elegir a Paloma Valencia como la primera mujer presidenta de Colombia. La frase no es retórica. Con el centro progresista fragmentado y el ciclo electoral abierto, el escenario favorece candidaturas con perfil técnico y bases ideológicas consolidadas.
La pregunta que queda sobre la mesa es si el respaldo de Uribe —que históricamente ha sido tanto activo como pasivo electoral— le suma más de lo que resta a Valencia ante un electorado que en las últimas elecciones ha tendido a castigar las candidaturas percibidas como demasiado cercanas al expresidente. La respuesta, como siempre en la política colombiana, la tiene el centro.