No fue un montaje: la cronología que compromete a Iván Cepeda con las FARC

Por Redacción Acento

Una investigación de La Silla Vacía, con el apoyo de La Liga Contra el Silencio, revela que los archivos de Raúl Reyes, en los que se menciona a Cepeda, muestra

No fue un montaje: la cronología que compromete a Iván Cepeda con las FARC

Una investigación de La Silla Vacía, con el apoyo de La Liga Contra el Silencio, revela que los archivos de Raúl Reyes, en los que se menciona a Cepeda, muestran el interés de las Farc, entonces aún en armas, en coordinar con el candidato una marcha en 2008. Cepeda ha dicho que los archivos fueron manipulados por el DAS, pero la metadata y la cronología de los documentos oficiales demuestran que su defensa —según la cual su nombre fue sembrado en los computadores incautados en la selva— no se sostiene.

La historia volvió cuando el calendario electoral empezó a apretar. Dieciocho años después del bombardeo al campamento de alias Raúl Reyes, el nombre de Iván Cepeda reaparece en los archivos incautados aquel 1 de marzo de 2008. No como rumor, no como trino reciclado, sino como parte de una investigación periodística que revisó los documentos originales, su metadata y su contexto político.

La conclusión es incómoda para el hoy candidato presidencial: no hay evidencia técnica de que su mención en los computadores de Reyes haya sido un montaje.

La investigación de La Silla Vacía, con apoyo de La Liga Contra el Silencio

Mención de Iván Cepeda en com…

, reconstruyó la cronología con base en los archivos originales, cotejados por distintas fuentes y cruzados con informes oficiales, entre ellos el reporte forense de Interpol.

2008: dos marchas, dos narrativas

El 4 de febrero de 2008 millones de colombianos salieron a las calles bajo una consigna directa: “No más FARC”. Fue una movilización global que golpeó políticamente al secretariado guerrillero.

Un día después, Iván Cepeda, entonces vocero del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), convocó una nueva marcha para el 6 de marzo. Su propósito, según dijo entonces, era visibilizar a las víctimas del paramilitarismo y de agentes del Estado.

En los correos hallados en los dispositivos de Reyes aparece, el 18 de febrero de 2008, una comunicación firmada por Inés Graciela Dorado, alias “Ingrid Storgen”, integrante del Comité Internacional de las FARC. Allí se lee:

“Por pedido del compañero Iván Cepeda estoy coordinando la unidad de las marchas que se harán en todos los países el próximo 6 de marzo”.

El archivo no está aislado. En días previos, alias Iván Márquez y Raúl Reyes discutían internamente la conveniencia de “apuntalar” la movilización. En otro documento se propone influir en la marcha con consignas contra el “terrorismo de Estado” y por el canje humanitario.

El propio Bloque Sur difundió un panfleto invitando a marchar, aunque aclarando que las FARC “no son promotoras de esta marcha”.

El contexto muestra interés estratégico de la guerrilla. No prueba una alianza formal. Pero tampoco respalda la tesis del montaje.

El argumento del montaje

Durante años, Cepeda sostuvo que su nombre había sido “sembrado” en los archivos por el DAS, en el marco de la llamada “Operación Estímulo”. Esa operación, efectivamente, existió. Documentos del DAS muestran que se diseñaron panfletos y vallas para desprestigiar la movilización del 6 de marzo.

Sin embargo, los registros internos del DAS no contienen evidencia de alteración de los computadores de Reyes. Además, la cronología es clave: la operación de infiltración fue concebida antes del bombardeo en Ecuador, y los informes posteriores se concentran en propaganda física, no en manipulación digital.

Cuando fue consultado nuevamente por los periodistas, Cepeda matizó su afirmación y reconoció que pudo haber habido un “malentendido” sobre la supuesta intervención directa en los archivos.

¿Qué dijo la Corte y qué dijo Interpol?

La Corte Suprema declaró ilegales las pruebas por violación a la cadena de custodia internacional, dado que los dispositivos fueron incautados en territorio ecuatoriano sin seguir protocolos formales. Pero no se pronunció sobre la veracidad del contenido.

Interpol, en su informe técnico, concluyó que no encontró indicios de creación, modificación o supresión de archivos después de la incautación.

Es decir: los archivos no pudieron usarse judicialmente en Colombia, pero no fueron declarados falsos.

Lo que falta explicar

Cepeda ha insistido en que la marcha fue organizada con víctimas y no con las FARC, y que no conoce a alias “Ingrid Storgen”. Sin embargo, la investigación documenta que Dorado sí existía, hacía parte de la estructura internacional de las FARC y operaba en Argentina y España como enlace de comunicaciones.

La pregunta que queda no es penal. Es política.

¿Qué nivel de conocimiento tenía Cepeda sobre el interés de las FARC en esa movilización internacional? ¿Hubo intermediarios? ¿Fue instrumentalizado? ¿O fue simplemente una coincidencia aprovechada por la guerrilla?

Dieciocho años después, en plena campaña presidencial, el episodio vuelve a escena no como consigna de adversarios, sino como hecho documentado. La historia no prueba una alianza orgánica. Tampoco respalda la tesis del montaje.

Y en democracia, cuando los documentos existen, el debate no se resuelve con descalificaciones, sino con explicaciones.