Paloma Valencia obtiene 41,6 % en su consulta —más de triple ventaja sobre su competidor más cercano— y marca 10 % en intención de voto presidencial, según Inva
La encuesta Invamer de febrero de 2026 confirma una realidad que ya se venía insinuando en mediciones anteriores: Paloma Valencia tiene reconocimiento nacional, identidad ideológica clara y un electorado fiel, pero aún no logra romper el techo que le permitiría disputar el liderazgo general de la contienda.
El estudio fue realizado entre el 11 y el 22 de febrero de 2026, con una muestra de 3.800 encuestas en 147 municipios del país, bajo muestreo probabilístico por etapas y margen de error de 1,93 % . No es una medición ligera. Es una fotografía robusta del momento político.
Su lugar en la consulta
En el bloque de consultas interpartidistas, la encuesta plantea un escenario donde se asume que los ganadores serían Paloma Valencia, Roy Barreras y Claudia López, y luego mide intención de voto en primera vuelta con esos nombres .
Ese diseño revela dos cosas:
Invamer la considera la figura competitiva dentro del bloque de derecha.
Su nombre es parte estructural del escenario presidencial, no marginal.
Sin embargo, cuando se observa la intención de voto abierta para primera vuelta, el liderazgo está en otro lugar. El candidato del oficialismo encabeza con una ventaja amplia. Paloma aparece en el bloque opositor, pero lejos del primer lugar nacional.
El dato es consistente con mediciones anteriores: ella no ha sufrido un desplome, pero tampoco ha tenido un crecimiento disruptivo.
Imagen e identidad: fortaleza y límite
La encuesta también indaga por reconocimiento e imagen favorable o desfavorable de figuras públicas.
En las últimas mediciones, Paloma Valencia ha mantenido:
Alto nivel de conocimiento.
Opiniones intensas (favorables y desfavorables).
Identificación clara con la derecha.
Eso es una ventaja estratégica: no compite por definición ideológica. El electorado sabe qué representa.
Pero también es su límite: su imagen no es transversal. Tiene núcleo sólido, pero dificultad para atraer votantes de centro o independientes.
En un país polarizado, eso puede alcanzar para consolidar una base. No necesariamente para ganar.
Comparación con mediciones anteriores
Frente a mediciones previas:
No hay salto significativo en intención de voto.
No hay caída abrupta.
Se mantiene estable dentro del bloque opositor.
Esa estabilidad es ambivalente. Significa que su electorado es leal, pero también que no está ampliando frontera.
Mientras tanto, el oficialismo ha logrado capitalizar coyunturas recientes —como el aumento del salario mínimo y la mejora en la relación con Estados Unidos— que han impactado positivamente la aprobación presidencial. Ese entorno favorece al candidato alineado con el gobierno y estrecha el margen de crecimiento para figuras de oposición.
Segunda vuelta: el verdadero terreno
Donde Paloma puede tener margen es en escenarios de segunda vuelta.
La encuesta formula distintos cruces hipotéticos. Allí se pone a prueba la capacidad de sumar más allá de su base ideológica.
Históricamente, su reto ha sido este:
Consolida voto duro.
Necesita captar voto anti-gobierno no necesariamente uribista.
Requiere atraer electores que hoy están en la órbita de figuras de centro.
Ese es el punto crítico: ¿puede convertirse en candidata de mayoría o seguirá siendo candidata de identidad?
El factor Petro
El crecimiento en aprobación del presidente cambia el tablero.
Si la narrativa económica y la estabilidad internacional continúan favoreciendo al Gobierno, el espacio para una candidatura de oposición frontal se reduce.
Paloma Valencia representa oposición nítida. En un escenario de desaprobación alta del Gobierno, eso es ventaja. En un escenario donde la aprobación ronda el 49 %, el país se vuelve más competitivo y el electorado menos reactivo.
La encuesta deja tres conclusiones sobre Paloma: Si bien no muestra, por ahora, crecimiento exponencial, es la figura más visible del bloque de derecha. Tiene piso electoral sólido.