Los Misak en Bogotá 48 horas después del triunfo de 'El Tigre'

Por Nicolas Angarita

La llegada de una delegación del pueblo Misak a la capital evidencia una estrategia de supervivencia jurídica frente al cambio de gobierno. Con el reloj corrien

Los Misak en Bogotá 48 horas después del triunfo de 'El Tigre'

BOGOTÁ — Apenas 48 horas después de que las urnas consagraran al abogado Abelardo de la Espriella como presidente electo de Colombia, Bogotá volvió a convertirse en el epicentro de la efervescencia social y la presión étnica. El arribo el martes 23 de junio de una caravana de la Minga Indígena, integrada principalmente por el pueblo Misak del Cauca, abre un capítulo de altísima complejidad logística y política para la transición presidencial de 2026.

A diferencia de las grandes movilizaciones del pasado, esta incursión no responde a una agenda de confrontación a largo plazo, sino a una calculada anticipación táctica. Las comunidades originarias son plenamente conscientes de que el mandato de Gustavo Petro expira el próximo 7 de agosto. Por ende, el desembarco en la capital busca forzar al Ejecutivo saliente a acelerar la burocracia estatal y blindar normativamente sus conquistas autónomas antes de que el nuevo gobierno asuma el poder.

La anatomía de la demanda: el factor educación

El despliegue terrestre, que inició su recorrido en el sector de Tunía (municipio de Piendamó, Cauca), moviliza a un contingente de entre 400 y 500 manifestantes a bordo de una flotilla de 12 a 23 vehículos, entre camionetas y tradicionales "chivas".

Aunque el volumen demográfico es menor al registrado en la tensa toma de abril pasado, el objetivo de esta Minga se ha sofisticado. Rompiendo el patrón histórico centrado en la restitución de tierras por parte de la Agencia Nacional de Tierras (ANT), el foco exclusivo de los cabildos se trasladó al despacho del ministro de Educación Nacional, Daniel Rojas Medellín.

La delegación exige una mesa de diálogo vinculante bajo tres pilares innegociables:

La frustración de las bases Misak radica en la brecha existente entre la narrativa del "Gobierno del Cambio" —que hizo de la descentralización étnica una bandera discursiva— y la exasperante lentitud de la ejecución técnica de los ministerios.

Del espejismo del poder al choque con 'El Tigre'

El contexto político añade dramatismo al escenario. Las estructuras indígenas sufrieron un duro golpe político el pasado domingo 21 de junio. En la segunda vuelta más estrecha de la historia reciente, Abelardo de la Espriella (Defensores de la Patria) se impuso con 12.959.542 votos (49,66 %) sobre el senador izquierdista Iván Cepeda (Pacto Histórico), quien consolidó 12.708.712 sufragios (48,70 %).

La derrota dolió especialmente en el suroccidente debido a que la fórmula vicepresidencial de Cepeda era Aida Quilcué Vivas, lideresa del pueblo Nasa, exconsejera del CRIC y el cerebro detrás de las históricas mingas de resistencia de 2008 y 2019. El movimiento indígena vio frustrada la oportunidad inédita de ocupar la cúspide del Ejecutivo.

Ahora, el panorama que les espera a partir del 7 de agosto es diametralmente opuesto. De la Espriella cimentó su campaña bajo las premisas de austeridad fiscal, eliminación de trabas burocráticas y una doctrina implacable de orden público frente a los bloqueos de vías. El presidente electo ya envió una advertencia explícita en su discurso de victoria: "Eviten provocar un incendio social, hagan las maletas y prepárense para ejercer la oposición".

El libreto de contención del Palacio de Liévano

Para el alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, y su secretario de Gobierno, Gustavo Quintero Ardila, la llegada de la Minga supuso activar un libreto de contención temprana para evitar el caos urbano que se vivió el pasado 21 de abril, cuando una manifestación similar de los Misak por temas agrarios intentó tomarse por la fuerza la Academia Diplomática de la Cancillería.

En esta ocasión, la respuesta distrital varió significativamente:

  1. Monitoreo desde el origen: Las agencias del Distrito hicieron seguimiento a la caravana de chivas en tiempo real desde que cruzaron el peaje de salida del Cauca.

  2. Cercos de convivencia: Se desplegó un fuerte contingente de Gestores de Diálogo Social, Derechos Humanos y Asuntos Étnicos en los puntos estratégicos de acceso y sedes ministeriales para encapsular la protesta y evitar vías de hecho.

  3. Traslado de la presión política: El secretario Quintero fue enfático al exigir públicamente a los ministerios del Interior y Educación que asuman su competencia y atiendan a la delegación. La consigna de la Alcaldía es clara: Bogotá es un territorio que respeta el diálogo, pero el conflicto es del orden nacional y debe resolverse de inmediato en el Palacio de Nariño para evitar traumatismos en la capital.

El desembarco de los Misak es el primer síntoma de una transición que se anticipa altamente conflictiva. Mientras el gobierno saliente intenta cerrar las cuentas con sus bases en medio de la parálisis administrativa, los movimientos sociales del país se preparan para el repliegue y la resistencia ante un ejecutivo entrante que ha prometido imponer el imperio de la ley sin concesiones políticas.