Aunque Abelardo De La Espriella ganó la presidencia con un discurso de ruptura radical y la promesa de no pactar contraprestaciones burocráticas, se enfrentará
BOGOTÁ — La contundente victoria en las urnas del presidente electo Abelardo De La Espriella contrasta agudamente con la realidad aritmética que le espera en el Capitolio Nacional a partir del próximo 20 de julio. Las elecciones parlamentarias entregaron un Congreso profundamente fragmentado, dibujando un escenario de "mandato dividido" donde ninguna fuerza política ostenta mayorías absolutas.
Durante su primer discurso desde Barranquilla, el nuevo mandatario notificó al Legislativo que su administración actuará con independencia y buscará acuerdos "sin pactar contraprestación burocrática". Sin embargo, a diferencia de administraciones pasadas, el nuevo gobierno asume el poder con una vulnerabilidad evidente: las fuerzas puras de derecha que lo respaldaron no suman, por sí solas, los votos necesarios para controlar las comisiones constitucionales ni económicas.
El Centro Democrático y su ambiciosa agenda oficialista
Ante el peso de la izquierda parlamentaria, la conformación del bloque de gobierno comenzó a materializarse apenas horas después de conocerse el preconteo. El Centro Democrático dio el primer paso en el marco de la ley de oposición, declarándose formalmente como partido de gobierno.
El senador Enrique Cabrales confirmó la postura de la colectividad señalando que "el presidente electo Abelardo de la Espriella y el vicepresidente electo José Manuel Restrepo cuentan con una sólida bancada. Nos declaramos partido de gobierno para defender la seguridad, la libertad, el empleo y las instituciones".
Esta alianza, que aportará 17 senadores y 24 representantes, funcionará como la columna vertebral del nuevo gobierno, con figuras como Daniel Briceño, José Jaime Uscátegui y Andrés Forero como principales escuderos. A cambio, el uribismo ha puesto sobre la mesa una robusta agenda legislativa que esperan trabajar conjuntamente:
Justicia y Seguridad: Reformar la JEP para otorgar seguridad jurídica a la Fuerza Pública y evitar la impunidad.
Economía y Tributaria: Bajar el costo del impuesto predial (soportando los avalúos en la productividad) y superar la crisis del sector minero-energético.
Pensiones: Una reforma que garantice el ahorro desde el nacimiento con aportes del Estado y manejo de reservas por parte de privados.
Desarrollo y Empleo: Mejorar el acceso a crédito para pequeños negocios e informales, y enfocar la educación en ciclos cortos para el emprendimiento.
La matemática del Congreso y los operadores políticos
Para que el gobierno logre la aprobación del Plan Nacional de Desarrollo y sus leyes ordinarias, requiere estructurar una coalición de al menos 52 votos en el Senado (de 103 escaños) y 92 en la Cámara de Representantes (de 183 escaños).
La sumatoria inicial del bloque oficialista le otorga al presidente un punto de partida de base estrecha. A las curules del Centro Democrático se suman el Partido Conservador (10 senadores) y Cambio Radical (7 senadores). Esta coalición se complementa con los 4 senadores del movimiento Salvación Nacional, el partido cristiano MIRA y un sector de la Alianza Verde encabezado por el senador Jota Pe Hernández.
Para engrosar estos números, la campaña ha desplegado a su principal estratega: Mauricio Gómez Amín, jefe de debate de De La Espriella, quien asumió la tarea de consolidar las mayorías parlamentarias bajo la estricta directriz de no ceder a las maniobras de la vieja política.
El muro de la izquierda
Al otro lado del hemiciclo, el nuevo gobierno enfrentará a una oposición robusta y cohesionada. A pesar de la derrota en la contienda por el Ejecutivo, la izquierda preservó su influencia legislativa consolidando al Pacto Histórico como la primera minoría en ambas cámaras, con 25 senadores y 36 representantes.
A esta bancada se sumarán los escaños del Estatuto de la Oposición (encabezados por Iván Cepeda en el Senado y Aida Quilcué en la Cámara) y, previsiblemente, las 16 curules de Paz (CITREP), configurando un bloque opositor base que rondará los 60 votos en la Cámara Baja, listo para ejercer un duro control político.
El "Bloque Bisagra" y las presidencias legislativas
Con la derecha alineada y la izquierda en firme oposición, el éxito de las reformas estructurales del gobierno dependerá de manera definitiva del Partido Liberal (13 senadores, 25 representantes) y del Partido de La U (9 senadores, 11 representantes).
La relación con el liberalismo es compleja, dado que el mandatario electo rechazó públicamente su adhesión institucional en la segunda vuelta. No obstante, Gómez Amín —quien militó en esa colectividad hasta abril pasado— es la ficha clave para acercar a los congresistas rojos, a pesar de las líneas rojas trazadas por su director, César Gaviria Trujillo.
Por su parte, el Partido de La U ya muestra señales de alineación estratégica. Fuentes legislativas indican que el senador Alfredo De Luque contaría con el aval de De La Espriella para asumir la presidencia del Senado en esta legislatura inaugural, lo que le otorgaría el honor de imponerle la banda presidencial el próximo 7 de agosto.
De concretarse la suma de estas bancadas de centro, el nuevo presidente aseguraría al menos un 60% de favorabilidad en el Congreso; un margen sin "aplanadora", pero suficiente para darle viabilidad a su plan de la "Patria Milagro".