Lo que en realidad revela la encuesta Atlas–Semana sobre la presidencial de 2026

Por Redacción Acento

Dos candidatos concentran alrededor de dos tercios del voto potencial en los escenarios competitivos, mientras el tercer lugar se mueve en un rango de entre 11

Lo que en realidad revela la encuesta Atlas–Semana sobre la presidencial de 2026

El país arranca la semana con una nueva fotografía estadística de cara a las elecciones presidenciales: 7.298 entrevistas presenciales, cobertura en todas las regiones y un margen de error de ±1 punto porcentual, según la ficha técnica de la medición AtlasIntel–Semana levantada entre el 27 de enero y el 4 de febrero de 2026. No es una foto definitiva, pero sí lo bastante robusta como para marcar el tablero sobre el que se jugará el poder ejecutivo este año.

El dato central es simple: la primera vuelta ya no es una carrera abierta entre muchos, sino un campo en el que dos nombres concentran el grueso de las preferencias, mientras el resto compite por espacios secundarios.

1. Tres escenarios de primera vuelta: dos polos, mucha cola y un bloque indeciso relevante

Atlas plantea tres escenarios principales para primera vuelta. En todos aparece el mismo patrón:

Escenario 1 (listado largo, con más de una decena de aspirantes):

Abelardo de la Espriella y Iván Cepeda se ubican en la franja alta, cerca de tres de cada diez votantes cada uno.

Sergio Fajardo queda claramente atrás, en un solo dígito medio.

El resto de nombres se reparte porcentajes pequeños, ninguno capaz de romper el techo del 5 – 6 %.

El conjunto de “otros”, más voto en blanco, indecisos y quienes declaran que no votarían, reúne alrededor de una quinta parte del electorado.

Escenario 2 (Cepeda, De la Espriella, Fajardo y Paloma Valencia como principales):


Con un margen de error de ±1 punto, la diferencia entre Cepeda y De la Espriella es estadísticamente irrelevante: es un empate técnico.

Dos candidatos concentran alrededor de dos tercios del voto potencial en los escenarios competitivos, mientras el tercer lugar se mueve en un rango de entre 11 % y 15 %, insuficiente por sí solo para amenazar a los punteros, pero decisivo como reserva para una segunda vuelta.

2. La película, no solo la foto: cómo cambian las curvas entre enero y febrero

Las series temporales de Atlas comparan mediciones de enero y febrero. En los tres escenarios de primera vuelta se observa el mismo movimiento:

El electorado no está incorporando actores nuevos, está reordenando sus preferencias dentro de una oferta conocida. Eso reduce el espacio para candidaturas improvisadas de último minuto y eleva el valor de las maquinarias regionales, que se vuelven claves para convertir intención en voto efectivo.

Segunda vuelta: márgenes competitivos y mucha gente sin resolver

Presenta cinco emparejamientos de segunda vuelta, con diferencias explícitamente indicadas en puntos porcentuales:

Dos elementos sobresalen:

  1. Ningún candidato alcanza la barrera del 40 % en votos totales en estos escenarios. Las barras de voto válido para cada uno se mueven en la franja del 30 – 38 %, con un volumen considerable de “no sé” y blanco/nulo/no votaría.

  2. El nivel de “no alineados” en segunda vuelta —quienes no optan por ninguno de los dos nombres— se mantiene en torno a una tercera parte del electorado en varios de los emparejamientos.

Esto sugiere un escenario en el que la gobernabilidad no estará garantizada por la magnitud de la victoria, sino por la habilidad de construir coaliciones después de la elección.

Además de la presidencial, el estudio incluye:

Y también una medición de intención de voto al Senado, con distribución por coaliciones y partidos, acompañada de cruces demográficos y por voto pasado.

Para quienes siguen el sistema político más allá de la carrera presidencial, esto deja tres ideas clave:

Las cifras de las consultas deben leerse con mayor cautela —por tamaño de submuestra y márgenes de error—, pero sirven para identificar quién ordena cada bloque ideológico y qué figuras tienen capacidad de arrastre interno.

El módulo de Senado es relevante para anticipar la arquitectura de gobernabilidad: una presidencia fuerte con un Congreso fragmentado tendrá incentivos y restricciones muy distintos a un resultado más alineado.

La combinación de presidencial, consultas y Senado en una misma medición permite seguir coherencias y contradicciones del votante: hay electores que eligen una cabeza presidencial de un bloque y, al mismo tiempo, se mueven hacia listas legislativas distintas.

La competencia real está entre dos candidaturas, con un tercer actor que suma pero no lidera. El resto del tablero se juega en términos de negociación, no de aspiración presidencial autónoma.

El bloque de indecisos, blancos y nulos es la principal fuente de volatilidad. Su tamaño obliga a cualquier proyección seria a considerar escenarios alternativos de participación.

Las ventajas en segunda vuelta son significativas, pero no definitivas. Los márgenes de 7–10 puntos descansan sobre segmentos grandes de electores que aún no se pronuncian por ninguno.

La combinación de presidencial, consultas y Senado sugiere que el país se encamina a un ciclo de poder compartido, donde la clave no será solo quién gane la Casa de Nariño, sino cómo se configure el mapa de fuerzas en el Congreso.

En otras palabras: la encuesta Atlas–Semana no resuelve la incertidumbre de 2026, pero sí acota el rango de lo posible.